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Los reclamos populares en tiempos de pandemia

¿RESTRICCIONES O VOLVER A LAS CALLES?

Las medidas sanitarias para la prevención del coronavirus produjeron un cambio en el modo de expresión de los dos extremos de «la grieta».
IRINA SANTESTEBAN
La derecha, perdidosa en las elecciones, ganó las calles. Motivos diversos: el rechazo a la correcta medida de aislamiento y la negación de la pandemia; la defensa de la empresa Vicentin ante el anuncio (hoy descartado por el gobierno) de su expropiación; el repudio a una reestructuración judicial que muy lejos está de ser una verdadera reforma; el insólito apoyo a tres jueces trasladados de sus puestos de origen sin acuerdo del Senado, etc. Con estos motivos la derecha llamó a varias concentraciones callejeras en la ciudad de Buenos Aires y también en el interior. Todas atravesadas por el latiguillo que agita Juntos por el Cambio incluso desde que eran gobierno: impedir la supuesta «impunidad» de la ex presidenta Cristina Fernández.

Asonada policial.
Hasta la policía y las fuerzas de seguridad de la provincia de Buenos Aires se animaron a salir a las calles, a reclamar con sus armas y móviles policiales (que nos les pertenecen) mejores condiciones salariales y de trabajo. Llegaron a rodear la residencia del gobernador Axel Kiciloff y la quinta presidencial de Olivos. Lejos de ser reprimidos por intento de sedición, se les ofreció una negociación, que rechazaron. Y cuando diversos sectores sociales y políticos se preparaban para marchar hacia Olivos para expresarle apoyo a Alberto Fernández, éste la impidió. Un periodista amigo, Horacio Verbitsky, dijo que tal marcha hubiera sido «una provocación».
La asonada policial terminó sin ninguna sanción, ni siquiera para los jefes policiales que permitieron casi tres días de zozobra de un intento destituyente. Tanto AF como AK relativizaron aquel levantamiento policial, como un simple reclamo sectorial. No lo fue. Por el contrario, estuvo promovido y fogoneado por la derecha política y mediática; y fue un antecedente muy peligroso para la democracia.

Sin movilización.
A pesar de los negativos efectos para las clases populares, de la emergencia sanitaria y económica, las organizaciones obreras y sociales no están movilizando a sus bases. El motivo sería acatar las medidas de resguardo que la pandemia está aconsejando. ¿Es correcta esa estrategia?
«En los estudios políticos, se repite que el poder es análogo a un espacio gaseoso. No existe el vacío. Lo que un actor colectivo cede es ocupado inmediatamente por otro», dice Jorge Elbaum en «El final de la tregua» en El Cohete a la Luna del domingo 04/10.
A pesar de la pérdida de empleos, calculados en unos 400.000 según el metrodelegado Beto Pianelli; de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y de los diversos planes y ayudas sociales que el gobierno paga para paliar los efectos de la pandemia, la dirigencia sindical y social no está reclamando en las calles ni mediante otras acciones, que se atiendan los pedidos de sus bases. Pareciera que los policías les ganaron de mano, y no les fue mal, consiguieron casi todo lo que exigían.

Reunión tripartita.
En lugar de eso, los popes sindicales y sociales asistieron a una reunión con el jefe de Gabinete, los ministros de Economía y Trabajo y otros funcionarios, en una suerte de «Pacto Social Tripartito».
De éstos, asistieron los titulares de Adeba y ABA (bancos), la UIA (industriales), la Cámara de la Construcción y del Consejo Agroindustrial.
Paradojalmente, la reunión se llevó a cabo en el Salón de las Mujeres, pero de la treintena de dirigentes presentes, sólo hubo tres: la vicejefa de gabinete, Cecilia Todesca; la directora de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont y la vicepresidenta de la UIA, Carolina Castro. La representación sindical estuvo a cargo de Héctor Daer de la CGT; Hugo Yasky, Edgardo Llano, Daniel Catalano y Roberto Baradel, de la CTA y Esteban Castro, de CTEP (trabajadores de la Economía Popular).
Dato negativo: mientras se desarrollaba aquel encuentro, el presidente se reunía en Olivos con el CEO de Molinos, Luis Pérez Companc.

No dan respiro.
Los empresarios se quejaron de los «costos enormes» que están teniendo por la pandemia. Como si los aumentos en los precios, la rebaja en retenciones y el pago de la mitad de los sueldos del personal, no hubieran sido beneficios enormes que perciben del Estado, incluidas las empresas grandes, de buenas espaldas para soportar la crisis.
Daer reivindicó las paritarias, pero éstas existen para los trabajadores formales, muchos de los cuales no han podido recuperar la pérdida del poder adquisitivo de los salarios del cuatrienio macrista. El sector informal, el más perjudicado en esta crisis, no tiene paritarias y representa casi el 40 por ciento de la fuerza laboral.

Salir a la calle.
Mal que les pese a los que se niegan, no queda otra que salir a la calle para la pulseada con los sectores concentrados de la economía. Éstos en esa reunión fueron mayoría, en detrimento de las pequeñas y medianas empresas, ésas que dice AF querer atender y que son las que ocupan la mayor parte de la mano de obra.
No alcanza con reuniones virtuales, ni siquiera con caravanas; el lugar por excelencia de los movimientos populares ha sido y es la calle. Argentina tiene una fuerte tradición de luchas obreras y sociales, muchas de las cuales lograron torcer el rumbo de políticas reaccionarias y conquistar derechos sociales y políticos. Las políticas de Verdad, Memoria y Justicia, lograron plasmarse en juicios a los genocidas gracias a la movilización y la tenacidad de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.
La realidad es sumamente contradictoria, pues por un lado los especialistas están reclamando una vuelta al aislamiento estricto, por sectores, para reducir las alarmantes cifras de contagios y muertes por Covid19.
Pero por el otro, la situación social se agrava día tras día, con los constantes aumentos en los alimentos, la falta de trabajo y vivienda. Las ocupaciones de tierras son la forma que han encontrado miles de familias a quienes la crisis y el alto costo de los alquileres obligan a vivir bajo un plástico o unas chapas.
Entonces, ¿cómo se resuelve la contradicción entre las restricciones para combatir el virus y la necesidad de visibilizar los reclamos? ¿Cómo se gana el espacio público que hoy está ocupado por la derecha?
«El movimiento se demuestra andando», dijo el filósofo griego Diógenes, y se puso a caminar para refutar a Zenón de Elea, quien sostenía que el movimiento no existía y las sensaciones del mundo eran pura ilusión.
Sin irnos tan lejos, con tan rica historia de luchas de nuestro país, la calle es la manera de dirimir esa disputa con quienes ostentan los recursos económicos y no están dispuestos a ceder un centavo. Con cuidado, barbijos y distanciamiento, pero con firmeza, bandera y bombo.