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Los ricos no piden permiso

El grupo empresario más poderoso, propiedad del hombre más rico del país, decidió despedir de un plumazo a 1.450 trabajadores. Así, hizo realidad de la forma más brutal lo que dice el refrán popular: «el que tiene plata hace lo que quiere».
Lo que cobra el conjunto de esos asalariados debe significar en la fortuna de Paolo Rocca y el capital de Techint -una multinacional que tiene su sede en la guarida fiscal del reino de Luxemburgo- menos de un minuto de viáticos de sus ejecutivos. Tomar esta decisión en plena expansión del coronavirus por todo el territorio nacional, es tanto una muestra de poder como una señal al gobierno. En los últimos días viene mencionándose en los grandes medios porteños -que operan como voceros nada desinteresados- el desagrado del «círculo rojo» con las medidas sanitarias decididas por la Casa Rosada, en particular con la cuarentena. Todos saben que los grandes hombres de negocios siempre piensan antes en la economía que en las personas. Para ellos es mucho más «racional» lo que hace Trump en EEUU, Bolsonaro en Brasil o Piñera en Chile, y maldicen que en Argentina haya regresado el «populismo» que en nombre de la salud de la población se «olvida» de lo más importante para ellos: la economía.
Un periodista recordó por estas horas todo lo que Techint le debe al Estado argentino. Desde el pago de su deuda privada al finalizar la última dictadura, hasta la venta a precio de remate de Somisa, pasando por los jugosísimos contratos para obra pública, los subsidios de los regímenes de promoción industrial, los sobreprecios de la Ley de Compre Nacional, la licuación de pasivos mediante la regulación de la tasa de interés, el acceso a privatizaciones con papeles de deuda híperdevaluados… Por nuestra parte agregamos: la «ayuda» para negociar en mejores condiciones la estatización de una gran planta fabril de Venezuela. Han sido tantos y tan generosos los aportes de recursos públicos y de protección estatal que recibió Techint que, afirma el periodista citado, la empresa debería formar parte del «patrimonio de todos los argentinos».
Pero esta muestra de insensibilidad supina no puede ser considerada capital exclusivo de Techint. Muchos empresarios, si tuvieran la espalda de Paolo Rocca no dudarían en hacer lo mismo, porque está en la naturaleza del sistema en el que vivimos -y más todavía en su despiadada versión neoliberal- la lógica de la acumulación de capital a cualquier precio; y las personas, para las grandes corporaciones económicas, son menos importantes que sus ganancias. Ahí están Italia y España para demostrarlo. Los gobiernos de ambos países acaban de prohibir por decreto los despidos de trabajadores porque habían alcanzado niveles alarmantes con la pandemia. En Estados Unidos no hacen faltan medidas de ese tipo porque allá más de la mitad de los asalariados no cuentan con protección por enfermedad; es decir, si no acuden a trabajar porque están enfermos, no cobran la jornada.
Bien podría decirse entonces que la única virtud de la epidemia de coronavirus, es hacer visible de manera flagrante lo que hasta ahora muchos se negaban a ver.