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Los ríos secos y una asignatura pendiente

I. La localidad de La Humada está en el sector más árido de la provincia; en sus inmediaciones se ubica la isohieta de 250 milímetros, un detalle irrebatible para calificar a esa región como «desierto». De allí que la reciente lluvia de 100 milímetros en apenas una hora -que equivale aproximadamente a la mitad del promedio de todo un año- haya causado asombro como noticia insólita, más aún al caer sobre una zona de fuertes pendiente como lo es la Meseta Basáltica del oeste de nuestra provincia. Recalcamos que se trata de una región de escasos recursos, al menos en lo que concierne a la presencia del agua, por lo que cualquier intento por preservarlos sería bienvenido.
Este acontecimiento trajo a la memoria un hecho sucedido hace varios años cuando algunos técnicos de reparticiones provinciales advirtieron que en el llamado «Martillo de La Escondida», en el extremo oeste de La Pampa, hay varios grandes ríos secos que, discurriendo por la fuerte pendiente hacia el este, van a dar en cañadones sobre el Arroyo de la Barda, el cual opera como nivel de base cuando suceden las grandes precipitaciones y el agua escurre por esos cauces. Valga como referencia el hecho de que uno de esos cauces era nominado por los antiguos como Buta Co, palabras que significan «agua grande» en una clara alusión a la significativa capacidad de trasporte de agua.

II. Un geólogo que estuvo abocado al levantamiento cartográfico de una hoja de su especialidad en la zona pudo presenciar una de esas grandes y ocasionales tormentas, y nos dejó una narración del fenómeno. Acampado junto a uno de esos grandes ríos secos que obran como colectores de las aguas precipitadas, describió un escurrimiento de más de quince horas sobre un lecho cercano a los 100 metros de ancho y con una profundidad de unos dos metros, estimada tomando como referencia un palenque enterrado en el cauce. Es de imaginar, o calcular, siquiera en forma aproximada, el enorme volumen de agua escurrida en ese lapso, que en casi su totalidad se derrama sin ser utilizada ya que no existen aprovechamientos salvo las ocasionales lagunas de donde abreva el ganado.
Aquellos incipientes estudios locales, nunca continuados, sugerían la posibilidad de proyectar algún tipo de aprovechamiento siguiendo el ejemplo de los conocidos en el Cercano y Medio Oriente. En aquellas regiones se aprovechan las estructuras conductoras del agua (también son regiones con baja precipitación pluvial) para trasladar caudales a depósitos artificiales o naturales los cuales obran como reserva para épocas de escasez o necesidad funcionando como oasis. Cabe señalar que algunos estos sistemas hidráulicos se remontan al pasado y tienen centenares, incluso miles, de años de antigüedad.

III. No debe interpretarse que estas líneas postulan una copia literal de aquellos aprovechamientos; lo que se desea señalar es que acaso se justifique llevar a cabo algunos estudios elementales al respecto, como por ejemplo: frecuencia de las lluvias, capacidad y forma de las posibles conducciones, eventuales depósitos… Es decir, establecer un acercamiento primario a una relación costo-beneficio de una obra que podría contribuir a mejorar la producción ganadera en el área. En principio no pareciera que las inversiones requeridas para la obtención de esos datos fueran excesivas.
Para completar este acercamiento al tema conviene tener presente que, décadas atrás, el Estado provincial puso en marcha un sistema de aprovechamiento de los manantiales de la Meseta Basáltica, una iniciativa que hubiera producido cambios radicales en lo económico y social de la región con la creación de mini-oasis. Aquel intento que llegó a tener incluso repercusión nacional por sus características, fue abandonado por el último gobierno militar sin que hasta hoy se sepa por qué.