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Los voceros del capitalismo trucho

LA SEMANA PAMPEANA

I – En estos días el presidente de la CPE reveló que la inauguración del servicio de TV cable en Catriló se demora por una «interpretación» de la autoridad de aplicación que pone en duda la habilitación que la entidad tiene para prestar ese servicio. El caso sirve para ilustrar las históricas dificultades que el movimiento cooperativo pampeano ha tenido y sigue teniendo para prestar el servicio de televisión pese a que es, claramente, el actor natural para ejercer en nombre de los vecinos la «autoprestación» de ese servicio. Esas dificultades son, sin dudas, el resultado de un poderoso lobby que intenta impedir y poner palos en las ruedas a las empresas que los propios usuarios han creado para defenderse de la voracidad de quienes medran en esa prohibición.

II – En La Pampa, esa prohibición a las cooperativas permitió el surgimiento de empresas privadas de lucro que aprovecharon la oportunidad y las suplantaron. Pero, curiosamente, la mayor de las inversiones que esas empresas debían hacer para prestar el servicio de TV cable lo representaban las columnas que debían sostener el cableado. Esa inversión es varias veces superior a los equipos que demandaba la prestación del servicio que se limitaba a retrasmitir vía satélite señales generadas en otros puntos. Si el capitalismo hubiera funcionado aquí como en teoría funciona, el dueño de esa infraestructura hubiera sido el socio mayoritario de esas empresas de cable pues aportaría el mayor capital para hacer posible la actividad.

III – Pero el capitalismo trucho que suele imperar en estos lares, que reparte diferimientos impositivos millonarios en dólares a los hijos del poder, tuvo aquí un gobernador que ideó la forma de lograr que las empresas de cables privadas usaran las columnas de las cooperativas sin pagar por ellas ni asociar a la entidad en la proporción del capital que esas columnas significaban en la infraestructura total necesaria para prestar el servicio. La confiscación (un término que repugna al empresariado pero que aquí fue aplaudido por ellos) de las columnas y su entrega en uso gratuito o casi a las cableras permitió durante años que esas empresas considerara que se trataba de un derecho adquirido. Hasta que un cambio político puso las cosas en su lugar y planteó la ley que devuelve a las cooperativas la potestad sobre el uso de las columnas como una infraestructura propia.

IV – En el debate legislativo se escuchó la voz del lobby de las cableras en boca de diputados opositores. Es el mismo discurso que convenció al intendente de Santa Rosa cuando Clarín le impuso la ordenanza de uso del espacio público para implantar las antenas del servicio de celulares que va a prestar en la ciudad mientras la cooperativa santarroseña sigue bloqueada por decisiones políticas. Las cableras lugareñas y sus amigos de Clarín tienen mucho en común. Ambas saben que pueden meterse en la prestación de esos servicios porque una decisión política inconstitucional les impide a las cooperativas, o sea, a los vecinos, prestarse ese servicio a través de las entidades solidarias de la provincia. Ambas también quieren que, a la par que vetan a los vecinos para que se autopresten ese servicio, esos vecinos les paguen la inversión en infraestructura de antenas y cables, a través del espacio público o de las columnas. Es tan irracional ese planteo, y tan alejado de la libre competencia que ellos en sus coloquios de Idea y otros foros empresarios pregonan, como plantear una empresa de servicios de estacionamiento urbano de vehículos en la vía pública a través de una ordenanza o una ley que les ceda en uso gratuito las calles de la ciudad para cobrar luego el servicio a los automovilistas.

V – La conformación de Cambiemos en La Pampa dejó en la semana material para el análisis político. La firma que los representantes del Partido del Frente, el movimiento que fundara Pablo Fernández, estamparan en ese documento obliga a pensar en el viraje ideológico de una fuerza que nació como una reacción al neoliberalismo menemista y sus aliados locales. Hoy, sin dudas, el lugar de esa fuerza sería en la vereda de enfrente del neoliberalismo del Pro y sus aliados radicales como lo entendió el socialismo que saltó de ese barco y armó una alternativa propia. ¿Cuántos de los afiliados y votantes del Fregen (el Frente que conformó el progresismo hace un cuarto de siglo) acompañan hoy esta aventura neoliberal de quienes se quedaron con el sello y los cargos a él asociados? La respuesta correcta sea, posiblemente, muy pocos.

VI – Pero no es la única sorpresa que deparó la lectura del acta constitutiva de Cambiemos en La Pampa. La otra es que el partido que pone el mayor capital político y la mayor territorialidad, la UCR, deja el poder de decisión en esa alianza a sus socios menores del Pro. La mesa directiva, integrada por dos miembros radicales y dos del Pro, le da la presidencia a éstos últimos y un doble voto para desempatar. Curiosa forma de construir política cediendo espacios de poder ganados a fuerza de tener más afiliados y más actividad partidaria. (LVS)