Los cambios en la población humana y sus interrogantes

Dos fenómenos se dan en la población humana mundial: aumento de duración de la vida y disminución de los nacimientos. Y se habla de revolución reproductiva.
Lo que generalmente acapara la atención es el crecimiento de la población mundial. Al comenzar este año ha sido estimada en 7.337 millones de personas. La proyección anticipa que la cantidad de humanos en el año 2.100, concluido este siglo, será de más de 15 mil millones. La relación numérica de los sexos sigue dando una ligera primacía al varón: 50,4 por ciento contra 49,6%. Considerado por naciones y zonas, la relación varía.
La población argentina estimada al comenzar este año es de 42.570.000 habitantes, y la proyección al 2.100 da poco más de 80 millones.
El fenómeno más visible, porque el cambio ha sido veloz desde mediados del siglo XX, es el “envejecimiento” de la población, o sea el incremento incesante y también veloz de la duración de la vida.
En general, se mira con preocupación estos cambios. Se dice que “la población envejece” porque se altera la relación anterior entre los más jóvenes y los más viejos. Se habla de algunos efectos visibles de estos cambios, tales como el impacto que tienen en materia de jubilaciones (financiación de esos haberes) y también su efecto sobre la familia, una institución considerada durante muchos siglos como la base de la estabilidad social.
Los efectos sociales del envejecimiento (que debería ser denominado por su lado positivo: aumento de la duración individual de la vida) son principalmente mirados por su lado problemático por parte de la opinión general. Asimismo, preocupa el aumento de la población por temor de que acelere el agotamiento de los recursos naturales.

Causas
La ciencia trata de ensayar una mirada más abarcadora. Primero, entender; es la consigna. Y, para ello, hay que conocer la historia y la multiplicidad de los factores a tener en cuenta.
En lugar de hablar de envejecimiento de la población, se prefiere hablar del aumento constante de la duración de la vida. Hace pocos siglos no iba mucho más allá de los treinta años, ahora el promedio va llegando a los ochenta.
La causa de este aumento no es otro que una mejora en las condiciones que favorecen la vida: mejor alimentación, mayor cuidado de la higiene, mejora sanitaria. Cada vez disminuye el número de muertes en el parto y asimismo baja la mortalidad infantil, la juvenil y la del comienzo de la madurez. Baja la natalidad y aumenta la población anciana, sobre todo en los países desarrollados. Las estructuras sociales largamente establecidas sufren tensiones crecientes y se alteran a ojos vistas. Una misma generación toma cuenta de los cambios, porque se han acelerado. De hecho, algunas estructuras van estallando visiblemente. Ahora vivimos una etapa de transición.

Revolución
En la gerontología (estudio o tratado de la vejez) se habla de una revolución. Se le llama “revolución reproductiva”, que incluye una disminución de la fecundidad. La mujer va recuperando tiempo propio y eso genera el acrecentamiento de una demanda de igualdad, que se traduce en mayor presencia femenina en los quehaceres sociales (los no hogareños), en la quiebra de la sociedad patriarcal y en el debilitamiento de prohibiciones sexuales (pues ahora no se ve la necesidad de preservar la capacidad reproductiva en la medida que rigió hasta hace no más de dos generaciones). El sexo deja de estar orientado a la reproducción y esto se traduce en disminución de los matrimonios formales y aumento de las uniones voluntarias, de duración variable.
La quiebra de la sociedad patriarcal con el varón dominando la escena social y política y la mujer consagrada en gran parte de su tiempo a engendrar y criar, ha generado un problema existencial al varón y a la mujer, pues no es fácil pasar de un tipo de relación a otro: hay un cambio de papeles que no pocos consideraron “naturales e invariables”. Y hasta sagrados. Los efectos de este cambio son complejos y se hacen de difícil apreciación cuantitativa porque la privacidad se ha alterado y lo que antes se ocultaba, ahora se muestra.
Lo que dice esta ciencia es que al aumentar la supervivencia y la longevidad, disminuye el “trabajo reproductivo”. La revolución reproductiva debe ser leída como eficiente, pues se reduce la reproducción porque aumenta la duración de la vida. En la medida en que aumenta la duración, disminuye el papel de la fecundidad: ésta tiende a acompasarse con la expectativa de vida.
Vale decir que al hablar de reproducción se menciona el balance entre nacimientos y muertes. Se estima que el nivel de reemplazo puede llegar a ser menor al promedio de 2,1 hijos por mujer.
Jotavé