Los campesinos pobres y minifundistas también existen y no acuerdan con el lock out

Para Clarín, La Nación, América TV y los grandes medios, el campo abarca desde la Sociedad Rural hasta la Federación Agraria, pasando por Expoagro. Pero los campesinos pobres también existen y están en contra del lock out.
EMILIO MARIN
Aunque aquellos medios de comunicación insistan en presentar unido a un solo campo, éste se divide en muchas clases y capas. No hay un campo sino varios. Y si algunas de sus expresiones se unen, siendo contradictorias, como la oligarquía de la Sociedad Rural con los chacareros de la Federación Agraria, no es menos cierto que otros segmentos rechazan ese contubernio. Así lo han manifestado organizaciones que representan al campesinado pobre, minifundistas, agricultores familiares y de pueblos originarios.
El 17 de abril último se conmemoró el día de lucha de los campesinos, fijado en recuerdo de los masacrados en 1996 en El Dorado do Carajas, Brasil. Y como parte de esa movilización, en nuestro país se fundó el Frente Nacional Campesino con el 1º Encuentro realizado en la sede de las Madres de Plaza de Mayo. Dieron el puntapié inicial del FNC el Mocafor (Movimiento Campesino Formoseño), Mocase (Movimiento Campesino Santiagueño), Mocaju (Movimiento Campesino Jujeño), MAM (Movimiento Agrario Misionero), Mesa de Agricultura Familiar de Buenos Aires, Mesa Provincial de Organizaciones de productores Familiares-Francisco Alvarez, Asociación Civil Los Cirujas, Onpia (Organización de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina), Asociación de Familias Productoras de la Cuenca Río Luján, Familias Productoras de Cañuelas, Cooperativa A.P.F. Florencio Varela, Cedepo. Florencio Varela, Mesa Provincial Zona Sur Madre Tierra-Tres Arroyos, Fecoagro San Juan, Coopafes Mendoza, Asociación Civil Amauta, Villa Sarmiento, Parque Pereyra-Grupo San Juan, Puente Verde, Asociación de Técnicos del A.M.B.A., Tupac Katari, Jujuy, Ecosur, M.C.L (Movimiento Campesino de Liberación), Icecoop, Facta, Cooperativa Quilmes Cauqueva y Asociación de Técnicos de La Pampa.
El 23 de mayo van a realizar su II Encuentro Nacional y han asegurado que concurrirán más campesinos humildes deseosos de participar para que las demandas del sector tengan más fuerza.
En el comunicado del 17 de abril expresaron: “no nos sentimos actualmente representados por las diversas organizaciones del sector que hasta el momento se han expresado en los cortes de ruta y han producido el desabastecimiento de nuestro pueblo”. Era una tajante diferenciación con lo actuado por la FAA y sus aliados de la “Comisión de Enlace” (Sociedad Rural, CRA y Coninagro).
Esos pequeños productores se pronunciaron a favor de la soberanía alimentaria, reclamaron una reforma agraria integral, repudiaron el modelo sojero exportador, pidieron el fin de los desalojos implementados por los sojeros con el concurso de la justicia, la policía y sus guardias privados armados, etc.
Quienes así opinaron son parte de un movimiento internacional, Vía Campesina, que entre sus afiliados más conocidos tiene al Movimiento Sin Tierra de Brasil.

La lumpenización.
En el campo argentino se vivió en las últimas décadas una concentración de la propiedad de la tierra, que al mismo tiempo tuvo mucho de extranjerizador pues decenas de miles de hectáreas, incluso centenares de miles, fueron acaparadas por Cresud (en parte de George Soros), Douglas Tompkins y otras sociedades anónimas. Eso matizó la propiedad latifundistas antes totalmente copada por la oligarquía nativa: los Braun Menéndez, Menéndez Behety, Martínez de Hoz, Fortabat, Blaquier, etc.
Semejante compactación fue registrada por el Censo Nacional Agropecuario de 2002, según el cual entre 1988 y 2002 desaparecieron 103.400 productores, principalmente en establecimientos de menos de 500 hectáreas.
A su vez en la década del ’90, con Carlos Menem como presidente y Felipe Solá como secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, comenzó a ampliarse el área dedicada a la soja transgénica. Ese auge llevó a la cosecha de 2007 hasta las 48 millones de toneladas y provocó el desplazamiento de otros cultivos y rubros. También hizo sobresalir a actores que ya estaban presentes, desde los proveedores de semillas y agroquímicos como Cargill y Monsanto, hasta los pooles de siembra y grandes exportadores como Los Grobo y Aceitera General Deheza, respectivamente.
La soja (no las retenciones como quieren hacer creer los falaces dirigentes del lock out) fue minimizando a la ganadería, la producción láctea, el maíz y el trigo, y la horticultura. El corrimiento de la frontera agropecuaria, bien para ampliar la cosecha del poroto, o bien para desplazar ganado u otros cultivos, llevó a talar bosques, ocupar tierras de las familias campesinas más débiles, etc.
Hay que anotar otra perversa conclusión del proceso sojero: muchos propietarios pequeños y medianos, sobrevivientes de aquél, se lumpenizaron. En vez de seguir con sus tambos, o rodeos, u otros granos, alquilaron sus campos de 100 o 150 hectáreas a los pooles de siembra, que los destinaron a la soja, pagando a aquéllos una renta de 20 o 25.000 pesos mensuales. Esa lumpenización de los chacareros es lo que explica que muchos de éstos, afiliados o no a la Federación Agraria o novísimos “Autoconvocados”, se sumaran activamente al lock out. Es mentira que estos pequeños propietarios sean todos “productores”. Una parte no produce pues alquila a Grobocopatel u otro pool y cobra una parte de la renta, en una patética imitación de la vieja oligarquía. Este fenómeno explica la unidad entre Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli con quienes fueron los verdugos de sus afiliados, o sea con Luciano Miguens y Mario Llambías, de SRA y CRA.
Sobre esto reflexionó amargamente Osvaldo Bayer, que algo sabe de asuntos históricos del campo, de oligarcas y rebeliones. “Si Marotta hoy viviera hubiera visto que la Federación Agraria hizo todo lo contrario a lo que él les proponía. Se alió con la Sociedad Rural, es decir, con los dueños de la tierra en el reciente lock out patronal” (Tierra y trabajo, Página/12, 26/4).

Una reacción positiva.
Si el viraje de Buzzi-De Angelis es preocupante, hay sin embargo una consecuencia positiva en esta coyuntura: el despertar de 200.000 agricultores familiares, minifundistas, pobres, de comunidades aborígenes, etc.
Por medio de sus representantes llevaron sus planteos ante el gobierno nacional, que los recibió por vez primera en la persona de Alberto Fernández el 8 de mayo último.
El jefe de Gabinete se debe haber sorprendido cuando esos dirigentes de “los de abajo” le aclararon que “no apoyamos a las entidades del campo pero no significa que apoyemos al gobierno. Nuestra lucha va más allá, en un concepto de soberanía alimentaria que es para todo el pueblo, para que además de un plato de comida podamos tener una vivienda digna para vivir, una justicia equitativa y que no sea sólo para los terratenientes o para quienes más plata tienen. Por eso creemos que el Estado tiene que empezar a ver bien quiénes somos los perjudicados con esas políticas”.
Sin ser la cuestión principal, esos miembros del flamante FNC se deslindaron de la Federación Agraria, denunciando casos de desalojos de familias campesinas que históricamente habitaron ciertos parajes y fueron echadas violentamente por demandas de miembros de la entidad presidida por Buzzi. Pusieron ejemplos como los de la localidad de Junín y el caso de la señora Ramona Bustamente, de 78 años, desalojada de Las Maravillas, en el norte cordobés.
Uno de los interlocutores de Fernández declaró luego a la prensa: “la entidad que dice representarnos desaloja a nuestros compañeros y arruina sus tierras. Ellos dicen que quieren hacer una reforma agraria, pero entonces que lo demuestren en sus propios campos y que no nos sigan quitando los terrenos a nosotros”.
El campo verdaderamente laborioso se está poniendo de pie y organizándose por su cuenta. Eso es estratégico. También se necesita del aporte político de los peones, estibadores y demás asalariados rurales. Por ahora este gran protagonista de las historias narradas por Osvaldo Bayer, lamentablemente, está casi ausente. Y de ello no tiene la culpa el energúmeno de Gualeguaychú sino Gerónimo Venegas, el burócrata de Uatre y las 62 Organizaciones. Luciano Miguens lo llama cariñosamente “Momo” y le da gratis un stand para la Exposición de Palermo. Clarín y La Nación le ceden otro para Expoagro. “Momo” está marcado como hacienda propia.