Los escritores escriben y las imprentas imprimen

Señor Director:
Cuando se llega a esta altura del año las revistas y la sección cultural de los diarios suelen ensayar un balance en el que dejan constancia de las impresiones de los críticos sobre estas actividades. Asimismo, suele hacerse una reseña con particular referencia a lo que se considera destacado.
Este año, al momento de escribir, he podido tener ante mi vista la reseña literaria del diario porteño Página/12 y una apreciación general del período por parte de Silvina Friera, su más frecuente comentarista. En este caso, se han seleccionado 25 libros editados en nuestro país durante el año, acerca de los cuales da noticias Friera, la misma que tiene a su cargo comentar las novedades a medida que se producen.
Creo que puede interesar dicha lista, la cual se inicia con Maelstron, “pensamientos poéticos” del bahiense Luis Sagasti. Le siguen Paso de baile, poemas de Diana Bellessi; Monasterio, nouvelle del guatemalteco Eduardo Halfon; Vigilámbulo, obra reunida del poeta Arturo Carrera; El libro de los divanes, de la poeta Tamara Kamenszain; Memoria del tiempo, primer tomo de la poesía reunida de Horacio Salas; El país del diablo, novela de Perla Suez, en el marco de la campaña del desierto. que ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz; Del vodka hecho con moras, novela lírica de Ana Arzoumanian; Cobayos criollos, novela negra de Flaminia Ocampo; Hasta que te conocí, policial del escritor y psicoanalista Luis Gusmán; Desmonte, novela “intensamente política” de Gabriela Massuh; La tensión del umbral, novela de Eugenia Almeida, basada en la apropiación de menores durante la dictadura; La noche tiene mil ojos, poemas narrativos de María Negroni; Las esferas invisibles, tres nouvelles o cuentos largos de Diego Muzzio; La habitación del presidente, de Ricardo Romero: “una narración que hace jaque mate a las convenciones”; Precoz, de Ariana Harwcz, novela de esta argentina desarrollada en Francia; El olvido, narración de la francesa Frederica Amalia Finkelstein; Quiroga, “otra belleza” de Alejandro García Schnetzer; La noche litoral, novela de Carlos Bernatek; Bien de frontera, novela de Oliverio Coelho, sobre un personaje que, siendo niño, le gana una partida de ajedrez a Bobby Fisher; De ganados y de hombres, Ana Paula Maia; La casa de la niebla, poesía de Elena Anníbali; Chuan, primera novela de Luciana Czudnowski; Combray, en tiempos de buscas perdidas, de Ariel Magnus; El derecho de las bestias, de Hugo Salas, y Quema, de Ariadna Castellarnau, su primera obra de cuentos.
Como se aprecia, los escritores escriben y las prensas entregan volumen tras volumen. El punto a dilucidar es, en nuestro tiempo, si hay suficientes lectores, si la lectura de libros impresos en papel se mantiene. Al parecer, sí, aunque algunos dicen que solamente en la “vieja guardia”. También se escribe y edita en todo el interior del país. Esto se verifica cada vez con mayor frecuencia en La Pampa, por un aporte estimable de la universidad, por la continuidad de autores reconocidos (Morisoli, Cazenave) y hasta por el empeño permanente de quienes trabajan en soledad o se organizan para comentar y publicar, como es el caso de un grupo de investigadores del pasado pampeano.
En los últimos años se ha manifestado mayor interés por dar cuenta de la existencia del interior argentino, con el ánimo de romper el viejo estigma según el cual ningún escritor se hace conocer si no se instala en Buenos Aires. Al parecer, la nueva conducción de organismos culturales se propone continuar en este empeño. El avance es lento y quienes se abren paso son nativos o radicados en las provincias más desarrolladas y algunas del noroeste, quizá efecto del interés que logró despertar la música y la literatura de esa región singular. Y sucede que muchos del interior que sobresalen generalmente han accedido previamente a instalarse en la metrópoli.
Atentamente:
JOTAVE