Los fuegos esconden y en ocasiones iluminan

Señor Director:
El fuego de la Iron Mountain, en Barracas, seguía activo, mucho después que los restos de bomberos y personas del servicio civil caídos cuando acudían a combatir el siniestro, llevaban muchos días de reposo final.
Crecía la impresión de que ese fuego pudo no tener un origen accidental. Iron Mountain es una empresa internacional, norteamericana de origen, que pasa por ser la más importante en el servicio de guardar documentación de empresas y organizaciones varias, incluso gubernamentales. Si bien mucha de la documentación actual se conserva en registros que no ocupan espacio, el papel y el celuloide (cuando se trata de microfilmes) demandan depósitos amplios y que den garantía de seguridad. Por eso, el depósito de Barracas tenía un sistema antiincendios de acción automática ante la aparición de cualquier foco. Además, unas cámaras registran la menor alteración. Dado que lo que se guarda son toneladas de papel y otros materiales que arden con facilidad, el mérito de estas empresas se relaciona con el grado de seguridad que ofrecen. Sin embargo, Iron Mountain viene teniendo incendios similares al de Barracas. Muy semejantes fueron los que se produjeron en Estados Unidos y en el Reino Unido hace poco tiempo. EN EEUU el jefe de bomberos dijo que queda la sospecha de que el incendio pudo ser intencional. En el Reino Unido, luego de prolija investigación oficial, se concluyó con la idea de que pudo ser intencional. Esta sospecha se basó en el funcionamiento irregular del sistema principal y en los alternativos de rociadores automáticos. Este fuego se produjo en Londres en julio de 2006. La London Fires Brigade investigó durante dos meses y concluyó que pudo ser iniciado por acción humana. Descartó la falla eléctrica, la caída de un cigarrillo o velas o aceite. Falló el sistema de rociadores, que se activa ante un foco y descarga agua sobre él, al tiempo que el sistema avisa al control. El interruptor rojo de este sistema estaba parcialmente apagado y por eso no funcionó la bomba eléctrica que alimenta a los rociadores. Un sistema de reserva, con motor diésel, estaba apagado. Los rociadores se activaron 2 minutos y 42 segundos después de iniciado el fuego y sin presión normal. Iron Mountain aceptó estas conclusiones pero declinó toda responsabilidad.
La pregunta sobre el motivo que puede haber para provocar el incendio no ha tenido respuesta en Londres ni en los otros incendios de IM. Puede pensarse que ciertos papeles debían ser “desaparecidos” en vista de una posible investigación judicial o administrativa y que IM actuó en connivencia con su cliente. En Buenos Aires también han surgido las mismas sospechas, porque el sistema de defensa no funcionó o lo hizo tarde y lento. Las cámaras registraron que en Barracas no hubo un foco sino tres y quizás cuatro, que fueron apareciendo en distintos momentos. El jefe de seguridad no estaba en la noche del incendio, pero el personal que custodia y limpia acudió al lugar de cada foco y dijo que los rociadores no habían funcionado como estaba previsto. Intentaron apagar pero, al advertir que escapaba a sus recursos, dieron la alarma externa.
La justicia ha intervenido y ha dispuesto allanamientos. Todo hace temer que el caso tenga desarrollo similar al de Londres y que la empresa acepte las conclusiones pero decline su responsabilidad. Si hay juicio aducirá descuidos o fallas inesperadas. Los muertos fueron otro accidente y se investiga por separado. Si la pared cayó hacia afuera y no hacia adentro como es habitual cuando antes ha caído el techo o si los bomberos por algún motivo se apartaron de los protocolos a que deben ajustarse es otro capítulo de la investigación. Empleados de una dependencia del gobierno de la ciudad dicen que vieron cajas de IM en su lugar de trabajo, donde no tendrían que haber estado.
Este fuego tan trágico ¡se parece tanto al de Londres!…
Atentamente:
JOTAVE