Los satélites artificiales y su competencia con los astros

En las noches claras los contempladores del firmamento han dejado de sorprenderse cuando observan un “astro” que se desplaza en el espacio y que, para nuestros ojos, compite en luminosidad con los objetos que constituyen el panorama astral visible y que supusimos invariable.
El cielo nocturno que vemos es el mismo de nuestros abuelos y nuestros antepasados de muchas generaciones. Parece quieto, pero se mueve, como alguna vez dijo Galileo, luego de haber sido obligado a admitir que la Tierra es el centro del universo o, al menos, del villorrio donde el Sol impera. Todavía hoy nos cuesta dejar de decir que el Sol “aparece” y “desaparece” aunque sepamos que quienes nos mostramos o dejamos de mostrarnos al padre Sol somos nosotros y nuestro piso móvil. Menos imaginable todavía resulta un universo que está en permanente movimiento y cambio, del que la ciencia dice que hubo un momento en el que ni siquiera existía y que desde ese fiat! (el Big Bang) comenzó a expandirse, alejándose del centro originario, que tal proceso de expansión sigue y que ignoramos hasta cuándo.
Esos cambios se hacen lejos de nuestra percepción natural y con un ritmo que no es el que impera en nuestra existencia. Por eso, la irrupción de los satélites artificiales es una novedad de nuestras noches estrelladas, que no pudieron conocer nuestros bisabuelos. Los únicos objetos celestes que siempre dejaron ver su desplazamiento son los cometas y algunos trozos de materia estelar que se incendian al ingresar en nuestra protectora atmósfera y que solemos llamar “lluvia de estrellas”.

Club
El club de países que fabrican satélites artificiales es de solamente siete (EEUU, Rusia, China, Japón, Israel, India y la Eurozona: Europa Occidental). Ahora se les ha sumado la República Argentina, urgida inicialmente (en 2003) porque un satélite que debía ocupar la posición 81 grados oeste no había sido siquiera empezado por la empresa a la que se contrató para hacer dos (el primero, Nahuel, había agotado su vida útil). El gobierno K consiguió un plazo de dos años y encaró la construcción de satélites propios, para lo cual se contaba con la firma nacional Invap, y luego con científicos repatriados. Un satélite alquilado a Holanda permitió retener la posición 8-O. La empresa estatal Arsat tomó la posta y sumó al contratista Invap. El satélite Arsat-1 estuvo listo en julio de 2013 y en junio de este año se completaron la diversidad de pruebas necesarias. A finales de este mes será puesto a bordo de un avión de transporte ucranio y llevado hasta Guayana Francesa. Allí, un cohete Ariadna lo colocará en órbita. En octubre.
Se cerrará así la apertura de un proceso que ha hecho que la Argentina sea miembro del exclusivo club de creadores de satélites. Este Arsat reemplazará al Nahuel-1, que cumplió su vida útil y momentáneamente está reemplazado por un satélite alquilado. Arsat-1 orbitará la Tierra a 35.786 kilómetros de altura durante quince años. Se lo controlará desde la estación terrena Benavídez, de la empresa estatal Arsat. Este ingenio ha costado 250 millones de dólares, transportará señales de video y hará posible la televisión directa al hogar en los lugares a los que es inconveniente llegar por aire. Otros de sus servicios son Internet, datos y telefonía. Todo será aprovechable en el territorio argentino y en países vecinos.
Arsat está desarrollando, en Invap, su segundo satélite (Arsat-2) y el Saocom 1 A. Ambos ya se encuentran avanzados y se trabaja en la etapa final, de integración.

Ventaja
Los satélites apuntan a un territorio determinado, el argentino en nuestro caso. Actualmente recogen imágenes que permiten conocer el estado de los suelos y los procesos atmosféricos. También investigan el subsuelo y recogen un caudal importante de información del Mar Argentino. La meteorología ha dado un salto gigantesco con estos ingenios y otro tanto sucede con el pronóstico de cosecha y el conocimiento de la recolección. A partir de ahora enriquecerán las comunicaciones y servicios que se hacen por aire o mediante líneas terrestres. Además, facilitan muchos otros estudios de aplicación industrial, como la mineralogía y los recursos marinos.
Podría pensarse que a partir de estos satélites la Tierra va en camino de perder sus secretos. Como ha pasado con todo avance del conocimiento, realmente sucede que se descubren horizontes cada vez más amplios y más determinantes de los fenómenos que componen el ambiente en el cual discurre la vida humana. El notable avance que se ha podido hacer en la Argentina en estos años dispara la capacidad de inventiva en todos los niveles, como cada vez que hubo una ampliación del conocimiento y su transformación en aplicaciones útiles… y otras no tanto: las bélicas.
Jotavé