Macri dijo a Clarín que percibe mucho apoyo y aspira a reelección

A PESAR DE MUCHAS CRITICAS POR LA SITUACION ECONOMICA

Muchas encuestas confirman el mal humor social por la recesión y difícil situación social que genera. Sin embargo, el presidente sigue declarando que percibe mucho apoyo a su gestión. Y dijo a Clarín que aspira a la reelección.
EMILIO MARIN
Ayer se cumplió el primer aniversario de la inesperada victoria del PRO-Cambiemos en las presidenciales ganadas por Mauricio Macri. Y en dos semanas más se cumplirá el primer año desde su asunción primero en el Congreso y luego en la Casa de Gobierno.
El aniversario disparó balances, reportajes y declaraciones sobre cómo evalúa Mauricio Macri la evolución de su gobierno y qué pasos piensa dar en el corto y mediano plazo.
Cuando un político tiene esas necesidades es común que acuda a algún medio amigo para que haga de vehículo de sus opiniones. Y hasta hoy el grupo Clarín juega ese papel de trampolín para llegar a más gente, sin perjuicio de algunas críticas por ahora menores que ha comenzado a disparar contra ese gobierno, su gobierno.
Por eso no resultó casual que el viernes 18, en forma simultánea con que en el centro de la ciudad de Buenos Aires se reunía una multitud con una pila de reclamos contra el ajuste neoliberal, convocada por organizaciones sociales y gremios de la CGT, media docena de periodistas del monopolio Clarín eran recibidos en la Quinta de Olivos por el presidente para permitirle hacer su descargo y propaganda. Unos 200.000 argentinos de pocos recursos cuestionaban en la calle al presidente; seis periodistas mandados por Héctor Magnetto, a la misma hora, le preguntaban en forma bien amistosa sobre la situación política. Debe ser por eso que Macri no necesita ni usa de las cadenas nacionales…
Una de las pocas interrogaciones algo incómodas, pero que los periodistas no podían evitar, fue sobre su inclusión en los “Panamá Papers”. El reporteado puso play y repitió lo de siempre: que fue una empresa creada por su padre donde él y su hermano fueron incluidos como directores, que no obtuvo dividendos por ello y que está muy tranquilo. Al menos en la versión del diario, no hubo repreguntas ni polémicas sobre el particular, como dando por sentado que la respuesta había sido satisfactoria.
Sería interesante que esos cronistas reportearan al fiscal Federico Delgado y al juez Julián Ercolini, para saber si finalmente la cancillería de Susana Malcorra les ayudó a que varios países les enviaran la información oficial que vienen solicitando hace tiempo, sin éxito. Al retacear apoyo y postergar las solicitudes, el Palacio San Martín estaría colaborando con el presidente para que las investigaciones de Delgado se demoren y pierdan consistencia jurídica y en la opinión pública, que tiene otros asuntos más importantes.

“Es la economía, estúpido”.
Entre esos temas que más importan a gran cantidad de argentinos están los relacionados con la economía, la inflación, la recesión y la pérdida de empleos.
La entrevista de Macri fue con Fernando González, Silvia Fesquet, Marcelo Cantón, Eduardo Paladini, Ignacio Miri y Santiago Fioriti, todos periodistas de Clarinete. Cuando trató de justificar la dureza de sus medidas de “transición” (léase ajuste) aludió a la teoría de la “pesada herencia”. Dijo que “la frustración es que el punto de partida era mucho peor del que todos imaginábamos. Eso te genera bronca, frustración y además, bueno, genera que uno le tiene que decir a la gente, como lo he hecho tantas veces, que tuve que tomar medidas que si hubiera podido evitarlas, las hubiese evitado. Pero no había otro camino”.
De todas maneras MM insistió en que su gobierno va por muy buen camino, con dos supuestas pruebas que en verdad pueden ser vistas como un certificado de pobreza.
Un dato al que dio mucha importancia fue que “hace poco nos visitó una líder española y me dijo: ‘La última vez que vine, hace un año y dos meses, la Argentina parecía secuestrada y sin destino. La gente que yo veía me decía ‘no salimos más’. Y ahora, decía ella, por más que en la Argentina siempre hay un espíritu crítico, no pueden ocultar la alegría que tienen. Sienten que están libres y creen en sus posibilidades”.
Esa revolución de la alegría no se advierte en el rostro ni los bolsillos de la mayoría de los argentinos, como certificaron encuestas que ya se citarán aquí.
El otro supuesto argumento del jefe de Estado fue el respaldo de un banquero internacional. “Pero también la verdad es que podemos, porque no viene el capo del JP Morgan mundial a decirme que triplica el capital y que entre cinco países, incluyendo Estados Unidos, eligió hacer una nueva sede para prestar servicios de todo el mundo de ese banco acá”, presumió.
Varios funcionarios macristas que provienen del JP Morgan, entre ellos Alfonso Prat-Gay, deben haber sido una señal alentadora para el proyecto de aquel financista.
Pero además de esos ministros amigos, lo que más debe haber valorado el JP Morgan es el excelente negocio bancario en Argentina, confirmado por las fortunas que ganaron las entidades en lo que va del año.
El 17 de noviembre pasado, una nota de Federico Kucher en Página/12, basado en la información del Banco Central, aseguraba que “los bancos ganaron 6.503 millones de pesos en septiembre, con un aumento del 18,8 por ciento respecto del mismo mes del año pasado. En lo que va de 2016, embolsaron 57.607 millones de pesos, con un alza del 43,9 por ciento en relación a igual período de 2015”.
Desde ese punto de vista es lógico que los banqueros de acá y de afuera tengan una posición muy simpática y avalista del gobierno nacional. En cambio la encuesta de CEOP de Roberto Bacman, divulgada el domingo pasado por Raúl Kollmann, sostuvo que el 70 por ciento de los consultados tiene una mala opinión sobre la marcha de la economía. Y que el grueso de los críticos considera que la causa del agravamiento de la situación económico-social son las medidas adoptadas por el gobierno actual, con lo que la “pesada herencia” siguió perdiendo peso.

Va por la reelección.
En sus declaraciones el presidente fue muy despreciativo para con los millones de pobres que hay en el país, de los cuales al menos 1.4 millón son de su propia cosecha, según estudio del Observatorio de la Universidad Católica Argentina. Preguntado sobre los reclamos que ese viernes 18 hacían en la Plaza de los dos Congresos una constelación de movimientos de trabajadores informales y algunos gremios, en apoyo del proyecto de ley aprobado en el Senado para crear un millón de puestos de trabajo, el mandatario ironizó con que por qué se limitaban a un millón si podían fijar el objetivo de cinco millones de puestos.
Es obvio que los empleos no se crean por mero decreto o ley, aunque no está mal ponerse ese objetivo. Tan cierto como que con decretos y leyes suyas, como la devaluación, quita de retenciones, apertura indiscriminada de importaciones, tarifazos, etc, se pueden aniquilar centenares de miles de empleos.
Sobre la desocupación, las informaciones no son exactas pero sí convergentes. El propio ministro de Trabajo admitió oficialmente en septiembre pasado que en el año se habían perdido 120.000 puestos. Las estadísticas del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) son más preocupantes porque para el mismo lapso (diciembre 2015 a septiembre 2016) sus cuentas arrojaron la pérdida de 213.166 puestos de trabajo formales.
En el medio de ambas mediciones, el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, consultor del Frente Renovador, expresó que en este tiempo se perdieron 127.000 empleos formales y otra cantidad igual de informales.
Como sea, se trata de una gravísima pérdida laboral que es un dato del notable enfriamiento de la economía y a su vez acentuará la pérdida de ingresos y de consumo, con impacto negativo en aquélla.
Los trabajadores afectados por este modelo de ajuste y exclusión social no se quedan de brazos cruzados ni esperaron pasivamente un segundo semestre que tuvo el mismo signo negativo del primero. Una vieja y sana costumbre que viene de la tradición sindical y más recientemente de las experiencias piqueteras es ganar la calle y fogonear el conflicto social.
Y eso es lo que reveló otro estudio de CEPA, sobre el aumento de las huelgas. “Las protestas de los trabajadores públicos tuvieron un crecimiento de 333 por ciento con respecto de julio, y del 38 por ciento respecto al mes de agosto. Esto refleja que en el tercer trimestre de 2016 la conflictividad laboral en el Estado tuvo un fuerte ascenso, en su mayor parte vinculado al pedido de recomposiciones salariales”.
En la parte privada también aumentaron los reclamos, con centro en la industria, incluso en empresas grandes como Molinos Cañuelas, Cresta Roja, Bimbo (productores de alimentos), Techint, Siderca Campana y Brighstar (siderúrgicas y metalúrgicas), Tarcol (químicos), Guilford (textil) y General Motors (automotriz).
Ese empinamiento del conflicto social no fue registrado por Macri en sus declaraciones a Clarín. Sin ponerse colorado blanqueó que confía en ganar las elecciones de medio término en 2017 e ir por su reelección de 2019 porque “es razonable pensar que los primeros pasos de ese cambio pueden llevar ocho años”.
Cuando se escuchan definiciones de esta clase en políticos con recetas de ajuste, viene a la memoria la filosa frase de John M. Keynes: “en el largo plazo estaremos todos muertos”.

Compartir