Macri en modo electoral: “queréme así, piantao, piantao”

LA SEMANA POLITICA

El discurso de Macri en el Congreso falló en contenido y forma. Habló maravillas de su gobierno, que merece un aplazo para las mayorías. Lo suyo sonó a balada para un loco, sin la poesía ni el canto de Adriana Varela.
SERGIO ORTIZ
De la hora que duró su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias (nunca tan acordes a la realidad), pocos segundos tuvieron racionalidad y realismo. Era tan alevoso el contraste con el sentido común, que por momentos las bancadas opositoras, con diferencias entre sí, se levantaron juntas para aplaudirlo con fuerza e ironía. Un extranjero que pasara por allí no habría entendido nada. ¿La oposición de pie ovacionando al orador del que normalmente hablan pestes? “Este es un país de locos”, habría dicho el visitante…
Como ni siquiera las cosas malas son 100 por ciento malas, los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo tomaron nota del único anuncio favorable, de elevar módicamente su monto, muy retrasado por la inflación. Aunque la medida esconde un sentido electoralista, no fue adoptada de buenas a primera por Cambiemos sino autorizada por el FMI, el poder detrás del trono en esta degradación semicolonial de Argentina.
El tono del mensaje no fue el de un presidente de todos los argentinos sino del candidato PRO a la reelección, que agrede a sus adversarios acusándolos de faltas que no han cometido. O en todo caso, si algunos de éstos las cometieron, no tienen tanta importancia como las pésimas decisiones que -por voluntad propia y fondomonetarista- el macrismo vino tomando desde diciembre de 2015.
Ese tono agresivo era copiado de la barra brava de Boca; Mauricio Macri se parecía a Rafa Di Zeo antes que al estadista que creyó ser pavoneándose con los presidentes del G-20. La patoteada discursiva reveló que sus promesas de campaña fueron un completo bluf, incluida la de “unir a los argentinos”.
Su afirmación de que el país está mejor que en 2015 no tiene asidero. Los datos oficiales hablan de 126.100 empleos menos en la industria en este lapso. El Producto Bruto Interno quedará casi cuatro puntos abajo, al final de su mandato. El dólar, que costaba algo más de 9 pesos, la semana anterior superó los 41. Los tarifazos en la energía, servicios y transporte, fruto de la dolarización y el empeño en que sigan ganando fortunas los dueños de esas empresas privadas, han superado el 3.000 por ciento. Miles de fábricas y comercios han cerrado o se han presentado en concurso preventivo de crisis o en concurso de acreedores, sobre todo las que tienen menos espaldas financieras y menos llegada al núcleo monopolista del poder.
¿A eso le llamó el jefe de Estado estar mejor?

Piantao, piantao.
Fiel al libreto que le escribieron Marcos Peña y Durán Barba, Macri siguió adelante con la lectura de la horrible pieza. Como casi siempre, pese a que tenía todo escrito, incurrió en furcios memorables, como cuando hizo el inventario de los supuestos logros en la lucha contra la droga en la frontera norte, “con apoyo del narcotráfico”. Un psicólogo allí….
En otros pasajes su manipulación fue tremenda, como cuando dijo que su gobierno había aumentado 700.000 empleos. Hasta el Indec del macrista Jorge Todesca admitió que a lo largo de 2018 se habían perdido 191.300 puestos de trabajo, en su mayor parte del sector privado. Del guarismo, también negativo, para el segmento industrial, ya se habló en párrafos anteriores.
Llegado a ese punto extremo de la falsedad, irrumpe otra vez la Balada para un loco, con “Yo sé que estoy piantao, piantao, piantao… Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; y a vos te ví tan triste. Vení! Volá! Sentí! el loco berretín que tengo para vos”.
A falta total de hechos positivos para mostrar en este tramo del reeleccionismo, el candidato insistió en un par de iniciativas que cree pueden reportarle votos, con agitación de odios y mentiras contra la “pesada herencia” y “el populismo” del gobierno anterior.
Una de esas propuestas es la baja de la edad de imputabilidad a los menores a los 15 años. Tratan de engañar a la sociedad con que así se asegurará una mejor convivencia y se bajarán los índices de delitos. Y a los adolescentes, con el verso de que el Estado se preocupará de ellos para evitar que incurran en delitos.
Otra iniciativa -que tomó la forma de Decreto de Necesidad y Urgencia, cuestionado por la oposición- es el de la extinción de dominio, alegando recuperar bienes y fondos de los delitos de corrupción. Tratándose de asuntos penales, los DNU son inconstitucionales; con el consejo duránbarbista de agitar todo lo relacionado con la corrupción para traccionar votos, el presidente se mantuvo en sus trece y chicaneó a la oposición. Si no lo aprueban quiere decir que está del lado de la corrupción.
Esos planteos sirven al gobierno para fugar hacia adelante y tratar de impedir que se hable de los temas actuales que tienen conexión con la cloaca de Comodoro Py.
Por ejemplo, para disimular que su fiscal estrella, Carlos Stornelli, de la causa de los Cuadernos, fue citado a indagatoria por el juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla. El magistrado quiere conocer sus explicaciones sobre el tupido vínculo que tenía con el detenido Marcelo D’Alessio en el esquema de asociación ilícita para el espionaje y extorsión sobre acusados y en algunos casos ni siquiera eso, de la causa de los Cuadernos. Stornelli, ex secretario de Seguridad del Club Boca Juniors, es del palo macrista, amarillo hasta la médula. Y quieren salvarlo quitándole la causa a Ramos Padilla y llevándola a Julián Ercolini, del Inodoro Py.
Otra tema judicial-político que Macri quiere aventar es la vergonzosa resolución del juicio por encubrimiento al atentado de la AMIA. A Carlos Menem lo absolvieron, igual que a Rubén Beraja (DAIA y Banco Mayo) y al comisario Jorge “Fino” Palacios, todos amigos del actual presidente. “Un gran constructor” contestó en los ’90 cuando le preguntaron por el de Anillaco. “El mejor comisario, recomendado por las embajadas de EEUU e Israel”, dijo de Palacios, cuando lo nombró su jefe de Policía en la Ciudad.

Ilegalidades.
Muchas veces la administración Cambiemos roza la línea de lo ilegal y aún la traspasa, como en los Decretos de Necesidad y Urgencia en materia penal. O cuando no llevó al debate parlamentario el acuerdo con el FMI que tenía que ver con la deuda externa. O cuando autorizó a los familiares del poder a blanquear capitales no declarados y fugados, o cuando despidió a un gran número de periodistas de la agencia estatal Télam sin respetar los procedimientos establecidos. O cuando quiso expulsar de inmediato a extranjeros detenidos en la protesta por el Presupuesto y debió retroceder porque ellos ni siquiera habían participado de las manifestaciones. O cuando aplica la doctrina Irurzún para detener preventivamente a opositores que deben gozar de la presunción de inocencia. O cuando recibió como héroe al policía Luis Chocobar procesado por homicidio, etcétera.
La lista de ilegalidades demandaría más de la hora que Macri empleó para decir variedad de mentiras el 1 de marzo.
Y una de las falsedades fue la referida a Venezuela. El oficialismo aprovecha para justificar en este tema su alineamiento con la administración Trump y el vacío discursivo propio del kirchnerismo (el resto de la dirigencia del PJ, en cambio, como Miguel Pichetto y Sergio Massa, coinciden en este punto con Macri y el presidente norteamericano en maltratar a Venezuela como si fuera gobernada por una dictadura).
Macri embistió contra Nicolás Maduro y acusó al gobierno anterior, de signo K, de haberlo condecorado. Los acusados hicieron mutis por el foro, como si eso hubiera sido un grave error.
Maduro, como antes Hugo Chávez, fue condecorado por Cristina en función de los aportes de Venezuela a la creación de la Unasur y la Celac, y otros méritos que valieron su incorporación al Mercosur. Y por sus actitudes solidarias con Argentina, contra la extorsión de los “fondos buitres” y en apoyo a la soberanía en Malvinas (un capítulo vergonzosamente omitido por Macri en el Congreso).
Esa buena relación entre los gobiernos de Venezuela y Argentina entre 2003 y 2015 no debería ser vapuleada sino reivindicada. Pero incluso quienes la critiquen, o tengan dudas al respecto y hoy guardan un silencio oportunista, no pueden confundirse respecto a lo central. Esto es, que el gobierno legítimo, legal y constitucional de Venezuela es el que encabeza desde el 10 de enero pasado Maduro, tras haber ganado las elecciones presidenciales el 20 de mayo de 2018.
Ese gobierno legal es el reconocido por la ONU, según recordó su secretario general Antonio Guterres. Y resulta que Macri, siguiendo las órdenes de Trump, su viejo amigo, reconoció el 23 de febrero al autoproclamado “presidente” Juan Guaidó. Y lo recibió en Olivos en la tarde del 1 de marzo, además de facilitarle el Palacio San Martín para una conferencia de prensa.
Así se incurrió en una grosera ilegalidad contra Caracas. Una cosa de locos. “Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao. Loco! Loco! Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad”, cantó Adriana Varela. Al mediodía del 1 de marzo, frente al Congreso, y al anochecer también, en Olivos, Macri estuvo en porteña soledad. Seis de cada diez lo cuestionan. Ni de Vieytes lo aplauden.