Maduro sigue bajo presión golpista de la MUD y EE UU

DESBARATADA MANIOBRA IMPERIAL EN LA OEA CONTRA VENEZUELA

En medio de tanta agresión contra Venezuela, su gobierno constitucional pudo anotarse una victoria política. La maniobra injerencista del secretario de la OEA, en dupla con Washington, fracasó. La campaña golpista está lejos de ceder.
EMILIO MARÍN
Luis Almagro fue canciller de Uruguay con la presidencia de José Mujica y de allí recaló en la secretaría general de la OEA. No era el peor de los aspirantes porque en esa entidad, siempre a la sombra del Departamento de Estado, hay políticos de varias nacionalidades obedientes a ese mando. Sin embargo en el corto lapso que lleva como titular ya está pareciéndose a otros secretarios que alimentaron la fama de la OEA como el “ministerio de colonias de Estados Unidos”, tal como lo definió en los ’60 el entonces canciller cubano Augusto Roa.
La última prueba esa filiación pro-estadounidense la dio Almagro el pasado 31 de mayo, cuando pidió a la OEA que aplicara la Carta Democrática a Venezuela, invocando el artículo 20 de la misma, como si Nicolás Maduro fuera un dictador o hubiera surgido de un golpe de Estado.
Esa injerencia venía siendo requerida por la oposición derechista nucleada en la Mesa de Unidad Democrática, que tras las legislativas de diciembre pasado domina por amplio margen la Asamblea Nacional. Henry Ramos Allup está al frente de la misma.
Esa oposición no es la única que fogonea la destitución del mandatario pues juega como peón de ajedrez, o a lo sumo alfil, del rey y reina de las Blancas Casas. El Capitolio aprobó en diciembre de 2014 una ley con sanciones a Venezuela y en 2015 Barack Obama dictó una orden ejecutiva avalando esas sanciones, reiterada en marzo de 2016. Alegó que Venezuela calificaba como peligro para la seguridad nacional estadounidense.
Esos son los intereses políticos, económicos y militares que se mueven detrás de la campaña para demonizar a Caracas como capital continental de la violencia, la corrupción, la falta de derechos humanos, la inflación, las violaciones a la libertad de prensa y el terrorismo internacional, entre otras falsas acusaciones.
Esa embestida injerencista de Almagro-Allup-Obama no tenía una buena lectura de cómo le iría en la OEA. El 1 de junio, al día siguiente de la moción injerencista, el Consejo Permanente de la entidad la rechazó por abrumadora mayoría. Salvo Paraguay, el resto de los 34 representantes avalaron un diálogo entre el gobierno venezolano y la oposición, encauzada por la Unasur y con la mediación de tres ex presidentes. Ellos son Leonel Fernández de República Dominicana, Martín Torrijos de Panamá y José Luis Rodríguez Zapatero de España. En los días previos a esa votación del Consejo Permanente ya se había concretado en República Dominicana una primera reunión entre las partes y los amables componedores. La OEA optó por acompañar ese intento por solucionar pacíficamente un conflicto que promete ser más violento, sobre todo por los métodos y objetivos de la MUD.

Violencia y revocatorio
Maduro ganó legítimamente el gobierno en las elecciones de 2013 y tiene mandato legal hasta el 2019, que no es respetado por la oposición.
El golpismo va combinando formas de lucha, según le parezca más conveniente en cada coyuntura. En 2014 hizo énfasis en la violencia callejera y las guarimbas, con el plan “La salida” (de Maduro de Miraflores), lo que provocó 43 muertos y 800 heridos. Por los delitos cometidos está detenido en el penal de Ramo Verde el líder de esas revueltas, Leopoldo López, condenado por la justicia.
Luego la MUD retomó sus campañas mediáticas, aprovechando la mayoría de medios privados y opositores, exacerbando la crítica de la población por problemas existentes o inventados o agrandados, como el desabastecimiento y la inflación.
Esos dramas no son responsabilidad principal del gobierno sino ante todo de la gran burguesía (también de la llamada “boli-burguesía” oficialista), especialista en ocultar toneladas de alimentos, obtener dólares a precios subsidiados para la importación de insumos y venderlos en el mercado negro a un valor mucho mayor, sin haber traído lo prometido, etc.
Para colmo de males para el sucesor de Hugo Chávez, se cayó el precio del petróleo, el principal recurso. En años anteriores cotizaba a más de 100 dólares el barril y en 2015 y por estos días bajó a 30, dejando un profundo hueco en las cuentas oficiales.
Esa difícil situación económica y social oscureció los avances habidos con la revolución bolivariana y el socialismo del siglo XXI pregonados por Chávez y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Así las cosas no extrañó que en diciembre de 2015 la oposición ganara las legislativas y pasara a dominar 3/5 partes de la Asamblea Nacional y un buen número de gobernaciones en los estados.
Su problema, aún con esa resonante victoria, es que el poder político lo sigue teniendo Maduro, no sólo en cuanto al Ejecutivo sino también con un fuerte poder de movilización popular, con organizaciones sociales y las comunas populares. Éstas son un intento por superar la democracia tradicional y la burocracia estatal, incluso la enquistada durante el chavismo y posiblemente más en la etapa actual.
Con el dominio de la Asamblea y algunas gobernaciones, pero sin el poder político real y menos aún influencia en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que se mantuvo fiel al legado de Chávez, la MUD volvió a las andadas violentas. Eso explica el planteo de Almagro, pues si la OEA aceptaba tachar al gobierno de “no constitucional”, quedaba expedito el camino para la violencia callejera y una intervención militar como las que antes se decidían en West Point, la Escuela de las Américas, o en el Pentágono, hoy a cargo de Ashton Carter, y el Comando Sur del almirante Kurt Tidd.
La moción de Almagro no prosperó ante la sólida defensa de la canciller Delcy Rodríguez y el apoyo de Unasur y ALBA. La MUD se enojó mucho con quienes respaldaron el diálogo entre gobierno y oposición. A la segunda reunión en Punta Cana decidió no asistir. Un colérico Ramos Allup se peleó con Mauricio Macri, diciendo que los venezolanos ahora escribirán “Micro” en vez de “Macri” y que “al menos Cristina Kirchner no era hipócrita”.

Apuro por revocatorio
Mal que les pese a esos energúmenos de la oposición, Venezuela es muy democrática. Y tiene previsto en su Constitución un mecanismo revocatorio del presidente, que no hay en otras naciones ni la supuesta democracia número 1 del mundo, Yanquilandia.
El mecanismo demanda primero que quienes lo piden presenten 300.000 firmas ante el Consejo Nacional Electoral (CNE). Una vez que tales firmas son revisadas y aprobadas como válidas se pasa a una segunda fase, donde los peticionantes tienen que reunir el 20 por ciento del padrón electoral, algo más de 4 millones de firmas. Y en ese caso, el CNE convocará al referéndum sobre mandato presidencial.
Este escenario presenta varios desafíos a la MUD. Primero, la obligaría a bajar los decibeles de su violencia callejera, para aparecer ante como ciudadanos democráticos que están apostando a un mecanismo constitucional al que en nada se parecía el plan sangriento de Leopoldo López, dos años atrás. En segundo término, las firmas a presentar debían ser buenas, o sea no truchas. Acá ya aparecieron obstáculos interpuestos por ellos mismos, pues la titular de la CNE, Tibisay Lucena informó ayer que “de 1.957.779 firmas presentadas, 605.727 presentaron irregularidades; entre ellas más de 10.000 firmas de ciudadanos fallecidos, 9.333 números de cédula inexistentes; más de 3.000 cédulas de ciudadanos menores de edad y 1.335 inhabilitados políticos” (cable de Prensa Latina).
Entre el 20 y el 24 de junio será la validación del 1.351.052 firmas que pasaron ese primer control, para lo cual los firmantes deberán acudir a las sedes regionales del CNE. Eso permitiría cumplir con la primera parte de la solicitud del revocatorio y se pasará al segundo paso, reunir el 20 por ciento de firmas del padrón total.
Además de que juntar tales adhesiones no es tarea fácil ni rápida, ni tampoco los controles que seguirá practicando el consejo presidido por Lucena, hay otro inconveniente político-temporal para la MUD. Debe lograr que haya revocatoria antes de enero de 2017 y vencer allí, para que se convoque a nuevas elecciones. Pero si el referendo se hiciera luego de aquella fecha, no habría nuevos comicios sino que el vicepresidente actual, Aristóbulo Istúriz, completaría el mandato de Maduro hasta 2019.
Si la oposición está quemando todas sus naves es para echar al gobierno bolivariano a pique, y meterse de prepo en el Palacio de Miraflores, al socaire de los movimientos derechistas que hoy crecen en la región, como se patentiza en Buenos Aires y Brasilia. No hace esto para desembarazarse de Maduro y que su lugar lo ocupe Istúriz.
Todo parece indicar que crecerá la violencia en Venezuela. Como mera anécdota, el jefe de la bancada de la MUD, Julio Borges, terminó con la nariz sangrante esta semana cuando con un grupo de legisladores quiso entrar de prepo en la sede del CNE y fue rechazado por gente del PSUV. Algo más que un tabique fracturado y una camisa blanca con manchas de sangre deparará el conflicto planteado por esa oposición que, aunque ganó las últimas legislativas, no quiere respetar la ley ni aguardar hasta la elección de diciembre de 2018.

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