Inicio Opinion Malvinas fuera del radar de la derecha

Malvinas fuera del radar de la derecha

Patricia Bullrich se sumó a los numerosos periodistas y dirigentes del macrismo que se han revelado como lobbistas desembozados de la farmacéutica norteamericana Pfizer. Y lo hizo de la peor manera: aceptando que nuestro país bien podría pagar un cargamento de sus vacunas con la entrega de, nada menos, las Islas Malvinas.
Es sabido que ese gigantesco laboratorio estadounidense está en la mira por las condiciones leoninas que exige en sus contratos de provisión. Funcionarios del gobierno nacional informaron al respecto y hasta el New York Times publicó un crítico informe sobre el tema (ver artículo en esta misma página).
Sin embargo, a pesar de conocerse esas maniobras, no dejan de aparecer dirigentes y charlistas televisivos que compiten en ver quien elogia con más fervor y menos vergüenza a la gigante farmacéutica. Y ponen tanto empeño que hay derecho a desconfiar sobre las razones o estímulos que los movilizan.
En tanto, desde Estados Unidos partieron varios funcionarios de la Casa Blanca en una gira por América del Sur para ejercer fuertes presiones a los gobiernos de la región en favor -oh casualidad- de la misma empresa. Y debe decirse que no les fue mal. Brasil, por ejemplo, llegó a bloquear un acuerdo con Rusia argumentando «desconocimiento» de la eficacia de la vacuna Sputnik-V, que es considerada, en los estudios comparativos, como la de mejor desempeño contra el Covid-19.
Las expresiones de Bullrich generaron indignación y repudio en las redes sociales. No es para menos pues es muy difícil encontrar una manifestación más odiosa y de mayor indiferencia por la soberanía nacional sobre un territorio tan caro a los argentinos como las Islas Malvinas.
Sin embargo no deberían extrañar tanto esas declaraciones. El concepto de nación o de patria nunca estuvo muy arraigado en el discurso y la idiosincrasia del macrismo. Y por una razón muy sencilla. Ese espacio político representa como ninguno otro los intereses económicos más concentrados que son, a su vez, fuertes aliados del poder económico transnacional. O acaso no tuvimos en el gobierno de Macri un ministro de Energía que aterrizó desde la Shell, o un ministro de Hacienda que llegó de la banca Morgan y el Deutsche Bank.
Un antecedente que muestra el escaso apego al sentimiento patriótico lo brindó el propio Macri cuando el 9 de julio de 2016, en la celebración del Día de la Independencia, en Tucumán, se dirigió al «querido rey» de España -especialmente invitado al acto- para hablarle de «la angustia de los patriotas» por independizarse de la entonces metrópoli colonial.
Hay una línea que une ambas expresiones, la de ayer y la de hoy, y hay que tener vendas muy gruesas sobre los ojos para no verla. Varios años atrás Macri se había referido con tono despectivo a las Malvinas expresando que su eventual recuperación «significaría un fuerte déficit para Argentina» y reconoció «no entender» el fervor que despiertan esas islas en un país que tiene un territorio tan extenso.
El pedido de disculpas que ensayó Bullrich por sus expresiones no alcanza para ocultar la indiferencia que ella y el espacio al que pertenece sienten por una reivindicación anticolonialista tan cara a los argentinos.