Marcha atrás con la redistribución

La batería de anuncios económicos del gobierno nacional constituye básicamente una distribución regresiva de la riqueza que genera todo el país.
Las medidas responden a la más pura ortodoxia neoliberal: liberación del dólar y del comercio exterior, eliminación de toda restricción al ingreso de capitales extranjeros, sin plazos ni depósito de garantías ni orientación hacia la inversión productiva, libre disponibilidad para girar utilidades al exterior… A ese paquete debe sumarse la inminente eliminación de subsidios a las tarifas públicas que impactarán con mucho mayor fuerza en los sectores populares aunque se haya anunciado que se mantendrán en los segmentos de menores ingresos.
Entre los anuncios no hubo ninguna mención a políticas que amortigüen el impacto en los millones de asalariados y jubilados que son los más desprotegidos y constituyen la mayor población del país.
El solo anuncio de la liberación del tipo de cambio ya había desatado una estampida en los precios de los alimentos básicos de la canasta familiar. Ante esa reacción especulativa el gobierno desechó medidas que apunten al control de precios de productos de primera necesidad. En su lugar habló de un acuerdo con las empresas para retrotraerlos al 30 de noviembre, aunque previo a esa fecha, y durante todo el mes, se registraron notables aumentos que erosionaron la capacidad adquisitiva de los salarios.
Los economistas heterodoxos sin excepción alertaron que el camino elegido por el gobierno tendrá como consecuencia inmediata una enorme transferencia de la riqueza del país hacia los sectores del complejo agroexportador, ya beneficiados por la quita de las retenciones. Así volverá a crecer la brecha de la inequidad entre los segmentos más ricos y más pobres, invirtiéndose la tendencia que había logrado afianzarse durante el ciclo kirchnerista.
La reducción del valor de nuestra moneda en relación al dólar implica un derrumbe en el nivel de los salarios, que es lo que venían reclamando los más poderosos empresarios del país, quienes se quejaban del “alto nivel” de los sueldos en Argentina con respecto a los que se pagan en Brasil o México.
La industria que se alimenta del mercado interno verá perder a dos bandas. Por un lado a causa de la retracción en el consumo, y por otro debido a la apertura de las importaciones de manufacturas de países con salarios muy inferiores a los que se pagan aquí.
Desde el macrismo se utilizó como justificativo de estas medidas la devaluación de la moneda en más de doscientos puntos durante los últimos ocho años del ciclo kirchnerista. Lo que no se dijo es que a lo largo de ese lapso el gobierno anterior fue regulando el valor de la moneda y, a la vez, incrementando el nivel de los salarios y jubilaciones por encima de la devaluación. Por no hablar de los controles de precios mediante acuerdos como el programa “precios cuidados”. En síntesis, las políticas activas del Estado nunca dejaron liberadas las variables económicas a la “mano invisible” del mercado porque, como se sabe y ahora se vuelve a ver en toda su magnitud, siempre actúa beneficiando selectivamente a unos y perjudicando a otros.