Inicio Opinion Marchan contra el terricidio

Marchan contra el terricidio

MUJERES INDÍGENAS POR EL BUEN VIVIR

Las hermanas del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir están marchando hacia la capital argentina, para poner en la agenda pública la problemática de los pueblos originarios desde la mirada de sus mujeres.
IRINA SANTESTEBAN
El movimiento arrancó el 14 de marzo para mostrar lo que está invisibilizado desde hace siglos: los reclamos de sus pueblos, desde la mirada de quienes son las principales afectadas por la marginalidad en la que se encuentran: sus mujeres.
Si bien es una organización horizontal, una de sus referentes es la weichafe mapuche Moira Millán, quien desde hace años viene luchando por el reconocimiento del derecho de su pueblo a sus territorios ancestrales, continuamente avasallados por los Estados nacional y provincial. En esas tierras se han instalado latifundistas como los hermanos Benetton y el magnate Joe Lewis, que las han «adquirido» a pesar de pertenecer al pueblo mapuche, que tiene el derecho constitucional a sus «territorios ancestrales». Sin embargo, para el poder político y económico, el Poder Judicial y la fuerzas de seguridad, los mapuches son los «usurpadores» y son perseguidos por esa falsa acusación.

Caminata ancestral.
En su declaración, las hermanas expresan su resolución a poner en la agenda política, sus reclamos. «Mientras no tengamos justicia, para ellos no habrá paz», comienza el documento que llevan a Buenos Aires. Lo harán caminando, porque «cuando la boca se cansa de gritar, es necesario entonces hablar con los pies», para contar aquello que no se les ha permitido narrar con palabras.
Salieron desde Puel Mapu (teritorio mapuche) en Chubut, para continuar por diferentes pueblos y ciudades como Esquel, El Maitén, El Bolsón, Villa La Angostura, etc., recorrieron Río Negro y llegaron a Bahía Blanca, sumando también a hermanas de La Pampa. En la región Noreste, la caminata salió de Roque Sáenz Peña, Chaco, con mujeres pertenecientes a comunidades Qom y Diaguita, pasando por Resistencia, Paraná y Rosario.
En Salta, provincia en donde existen nueve pueblos originarios, el punto de partida fue Tartagal, de la comunidad tapieté, desde donde arribaron a la capital luego de recorrer 360 kilómetros. De allí siguieron hasta Tucumán, La Rioja hasta que finalmente arribaron ayer a Córdoba, donde se sumaron más hermanas del pueblo komichingón. Luego de ir a Rosario, seguirán hasta Buenos Aires, donde llegarán el 22 de mayo.

Libertad.
En esa fecha se conmemora el 211 aniversario del Cabildo Abierto que culminó en el primer gobierno patrio, tres días después, el 25 de Mayo. Si bien ese «grito de libertad» de las antiguas colonias españolas no integró a los pueblos originarios, en las campañas por la independencia sí hubo participación de indígenas. Algunos patriotas tenían una visión amplia respecto a la integración de los mismos, como Juan José Castelli, quien en 1811, ejerciendo el gobierno en Chuquisaca, proclamó el fin de la servidumbre indígena en el Alto Perú, anuló el tutelaje y otorgó a los integrantes de los pueblos originarios los mismos derechos políticos que a los criollos. También combatió la práctica de la iglesia que, bajo la excusa de difundir la doctrina cristiana, sometía a servidumbre a los indígenas. El 25 de mayo de 1811, Castelli conmemoró el primer aniversario de la gesta de Mayo en Tiahuanaco, con todos los caciques y rindió homenaje a los antiguos incas.
Dos siglos después, y a pesar del reconocimiento de sus derechos en la Constitución Nacional, las comunidades indígenas siguen viviendo en la marginalidad y la pobreza, sin acceso a la tierra ni a servicios de salud y sin respeto a su cultura.

Postergación.
Salta, desde donde partieran las hermanas de la comunidad tapiete, es la provincia con más etnias: wichí, toba, chorote, tapiete, guaraní, calchaquí, diaguita, etc. El denominador común es la postergación social y económica, además de la violencia institucional histórica que se ha ejercido sobre quienes viven en territorios alejados, de difícil acceso, sin siquiera contar con agua potable. Esta situación no es desconocida para ningún gobierno, pero fue a principios de 2020, antes de la pandemia, cuando adquirió nuevamente notoriedad, ante la muerte de algunos niños de la etnia wichí en Salta, por desnutrición. Ya en 2019, esos territorios habían sido visitados por organismos internacionales como la Unesco y la Cruz Roja, quienes hicieron severas advertencias al Estado argentino sobre la afligente situación de las comunidades.
Recientemente hubo tres nuevos casos de muertes por desnutrición infantil, y resulta indignante ver que las autoridades sanitarias pretenden culpabilizar a las familias originarias por sus «pautas culturales». Sin acceso a centros de salud en sus territorios, alejados de los centros urbanos donde hay hospitales, a veces deben recorrer kilómetros para recibir atención médica, que en muchos casos, llega tarde.
En esta situación, son las mujeres quienes más sufren la violencia económica y sanitaria, y también el machismo en sus comunidades, casi todas con caciques varones. Cuando llegaron a Salta el 3 de mayo, las mujeres tapietes denunciaron esta situación en la asamblea que se realizó en el anfiteatro del Parque San Martín y en la marcha que tuvo lugar en la plaza 9 de Julio. Se hizo presente Moira Millán, quien reclamó que el «terricidio» sea considerado un crimen de lesa humanidad y lesa naturaleza.
Desde Salta partieron hacia Tucumán y La Rioja, donde dos hermanas tuvieron inconvenientes de salud, que las obligaron a quedarse, mientras el resto llegaba ayer a Córdoba, donde se realizó una asamblea en la plaza Colón, renombrada por las comunidades como plaza Komichingona. Allí, las copleras denunciaron el extractivismo, el desmonte y la acción de las multinacionales, que son los reclamos que quieren llevar a Buenos Aires el 22 de mayo.

Objetivo político.
En diálogo con LA ARENA, Moira planteó que la caminata llegará a Buenos Aires con mucha expectativa porque desean «instalar en la agenda social el tema del terricidio», para «ponerle límites al extractivismo y a la misoginia, y a todo lo que implica dolor y muerte en nuestros territorios».
Consideró un «éxito político» haber alcanzado el objetivo de marchar desde diferentes regiones donde se encuentran hasta la capital, y haber realizado no sólo la caminata, sino también asambleas en pueblos, ciudades y parajes, donde pusieron «en diálogo nuestras propuestas y escuchamos todos los dolores, las preocupaciones y la lucha de los pueblos».
Para la referente mapuche, esta movilización «inscribe en la historia argentina un capítulo inédito» y cifra esperanzas en sus reuniones con diferentes sectores sociales, a la vez de que sus propuestas sean «escuchadas y modificada la actual situación».
Aclaró que no se está llamando a una movilización masiva porque en medio de la situación de pandemia, las hermanas «amamos y resguardamos la vida» y sería «irresponsable convocar a grandes marchas». Serán sesenta mujeres del movimiento del Buen Vivir las que llegarán a Buenos Aires y harán actividades pequeñas, pero «categóricas en la narrativa política y simbólica» del mensaje que traen desde sus territorios. La caminata será recibida con simpatía por muchos sectores; no así por los representantes de la oligarquía descendiente de los perpetradores del genocidio indígena, agrupados en la Sociedad Rural, ni por los Benetton, Lewis, Bullrich o Macri.