Matar o dominar a la otra: la esclavitud hoy

Señor Director:
Días atrás, mientras respondía a las preguntas que me hacían en una radio local, alguien llamó para preguntarme si creía que ahora hay más femicidios que antes.
Creo recordar que contesté que los problemas derivados del hecho de que se considere que la mujer es un ser, si no inferior, que debe ser condicionado en su goce y disfrute de la libertad, viene de muy lejos en la historia (que es el relato de la aventura de nuestra especie en el planeta), pero que no se ha llevado una estadística y que, por eso, no se puede contestar de modo categórico.
Si bien creo que agregué algo acerca de la importancia del problema en este momento, puedo decir que el tema retornó a mi mente más tarde y fue en esta ocasión cuando pensé que existe una relación entre esta privación que sufre la mujer y la esclavitud. Si bien hubo esclavas femeninas, la mayoría de los esclavos fueron varones, porque lo que entonces se buscaba era tenerlos como servidores para las faenas productivas, para el servicio doméstico y, como sucedió en la antigüedad, también como asesores o consejeros. Los griegos que fueron esclavizados por los romanos imperiales venían de una cultura más desarrollada y sedimentada y si bien este antecedente pudo molestar a algún amo, otros lo consideraron parte del bien que habían adquirido en el mercado de esclavos. El esclavo y todas sus capacidades eran una mercadería que se comparaba en su totalidad.
Esta relación entre la situación de la mujer y la del esclavo no es un dato desdeñable, puesto que viene a de demostrar que el hombre (principalmente el varón) se ha llegado a considerar con derecho a asumir la posición del amo, es decir, la autoridad irrestricta frente a aquello sobre lo cual impone su dominación y que, en este tren, no se pone límites: empieza con la domesticación de los animales para distintos quehaceres y necesidades, y no se detiene ante la condición humana.
Si bien las religiones nos proponen vernos como hermanos e iguales (prójimos, o sea próximos, iguales y determinados a la fraternidad), ha habido que esperar milenios para que se llegase a una enunciación de los derechos inherentes a la condición humana. Ahora tales derechos están codificados y tienen expresión en las leyes vigentes, pero precisamente esto revela o demuestra que no hay una aceptación franca y suficiente de la projimidad, puesto que necesitamos del poder de policía y de los tribunales de justicia para exigir su reconocimiento o para sancionar la conducta contraria. Y vemos que los propios jueces tardan en asumirse como quienes juzgan conductas tipificadas por la ley.
Si algo queda por demostrar en esto es el eterno problema de la humanización. Si llegaremos a vivir como humanos o si convendrá que las cárceles continúen abiertas para juzgar y penar, dominar y subordinar a cuantos les resulte posible, Sancionar a quienes pueden pensarse muy humanos, pero esclavizan o matan a mujeres.
El punto a develar es si el varón y también la mujer redimida habrán controlado finalmente la tendencia a subordinar, dominar y, de ser necesario, matar al otro.

Huelga.
Irom Sharmila, mujer india, 44 años, inició una huelga de hambre en el año 2000, por considerar que en la India no existe la democracia. Mantuvo su decisión hasta el comienzo de esta semana. Al ponerle fin tomó unas gotas de miel, su primera comida voluntaria en 16 años.
No ha logrado que la India sea una democracia plena ni que haya dejado de tener vigencia una ley que confiere facultades especiales a las fuerzas armadas. Esta ley rige en Manipur (Cachemira) desde hace medio siglo.
Irom explicó que dejaba la huelga de hambre, la más larga de la historia, para dedicarse a la política activa, en la huella del mahatma Gandhi. Y anunció que se casará. Sobrevivió porque fue obligada a internarse en un hospital, donde se le inoculaba alimento con una sonda.
Atentamente:
Jotavé