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Medalla inmerecida

El último escándalo sobre la dictadura cívico-militar que sufriera nuestro país ha sacudido hasta sus mismos cimientos a una de las condecoraciones más prestigiosas del mundo: la Legión de Honor francesa. Es que por una de esas circunstancias inexplicables (o no tanto) que mezcla política y burocracia, la distinción le había sido otorgada en su momento a Ricardo Cavallo, quien fuera diplomático argentino acreditado en Francia pero anteriormente actuara como brutal represor en la tristemente famosa ESMA.
Este ex militar, después de un largo período de ocultamiento, fue detenido en el año 2000 en México, país que aplicó por primera vez la resolución de Naciones Unidas sobre la condición imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad. Ahora, y simultáneamente con la visita del presidente Alberto Fernández a Francia hubo gestiones en el más alto nivel para que el país galo retire la condecoración al genocida. Cavallo, que fue extraditado a la Argentina había sido condenado por la Justicia de nuestro país a cadena perpetua.
Lo que resulta a todas luces muy llamativo es que la inteligencia francesa no haya detectado en dos décadas los antecedentes de alguien postulado a recibir una de las dos máximas condecoraciones que otorga el Estado de ese país. Ahora al actual presidente de Francia a quien, con algo de pudor, no le queda otra acción que llevar a cabo la petición elevada por distintos organismos y particulares apoyada en pruebas indubitables: retirarle esa distinción honorífica tan inmerecida.