Inicio Opinion Megxit: el final de otro cuento de hadas trucho

Megxit: el final de otro cuento de hadas trucho

DOMINICALES

Tras un proceso largo y tortuoso, finalmente el día ha llegado. A fin de mes, el Reino Unido de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte abandonará la Unión Europea, en lo que constituye un hito en la reversión del proceso de integración que comenzara tras la Segunda Guerra Mundial. El llamado «Brexit», que tendrá consecuencias graves para el país -desde escasez y encarecimiento de productos, hasta un posible desmembramiento del «reino unido»- deberá ser considerado un «éxito» del actual primer payaso británico, el Trump-clone Boris Johnson.

Meghan.
Con un «timing» bastante particular, los miembros más glamorosos de la corona británica, los duques de Sussex, Harry y Meghan, acaban de anunciar que se retiran de sus deberes para con la corona, y que procurarán dividir su tiempo entre Norteamérica y el reino, para lo cual esperan lograr independencia económica. Es lo que la inefable prensa amarilla inglesa ya bautiza como «Megxit», ya que es básicamente la princesa -americana y mestiza- quien desea divorciarse, especialmente, del asedio periodístico.
Prestar atención a los asuntos de la realeza no es una actividad favorecida en esta columna, que como casi toda la humanidad avanzada, prefiere la república a la monarquía. Pero hay que respetar el deseo de los británicos, que aún hoy le adjudica algún valor a su vapuleada y díscola realeza, a la que percibe como un símbolo de unidad. Veremos cuánto tiempo dura esa percepción cuando Escocia, que no quiere dejar la Unión Europea, vote por su propio independencia de Londres.
El episodio ha generado una mini-crisis en la corona, que no fue consultada previamente sobre esta movida. El anuncio se hizo, de todos los lugares posibles, a través de una cuenta de Instagram. Ah! estos milenials.
Pero el veredicto del público inglés, a tono con los tiempos que corren, ha sido favorable: si se quieren ir, que se vayan. Eso sí, que devuelvan los títulos nobiliarios. Y la guita. Eso dicen al menos las encuestas de los tabloids que venían acosando a la pareja.

Canadá.
El probable destino americano de los príncipes sería Canadá, todavía miembro del llamado «Commonwealth» británico, al punto de conservar la imagen de la Reina Isabel en sus billetes. El primer ministro Trudeau ya les twiteó su bienvenida. La principal cadena de cafeterías del país les ha ofrecido «café gratis de por vida» si se mudan allí. Oferta tentadora por cierto, pero de dudoso impacto sobre gente que acaba de gastar dos millones de dólares en la remodelación de su palacio londinense.
Las especulaciones económicas han sido las primeras en aparecer. Créase o no, con lo cara que le sale a su pueblo, la corona británica es también una buena productora de divisas, a través de sus sistemas de esponsoreos de productos, y de venta de derechos de imagen e influencia. Los príncipes salientes eran una contribución importante a ese esquema de negocios, por la frescura que aportaba a la franquicia su juventud, su rebeldía y la osadía de haber traído sangre africana a la monarquía.
No es de esperarse que esta gente tenga dificultades para alcanzar la independencia económica, y así taparles la boca a los contribuyentes británicos. Las celebridades obtienen dinero por el sólo hecho de serlo. Para no contar que parten en su emprendimiento con una considerable fortuna (la propia Meghan Markle llegó a la boda con un patrimonio de casi 3 millones de dólares producto de su carrera como actriz y modelo).

Murdoch.
Pero lo que debería debatirse a fondo aquí son los motivos por los que esta joven pareja decide renunciar a uno de los lugares más privilegiados en el mundo. Y la respuesta está en la atroz conducta de la prensa sensacionalista británica, casi toda en manos del conglomerado Murdoch.
De hecho, los negros británicos se preguntan por qué se tomaron tanto tiempo en elegir este escape del acoso periodístico, cuya base racista y chauvinista resulta inocultable. Desde hablar del «ADN exótico» de Meghan, hasta describir la historia de su familia como «un viaje de ser esclavos del algodón a miembros de la realeza, previa libertad obtenida con la Guerra de Secesión», los ataques han sido constantes. Y la reacción de la Corona al respecto, ha sido nula.
Es cierto que en Inglaterra el debate sobre el racismo no alcanza los niveles de intensidad que en otros países como EEUU, pero también es cierto que los sistemas de segregación, particularmente con el estricto sistema de clases sociales británico, no hacen mayor distingo por el color de piel.
El propio Brexit puede leerse como un episodio racista. Y es así como la Rubia Albion se va quedando más sola, más pobre, más vieja, más patética.

PETRONIO