Mitos que derrumba la elección en EE.UU.

La reciente elección presidencial en Estados Unidos sirvió para derrumbar viejos y nuevos mitos.
Uno de ellos es el que sostiene que el sistema democrático norteamericano es ejemplar. Falso. Hillary Clinton sacó más votos que Donald Trump sin embargo perdió porque la metodología del voto indirecto con colegio electoral es un anacronismo que no refleja acabadamente la voluntad que expresa la ciudadanía. Así se imponga por un solo voto de diferencia, el candidato que gana obtiene todos los electores en cada uno de los cincuenta Estados. No es la primera vez que ocurre que el ganador recibe menos sufragios que el perdedor. Lo mismo ocurrió con Al Gore y George W. Bush en el año 2000.
Otro mito es la infalibilidad, confianza y velocidad del voto electrónico. Falso. En todas las elecciones el sistema ha mostrado fallas y esta vez no fue la excepción. Al contrario, este martes fueron muchos más los lugares en donde se registraron serios problemas. Al menos en ocho Estados se reportaron fallas según informó el diario USA Today: Carolina del Norte, Colorado, Arizona, Utah, Washington, Pennsylvania, Michigan y Tennessee. En este último se inauguraba el sistema electrónico en el condado de Wilson y un “apagón” dejó fuera de servicio a todo el sistema, por lo tanto tuvieron que recurrir al papel. En Lebanon (Pennsylvania) las pantallas mostraban a los candidatos republicanos cuando los votantes elegían la opción demócrata. En el condado de Washington (Utah) solo 99 de 380 equipos tenían correctamente programadas las memorias cuando comenzó el sufragio, por lo tanto se tuvo que recurrir al papel. Y estos son solo algunos de los muchos casos de mal funcionamiento. En algunos de ellos muchos ciudadanos se cansaron de esperar y se volvieron a sus casas sin emitir el sufragio, algo permitido pues en EE.UU. el voto no es obligatorio.
La “grieta” que se ha abierto en la sociedad argentina es única en el mundo. Falso. Este invento de la prensa macrista para atacar maliciosamente al kirchnerismo oculta que en todas la sociedades existen fuertes divisiones. En nuestro continente y en Europa se han observado enfrentamientos políticos y sociales muy marcados. Y ahora en EE.UU. las elecciones revelaron la presencia un tajo profundo que separa al electorado urbano del rural; el primero votó decididamente a Clinton y el segundo a Trump. Fue tan notable este fenómeno que estuvo presente en todos los análisis sobre la jornada. Sin embargo a nadie se le ocurrió la afiebrada idea de “culpar” por esa “grieta” a alguno de los dos partidos en pugna.
Las relaciones con Argentina van a ser diferentes con Trump que con Clinton. Falso. Si bien esta afirmación ingresa en el terreno de las especulaciones, hay que admitir que nuestro país está muy lejos de figurar entre las prioridades de EE.UU. Si algún empujón o traspié nos llegara a afectar será por medidas de política exterior que adopte Washington pensando en su exclusivo beneficio como potencia hegemónica antes que en las consecuencias para este país del remoto cono sur. Argentina debería estar mucho más preocupada por alentar la unidad latinoamericana, pero pedirle eso al actual gobierno es como aguardar peras del olmo.

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