Inicio Opinion Mostraron las cartas

Mostraron las cartas

«Mendoza finalmente mostró las cartas». La frase pronunciada por el presidente de la Fundación Chadileuvú fue muy clara al aludir a la rápida aprobación de la financiación de la represa Portezuelo del Viento por parte de la Legislatura de Mendoza. Ese acelerado trámite huele a cosa previamente preparada, y no debe sorprender en una provincia que siempre supo combinar en su exclusivo beneficio la vieja táctica de negociar y, a la vez, avanzar.
En los días de la Comisión Técnica del Río Colorado, antecedente del Coirco, los cuyanos ya manifestaban la pretensión de apropiarse de un setenta por ciento de los caudales del río Grande, «su río», según sus técnicos y legistas. Ante la oposición del resto de las provincias escondieron, pero no abandonaron, la esencia de aquel proyecto y si disminuyeron sus pretensiones en cuanto a caudales, las mantuvieron en lo relativo al manejo del trasvase de aguas a la cuenca del Atuel.
Ahora queda en evidencia lo que tantas veces negaron: el principal propósito de la construcción de la represa no será la producción de electricidad, cuestionada por especialistas destacados, sino el levantamiento de un muro para desviar el agua. Tal lo ocurrido con Portezuelo del Viento: al margen de lo que la lógica técnica y política y el concepto global de cuenca indican, subrayados por un tratado que tiene fuerza de ley, los cuyanos ya habían tendido sus redes para que, en los hechos, sean ellos quienes manejen los caudales del dique cuando esté en funcionamiento. Con los antecedentes mendocinos en la materia la frase: «según indicaciones del Coirco» suena a entelequia. Al respecto el sólido ejemplo de manejo interprovincial en Casa de Piedra no parece haber servido de nada.
Pese a las chicanas y operaciones mendocinas La Pampa nunca cuestionó la obra sino su manejo y oportunidad de realizarla: el desvío del agua que le corresponde a Mendoza sin la correspondiente compensación con el trasvase desde el río Negro de los caudales correspondientes a Buenos Aires (previsto en el Tratado) perjudicará, y mucho, los desarrollos de aguas abajo.
La postura pampeana ha comenzado a cobrar fuerza en estos años de muy bajos caudales en el Colorado. Los regantes de Corfo -una entidad que nunca acompañó los reclamos de La Pampa y se llamó a silencio sobre algunos dislates generados en los más altos niveles de su provincia- están comprobando en tierra propia la irracionalidad de la acción mendocina. En su fuero íntimo seguramente late una pregunta inevitable: con bajantes como la actual ¿cómo manejará Mendoza la represa en relación a sus intereses y los de regantes ubicados aguas abajo? El ominoso antecedente del corte total del Atuel, seguramente estará presente en sus preocupaciones.
Sin embargo este análisis no se completa sin recordar que gran parte de la responsabilidad le cabe a la Nación, hoy aliada política de Mendoza.
Si estos avances continúan sin detenerse es previsible el próximo movimiento para con los reclamos de La Pampa: cuando el agua trasvasada entre a la cuenca del Atuel se nos entregarán caudales extraídos del cupo del río Colorado que le corresponde a nuestra provincia. Los de aguas abajo, claro está, también sentirán el cimbrón pero ya será tarde.
Semejante perspectiva plantea una pregunta obligada: ¿tiene sentido jugar con un fullero?