Muchas voces que quieren confundir

Nada tranquilas fueron las elecciones en Tucumán. Una combinación de urnas quemadas, actos de violencia, manifestaciones y represión policial empañó una jornada que debió ser muy distinta. Cuatro detenidos esperan una resolución de la Justicia por el acto delictivo de quemar urnas en una población del interior tucumano, entre ellos está un candidato a intendente del frente opositor Acuerdo para el Bicentenario. En los otros incidentes hubo participación activa del oficialismo.
El titular de la justicia electoral ha dicho que en las urnas afectadas -que son poco más de cuarenta- se votará nuevamente en una elección suplementaria y que los delitos cometidos no pueden considerarse fraude pues están lejos de alterar el resultado general del comicio. El escrutinio provisorio le da una ventaja de 14 puntos al oficialista Frente para la Victoria sobre la alianza opositora que esta vez logró aglutinar a radicales, peronistas, macristas y masistas.
Todo el arco partidario rechazó los actos de vandalismo y la represión policial de la noche del lunes. Ahora el jefe de esa fuerza está imputado por los delitos de lesiones, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público. La fiscal que interviene solicitó la detención del funcionario pero el juez denegó porque, dijo, no interfiere en las investigaciones.
El complicado sistema electoral tucumano no contribuyó en nada a aplacar el clima de exasperación que vivió la provincia. La insólita multitud de listas y colectoras que se concretó en más de un centenar de opciones para el votante solo aporta confusión y le da combustible a las minorías intolerantes y violentas para que alteren la armonía ciudadana que debería reinar en estas ocasiones.
Pero una cosa es condenar estos graves incidentes, con la energía que se quiera, y otra muy distinta es poner en tela de juicio todo el sistema electoral, la calidad de la democracia y, peor aún, extender las sospechas a todo el territorio nacional. Algunos nervios muy alterados de la oposición y muchas plumas -no menos nerviosas- de los grandes medios de comunicación porteños han apelado a una estrategia oportunista, cabalgando sobre la indignación popular ante estos actos repudiables generados en Tucumán han pretendido enlodar a prácticamente todo el sistema político, sembrando sospechas a diestra y siniestra sin ningún fundamento. Ninguno de ellos menciona la participación de políticos opositores en los desmanes y delitos y se concentra, exclusivamente, en la intervención de simpatizantes del FpV.
Tras la máscara de la condena a los actos de vandalismo se contrabandea una turbia desconfianza antidemocrática en el sistema electivo. Lo que se busca es generar un clima general de desconfianza para menoscabar todo el proceso electoral y restar legitimidad al gobierno que surja en las urnas el 25 de octubre. En todos los distritos electorales, salvo en tres, viene imponiéndose el Frente para la Victoria. Ese desempeño en las provincias, sumado a las recientes PASO nacionales, permite pronosticar un cómodo triunfo del Frente para la Victoria, a tal punto que la discusión dominante ya no pasa por las posibilidades de una y otra fuerza para alzarse con el triunfo sino por la definición en primera o segunda vuelta.
Ese triunfo más o menos holgado que se aguarda del FpV, parece haber sido una suerte de vía libre para las fuerzas políticas opositoras que, en tándem con los medios de prensa concentrados, se han dedicado a la tarea de enlodar todo el sistema electoral. Y no dudan en utilizar una metodología de ataques indiscriminados que puede ser gravosa para todo el sistema democrático. Queda claro que no les preocupa demasiado el hecho de que, con tal proceder, ponen en evidencia que sus convicciones democráticas son tan escuálidas como sus actuales perspectivas de ganar.