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Mucho marketing político, poca prudencia

VOLVER A LA ESCUELA

El anunciado regreso a clases para febrero, cuando todavía estamos en medio de la pandemia de Covid-19, parece más un recurso propagandístico en un año electoral que una prudente decisión.
IRINA SANTESTEBAN
La pandemia de coronavirus trajo consigo una crisis sanitaria y económica de grandes dimensiones y también innumerables problemas para diferentes sectores de la sociedad. La presencialidad en las escuelas, para evitar el contagio de las familias de niños y niñas, fue reemplazado por la virtualidad de las clases remotas, impartidas a través de Internet, lo que generó un cambio enorme en el dictado de los contenidos curriculares.

Doble trabajo.
Si frente a la reserva que están formulando los sindicatos docentes ante la eventualidad de volver a las clases presenciales, alguna persona desprevenida, para ser bien pensada, cree que es porque «no quieren trabajar», está errando el vizcachazo, y por mucho.
El 2020 no será recordado con alegría por los y las docentes. La modalidad a distancia del dictado de clases fue una experiencia muy sacrificada. Sostener a sus alumnos y alumnas frente a la pantalla, crear sistemas novedosos para mantener su atención y lograr que realicen en su casa las tareas encomendadas, corregir virtualmente esos deberes, etc., constituyó una tarea desgastante. A eso se le sumaron las reuniones con directivos, los informes sobre avances en el dictado de clases y las dificultades presentadas por diferentes motivos (niños que no se conectaban sea porque no tenían Internet o dispositivos para hacerlo, sea por las dificultades materiales y emocionales que trajo para las familias la pandemia, o económicas) hasta la entrega final de las libretas, todo de manera virtual.
Todo ello generó un estrés tremendo en los docentes y en las propias familias, donde el padre, la madre o ambos tuvieron que reinventar recursos para ayudar a la escolaridad en el hogar, como los horarios, el lugar de estudio y que los niños se mantuvieran algunas horas con la atención en el dispositivo en el cual recibían las clases.
Ello, en hogares donde había conectividad y herramientas informáticas (computadora, celular, etcétera) para tomar las clases, pues como nunca la pandemia dejó al desnudo las profundas desigualdades sociales educativas. Hogares con una sola computadora y varios niños con clases en el mismo horario, obligó a los adultos a comunicarse con el docente para que envíe las tareas en otro horario, o para que le explique personalmente un contenido que presentó dificultades.

Vuelta con vueltas.
Es muy cierto lo que ha escrito el docente de la Universidad Nacional de Hurlingham, Gustavo Galli, (Tiempo Argentino, 15/01/2021, «La vuelta tiene vueltas») acerca de la liviandad y falta de sentido común con que se está tratando el regreso a clases. Como si se tratara de una pelea entre «docentes vs. alumnos» y no de una preocupación general, cual es la de riesgo de contagio para la comunidad.
Para Galli se trata de un tema complejo, conformado por muchas variables pero lo primero que dice es que no es verdad que los docentes «no quieren trabajar». Y afirma que nunca se trabajó tanto, en jornadas eternas, sin horarios y los siete días a la semana, como en esta pandemia, para enseñar de un modo que nunca antes se había hecho. Para la mayoría de los docentes sería un alivio volver a las aulas, pero desean hacerlo sin riesgos y en condiciones sanitarias de seguridad.
Expresa que la apertura debe ser sectorizada, o sea «abrir las escuelas en las que se pueda dictar clases». Es lo que están exigiendo los sindicatos docentes: que se explicite cuál es el plan para el regreso, cuáles escuelas se van a abrir y con qué criterios, para evaluar si el regreso a clases será en las condiciones de seguridad necesarias para que un avance en materia educativa no se transforme en un desastre sanitario.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) hay muchas escuelas que no tienen personal de limpieza, y esta tarea es garantizada por las cooperativas escolares, hoy con sus arcas menguadas por las dificultades económicas que atraviesan la mayoría de las familias.
Otro problema es la falta de adecuación en la infraestructura de las escuelas, para garantizar por ejemplo, la ventilación en las aulas, donde se aconseja cambiar ventiladores de techo, que distribuyen el virus, por los de pared, que apunten a las ventanas. Además, se sugiere instalar medidores de dióxido de carbono en las aulas.
En CABA el presupuesto de infraestructura escolar pasó de 3000 millones de pesos en 2020 a 1000 millones en 2021. ¿Cómo hará Horacio Rodríguez Larreta y su ministra Soledad Acuña, para garantizar un regreso a clases seguro, en una situación sanitaria tan complicada?

Preocupación.
Los médicos cordobeses Oscar Atienza, magister en Salud Pública y Carlos Soriano, especialista en Medicina de Emergencias y magister en bioética, han publicado una declaración sobre la apertura de las escuelas: «¿Solución o riesgo?». En ella manifiestan sus dudas respecto a lo anunciado por las carteras de Educación de Nación y de las provincias.
Ambos médicos califican a la pandemia como una «grave catástrofe», no sólo sanitaria, sino que ha repercutido en todos los ámbitos de la vida. Nunca antes la humanidad había atravesado un evento similar, siendo un virus tan activo como imprevisible en relación a las decisiones que se deban tomar. Por ello, reclaman a los gobiernos mucha precaución en cuanto a las medidas que se adopten.
Atienza y Soriano no niegan la importancia de la escuela en el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes, pero expresan que en esta pandemia las escuelas dejaron de ser un lugar seguro para transformarse en sitios de transmisión de infecciones. Los niños suelen atravesar la enfermedad de manera asintomática, pero con capacidad de contagiar a sus familiares.
Mencionan los casos de Canadá, Israel, India, y otros países, donde el rebrote de los casos de coronavirus se dio en el contexto de apertura de clases.
Ambos profesionales manifiestan sus dudas respecto a los protocolos que se establezcan para el regreso a las aulas. La presencialidad obligará a los docentes a extremar los cuidados para que los niños permanezcan con el barbijo puesto, que no se lo bajen (como hacen muchos adultos), guarden el distanciamiento, no se toquen ni se abracen, después de un año en que no se ven.
La mayor preocupación de ambos médicos es la afirmación oficial sobre que si la apertura escolar fracasa, se volverá atrás con la medida. ¿A qué costo será esta «vuelta atrás»? ¿Cuántas vidas nos costaría equivocarnos?
Su conclusión es que la medida del retorno a clases es apresurada, que puede traer graves consecuencias bio/psico/sociales, como así también económicas.
Y que, estando aún en esta pandemia, con rebrotes, no es prudente apresurarse, probando lo que ya ha fracasado en otros países más avanzados.