Muchos intelectuales pero al final harán lo que diga Durán Barba

MACRI RECIBIO A COMITE DE INTELECTUALES AFINES AL PRO-CAMBIEMOS

Mauricio Macri recibió a integrantes de un Consejo Presidencial Argentina 2030. Son intelectuales que funcionarán como su consejo asesor. ¿Para qué tantos académicos si al final se hará lo que diga el gurú Jaime Durán Barba?
EMILIO MARIN
Sonó a provocación que Macri recibiera a sus intelectuales afines en el Salón Evita de la Casa Rosada, pero tratándose del mandatario que bailoteó en el famoso balcón de esa casa, al ritmo de Gilda canturreada por Gabriela Michetti, nada puede sorprender.
Como hubo gente que evocó al grupo cultural kirchnerista “Carta Abierta”, que dirigieron Horacio González y Ricardo Forster, el macrismo buscó poner distancia con esa experiencia. El economista Eduardo Levi Yeyati, dueño de la consultora Elypsis y coordinador del equipo recibido en la casa de gobierno, dijo que sus contrincantes ideológicos habían tenido “objetivos proselitistas”.
Difícil creer que ese grupo de ensayistas y economistas, muchos con frondoso prontuario en filas políticas, empresariales y gubernamentales no tenga un sentido proselitista. Y que allí estén contenidos algunos que no sean afines al gobierno, también es dudoso. Por algo no dieron ningún nombre propio no macrista. Puede no haberlo.
La reunión fue presidida por Macri y por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y los coordinadores Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, lo cual refuerza la presunción de que se trata de un proyecto político. Si hubiera sido algo más bien culturoso podrían haberse reunido con Pablo Avelluto, ministro de Cultura y Esteban Bullrich, de Educación. Es un asunto político y electoral. Tratan de vender el pobre balance de este primer año de gestión y se necesita el marketing de intelectuales amigos. Sobre todo cuando se entrará en algo más de un mes en el 2017 y su elección clave para 2019. El 12 de octubre pasado, reporteado por la agencia ANSA, Macri respondió: “En 2018, trabajando. La reelección será en 2019”. “¿O sea que no descarta la reelección?”, se le insistió. “No, para nada la descarto”, contestó.
La presentación pública del Comité Asesor 2030 debe ser entendida como parte de esa planificación de la reelección, que por otra parte es lo que hizo en su escala política por la Ciudad de Buenos Aires.

Caras relativamente nuevas.
El Comité ha privilegiado como coordinador a Levy Yeyati, una cara relativamente nueva pues nació en 1965 y si bien tuvo un rol importante en la campaña macrista de 2015, no al punto de quedar escrachado como economista del PRO. Como muchos de los suyos, le gustó navegar en esas aguas pero bajo el pabellón de “independiente”, un rótulo muy engañoso en política, tanto como creer que Jorge Lanata es un periodista de esos kilates.
En una nota de opinión en “La Nación”, donde escribe habitualmente, titulada “La trampa del desarrollo argentino” y publicada el 17 de septiembre pasado, el coordinador planteaba esta receta: “Venderles Malbec a los chinos, alimentos orgánicos a los norteamericanos o turismo aventura, a los alemanes es un buen comienzo para encontrarle la vuelta a la trampa de ingresos medios en la que estamos varados hace casi un siglo”. Si ese fuera el horizonte productivo y tecnológico de la Argentina 2030, estamos fritos.
Es Doctor en Economía de la Universidad de Pennsylvania y director de la consultora en economía, política y finanzas Elypsis. También preside el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), el principal “think tank” argentino, socio de los Coloquios de IDEA.
Hizo su carrera como Director de Estrategia de Mercados Emergentes y Jefe de Investigación para América Latina de 2007 a 2009 en el banco de inversión Barclays Capital, de capitales ingleses, donde continuó trabajando como estratega global hasta septiembre del 2010. Fue Asesor Financiero para América Latina y el Caribe del Banco Mundial en 2006-2007 y economista del FMI. La biografía recuerda: “asesora regularmente al Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, la OECD y la CAF, entre otras instituciones privadas y públicas”. Y añade: “junto con Federico Sturzenegger es el autor de una popular clasificación de regímenes cambiarios”.
Ahora los panegiristas deberán actualizar la lista y decir que coordina el comité de campaña de Macri, perdón, el Consejo Presidencial Argentina 2030.

Otros bien conocidos.
Al oficialismo no le queda más remedio que echar mano a sus viejos conocidos, a despecho de su desprestigio.
Por ejemplo, entre los asesores está Marcos Aguinis, que puede ser valorado como un muy buen escritor, al menos al cronista les gustaron muchísimo “La Cruz invertida” y “La gesta del marrano”, pero eso no lo convierte en una persona democrática y menos progresista.
En 1977 él escribió “El combate perpetuo”, sobre el almirante Brown, por pedido de la sionista asociación DAIA. Fue con el objetivo de donar su primera edición como homenaje al almirante y entonces dictador Emilio Massera.
En vez de realizar autocrítica por ese trabajo por encargo al responsable del mayor centro de exterminio, la ESMA, y de “los vuelos de la muerte”, tuvo el tupé de criticar a Estela de Carlotto y a Hebe de Bonafini. Lo afirmó en noviembre de 2015 en reportaje a Perfil: “son dos mujeres despreciables; no son genuinas defensoras de los Derechos Humanos”. Añadió: “Carlotto le dio la espalda a la cubana Hilda Molina y Bonafini es una mujer despreciable y debería ser enjuiciada”.
En ese mismo reportaje, Aguinis sostuvo que “cuando Jorge Rafael Videla asumió, parte la sociedad respiró casi aliviada, recordemos el clima que había, la presidenta era Isabelita”.
El escritor fue once meses subsecretario de Cultura y luego secretario de esa área con el presidente Raúl Alfonsín. Alejado del cargo, pasó a cobrar una jubilación de privilegio y no le importaron las críticas.
Feroz crítico del ciclo inaugurado en 2003, Aguinis trabajó estrechamente con las embajadas de Israel y Estados Unidos en contra de la integración latinoamericana. De allí que avalara toda la paparruchada de Alberto Nisman contra Cristina Fernández de Kirchner, que aún hoy continúa en forma de persecución “judicial”.
Coherente con ello, también es un colaborador de una colateral de la embajada norteamericana, llamada CADAL, Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, punta de lanza del imperio contra Cuba, Venezuela y el ALBA. El 25 de febrero pasado, con motivo de cumplir trece años de vida esa entidad, fue a compartir el festejo junto con el embajador de Suiza Hanspeter Mock, el autor de “La ONU que yo viví” Eduardo Ulibarri, y el politólogo Marcelo Camusso.

Otros tipos quemados.
Esa limitación del macrismo en cuanto a sus espadas académicas se advierte también en otros nombres del Consejo.
Uno es Juan José Llach, ex funcionario cavallista, como jefe de asesores y viceministro de Economía de Carlos Menem, procedente de la Fundación Mediterránea del grupo Arcor, crecido con la dictadura militar-cívica. Llach fue reciclado en la función pública como ministro de Educación por Fernando de la Rúa, en 1999-2000, cuando dejó esa cartera en manos de Hugo Juri, actual rector neoliberal en la Universidad Nacional de Córdoba y también integrante del Consejo Presidencial Argentina 2030.
Luego de estar en la Fundación Mediterránea entre 1981 y 1986, Llach ganó un premio otorgado por la Adeba, Asociación de Bancos de la Argentina, un lobby del capitalismo parasitario si los hay y gran responsable de la brutal crisis de 2001-2002.
Siempre vinculado al mundo de los negocios, desde 2007 o antes y hasta la fecha, Llach está en los paneles del Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial Argentino, en Mar del Plata. Así lo hizo en el 51º Coloquio, en octubre del año pasado, cuestionando algunos aspectos del sistema tributario aunque luego no se le conoció crítica a la eliminación de las retenciones a las exportaciones cerealeras y mineras y la disminución de la de la soja.
Llach fue y vino de la función pública, pero siempre desde su puesto de director de la Universidad Austral, privada, y reputada como parte del Opus Dei.
Otro personaje del Consejo es Javier González Fraga. El radical fue titular del Banco Central con Alfonsín y llevó a la hiperinflación de 1989; luego volvió a ese banco y puesto con Menem, reincidiendo en la inflación.
Desde entonces no ocupa funciones estatales, por razones obvias, y se dedica a sus negocios y consultoría privada. El macrismo también lo usa para poner en duda el número de pobres que generó, como cuando en julio pasado declaró que no creía que el aumento de la pobreza fuera tanto. Antes había disculpado a Macri por las cuentas off-shore porque “tener dinero afuera es casi una necesidad para sobrevivir”.
Quizás lo más recordado de González Fraga fue su crítica al gobierno anterior y justificación del ajuste actual en reportaje a Luis Novaresio en La Red, en mayo pasado: “venimos de 12 años en donde las cosas se hicieron mal. Se alentó el sobreconsumo, se atrasaron las tarifas y el tipo de cambio. Donde le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”.
Se planteó al inicio. ¿Para qué tantos asesores si al final Macri va a hacer la fácil, la que le indique el gurú ecuatoriano?

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