¿Muerte súbita?

COSAS QUE PASAN

Un mazazo en la cabeza recibió el kirchnerismo cuando pasaron por TV la tragicomedia de José López arrojando millones de dólares por encima del tapial de un convento. Enseguida se revolvió el avispero adentro y afuera de ese espacio político. Adentro, por las fugas (algunas ciertamente oportunistas) que precipitó el escándalo; y afuera, por ver quién da el peor diagnóstico de las huestes K. Algunos dicen que entró en coma; otros que está descuartizado, los más entusiastas ya quieren verlo muerto. No es la primera vez que le diagnostican semejante cuadro a los K. Hasta ahora los “médicos” le erraron fiero a pesar de que son muchos (y algunos muy poderosos) los que quieren enterrarlo. ¿Tendrá trabajo esta vez el sepulturero o habrá que decir, como Don Juan Tenorio: “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”?

No pasarán.
Igual que el 25 de Mayo en Buenos Aires, este Día de la Bandera en Rosario volvieron a verse altas vallas en una jornada patria. Parece que el Presidente no confía mucho en las demostraciones de fervor popular y acudió otra vez al auxilio de los muchachos de Gendarmería. Nada de abrazos, besos o apretones de manos junto a la multitud como hacían Néstor y Cristina Kirchner. “Eso es cosa de demagogos peronistas”, dijo un pulcro militante M. Lo cierto es que en Rosario una multisectorial de comerciantes, empresarios Pyme, vecinos y gremios pretendieron acercarse al Presidente para reclamarle por el cierre de empresas, tarifazos y despidos. No tuvieron suerte. Los pararon varias cuadras antes y ni disfrazados con guardapolvos de la primaria los dejaron pasar.

Obsesionados.
La avidez de algunos periodistas clarinetistas por encontrar bóvedas repletas de dinero ya causa risa. No terminaron las retroexcavadoras de dar vuelta media provincia de Santa Cruz sin encontrar una sola bóveda (ni hablar de billetes) que ya se lanzaron sedientos de escándalo sobre el ahora famoso monasterio de General Rodríguez para salir, otra vez, con esa historia de las bóvedas con dinero. Y otra vez hocicaron. No fue un K, sino un M (el intendente de ese partido), el que tuvo que salir a poner un poco de sensatez ante semejante disparate al señalar que no eran bóvedas sino criptas, es decir tumbas. Con leer un poco de historia, los histéricos periodistas se hubieran enterado de que las sepulturas en los conventos religiosos son más antiguas y comunes que el pasto en los baldíos. Parafraseando la canción: “que lo tiró estos buitres / junagransiete / horas y horas en la tele / hablando al cuete”. (RAM).

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