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Muy oportuno tirón de orejas

Dos juezas instaron al Estado provincial a asumir un rol más activo a la hora de establecer mecanismos que garanticen el cobro de la cuota alimentaria en el caso de parejas separadas. Las magistradas, integrantes de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial, concedieron un recurso de apelación a una madre en representación de sus hijas de 14 y 16 años, quien planteó las serias dificultades que se le presentan para el cobro efectivo de la cuota. El caso involucra a un policía de la provincia, por tal motivo las camaristas expresaron en su resolución que los organismos públicos pertinentes deberían proceder al descuento automático del monto establecido de los haberes que percibe el uniformado.
En su resolución las juezas también objetaron el fallo de primera instancia que ignoró este mecanismo y complicó innecesariamente la gestión de cobro. Pero dijeron algo más: expresaron que existe una «propagación de reclamos» de esta naturaleza porque se deja librado el cumplimiento de la cuota alimentaria a la exclusiva voluntad de la parte obligada, en tanto el fatigoso control del trámite recae en la contraparte.
El señalamiento de las integrantes del tribunal es muy oportuno y está fuera de toda duda. Es bien conocido que se trata de un problema muy extendido y que involucra, por lo general, a madres separadas que deben luchar no solo contra los padres que se desentienden de sus obligaciones económicas para con sus hijos e hijas, sino también contra la pesada maquinaria burocrática del Estado. Y aquí están involucrados organismos que dependen tanto del Poder Ejecutivo como del Judicial.
En tiempos de grandes avances en materia de ampliación de derechos, este caso desnuda una paradoja: no se está cuidando adecuadamente el derecho básico a la alimentación de niños y niñas por parte de sus progenitores. En los casos de parejas separadas, por lo general son las madres las que asumen la ardua tarea de convivir y afrontar los cuidados de la progenie; en tanto los padres, entre otros compromisos, deben afrontar el aporte económico de rigor -cuota alimentaria- para asegurar la manutención.
Esto en la teoría, en la práctica se sabe que las cosas suelen ser muy diferentes. Si bien cada caso «es un mundo» y hay muchas formas de llegar a entendimientos -por acuerdo mutuo o con intervención de la Justicia-, es bien sabido que abundan los casos en que los padres se desligan de sus obligaciones. Y todavía más: los elevados niveles de desocupación, o de trabajo no registrado, complican sobremanera las cosas pues dificultan el cumplimiento de los compromisos y su control.
Cuando el padre trabaja para el Estado se simplifica todo. Y es lo que puntualizan las juezas. El descuento automático de la cuota alimentaria evita incumplimientos y con ello los conflictos que tanto mortifican a las mujeres porque, en no pocos casos, suelen derivar en actos de violencia. La mayoría de los hogares monoparentales están a cargo de mujeres, si el Estado no colabora adoptando una perspectiva de género se convierte en un obstáculo más.