Muy poco para poner en el arbolito de las familias argentinas

LA SEMANA POLÍTICA

Por más espíritu navideño que quieran poner las familias argentinas, en la medianoche del martes no abundarán felicidad ni regalos. Al menos para la mayoría éstas serán fiestas entre modestas y pobres. Macri lo hizo.
SERGIO ORTIZ
Con el kilo de asado a 200 pesos y cualquier chuchería de regalo a más de mil, esta Navidad podrá tener ánimo familiar, pero no moverá el amperímetro del consumo. Se está acabando 2018 con la tendencia recesiva que venía de antes, acentuada desde las corridas del dólar desde mayo en adelante y con los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.
Por eso los economistas estiman que la caída anual del Producto Bruto Interno andará por el 2,5 por ciento. Desde ese cielo macrista no caen regalos sino lluvia ácida para la economía, que sufren más los que menos tienen.
Pero ni siquiera derrochan confianza los que tienen forrados sus portafolios de títulos y letras. Están chochos por cuánto ganaron en estos tres años, pero tienen serias dudas sobre la política y economía en 2019 y mucho más sobre las elecciones de ese año.
Esa desconfianza del capital financiero está plasmada, paradojalmente, en el índice de riesgo país que elabora el JP Morgan, que llegó a los 821 puntos. Es la segunda peor posición regional detrás de Venezuela y pone a Argentina en el podio mundial de los países “riesgosos”. Estos deben pagar intereses más altos por la colocación de su deuda, letras y bonos, en comparación con la Reserva Federal estadounidense.
Desde diciembre de 2014 ese índice no llegaba a tanto, con la obvia diferencia de que en ese entonces el gobierno argentino lidiaba bien con los “fondos buitres”. Ahora hay “relaciones carnales” de los gobiernos de Mauricio Macri y Donald Trump, en poliamor con madame Lagarde del FMI, y sin embargo el JP Morgan no puede dibujar un número menor.
Dentro de un final de año poco auspicioso, para muchos sectores viene siendo directamente deplorable, como para los 400 despedidos de una textil en Chivilcoy, los docentes y alumnos de 14 escuelas nocturnas de la Ciudad de Buenos Aires que serán cerradas en 2019 y tantos otros que han sufrido más de la cuenta.
La pregunta es por qué en medio de esta crisis no hubo un reventón social. El gobierno contesta que fue porque dio toda la ayuda social a los más humildes. La expresidenta dijo en Ferro que la contención fue brindada por su gobierno con planes y asignaciones sociales. El cronista descree totalmente de lo primero y asigna una influencia relativa a lo segundo. Piensa que en 2018 hubo muchísimas protestas, que no llegaron a una altura mayor debido al freno y traiciones de la dirigencia cegetista. Ese fue el primer factor. El segundo: la dirigencia política opositora y seudo opositora vino instalando la idea de que lo mejor era aguardar a las elecciones de 2019.

Caso Nisman.
Cuando en 2015 la entonces coalición opositora en ciernes, que terminó conformando Cambiemos, necesitó de mayor oxígeno político para acusar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, fogoneó la causa del suicidio del fiscal Alberto Nisman. Fue presentado por los medios y parte de la justicia como un asesinato y hasta un “magnicidio”, en palabras de la jueza Sandra Arroyo Salgado, ex pareja del muerto.
Como se recordará, el fiscal había presentado el 14 de enero de aquel año una estrafalaria denuncia contra CFK y otros funcionarios y políticos “traición a la Patria” y encubrimiento del atentado contra la AMIA para favorecer supuestamente a los sospechosos iraníes, cuya culpabilidad nunca fue demostrada.
Nisman no tenía pruebas para sostener su denuncia y fue desmentido por el jefe de Interpol, Ronald Noble, quien aclaró que el gobierno K nunca había pedido levantar las circulares rojas contra los iraníes. A tal punto era eso una farsa que los jueces no habilitaron la feria judicial para tratarla. En esas complicadas condiciones, Nisman debía comparecer ante una comisión de Diputados, invitado por Patricia Bullrich, para amplificar su denuncia y procurar hacer el mayor daño posible a Cristina en ese año electoral.
Pero el denunciante no tenía ni siquiera la data prometida por el jefe de hecho de la ex SIDE, Antonio Stiusso, quien no le atendía el teléfono.
El fiscal se sintió perdido. Se desmoronaba del pedestal de la UFI AMIA con presupuesto millonario donde estaba encumbrado y le rendían pleitesía sexual muchas jóvenes modelos VIP. Iba a saltar su cuenta no declarada con más de 600.000 dólares en el Merrill Lynch de Estados Unidos y sus inversiones inmobiliarias ocultas en Punta del Este.
Allí fue que le pidió la pistola prestada a su empleado Diego Lagomarsino y se pegó un tiro en el baño de su departamento de Le Parc, en Puerto Madero. Como poco antes había hecho la denuncia contra la presidenta, ésta pasó a ser la sospechosa de instigar esa muerte, sobre todo para la oposición macrista y su pata judicial en Comodoro Py, Clarín y los servicios de inteligencia de Israel y EE UU.
A quien le interese este caso se le recomienda el excelente libro de Pablo Duggan, “¿Quién mató a Nisman?”. A lo largo de 564 páginas se analizan la pericia médica, la autopsia forense, la causa judicial, la cobertura mediática, el estilo de vida, la corrupción del muerto, las opiniones de expertos del país y el extranjero, etc, y se concluye que Nisman mató a Nisman. Que fue suicidio. Esto enlutó a su familia, pero también a la democracia, porque esa sangre hizo resbalar y caer a un gobierno progresista y facilitó el acceso del actual, bien fondomonetarista.
La tesis falsa del homicidio, sólo respaldada por una pésima pericia de la pésima Gendarmería, ha tenido un contratiempo. Arroyo Salgado renunció a la querella en nombre de sus dos hijas, argumentando necesidad de calmar las aguas familiares, y también incomprobables amenazas. Su paso atrás es otro contratiempo para el juez de la causa, Julián Ercolini, que dictó procesamientos contra el pobre Lagomarsino, al que Nisman le robaba la mitad del sueldo, y dos policías de la custodia, a los que el patrón de la UFI AMIA maltrataba como a peones.
Ojalá empiecen a soplar vientos más justos en esta causa donde se inventó un asesinato sin indicar quién o quiénes fueron los sicarios, cómo entraron al departamento, cómo salieron del baño sin dejar huellas y cómo se retiraron de Le Parc sin ver vistos, invisibles, dejando las puertas cerradas por dentro.

Tiran contra Cristina.
La esperanza en que la justicia pueda mejorar en 2019 tuvo una brisa a favor con el fallo de la Corte Suprema en el caso del jubilado Blanco, donde se reconoció su pedido de actualización de haberes no por el Ripte, que le aumentará sus haberes. En eso quedó aislado el titular del alto cuerpo, Carlos Rosenkrantz, quien consideró que el jubilado no tenía ese derecho. Encima, el resto de sus colegas le recortó sus atribuciones como presidente del cuerpo para designar personal, con lo que sus ambiciones de manejar eso casi a voluntad no podrá ser.
Junto con Rosenkrantz palidecieron las intenciones de Germán Garavano y del propio presidente, de tener una Corte que jugara abiertamente a favor del modelo neoliberal.
Aquellas expectativas de un poder independiente siguen siendo imposibles de realizar, en este contexto político concreto donde la justicia falla conociendo la billetera y el poder político del cliente, con honrosas excepciones.
Ese pesimismo se alimenta con el fallo del jueves 20 de la Sala I de la Cámara Federal donde Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi convalidaron lo actuado por Claudio Bonadío y su pedido de prisión preventiva contra la expresidenta y otros acusados en la causa de los Cuadernos de la corrupción.
Aquellos camaristas consideran que CFK fue la jefa de una asociación ilícita y la terminal donde habrían recalado todas las valijas con dólares recaudados por funcionarios, a estar de las fotocopias del chofer Oscar Centeno.
Como a Lula da Silva en Brasil, condenado e impedido de participar de elecciones donde era favorito, tampoco a Cristina se le halló el dinero supuestamente de coimas, ni en el país ni en cuentas del extranjero. El fallo dio por sentada su culpabilidad como un hecho tan cierto como que el sol sale todas las mañanas y se poner al atardecer. Esa naturalización no es fruto exclusivo de la mala formación jurídica de Bonadío ni de la dupla de camaristas promovidos por Macri. Es un plan oficialista para hundir a Cristina como una referente opositora en cierto ascenso de intención de voto, a contramano del declive de Cambiemos, que en el conurbano bonaerense parece una catástrofe.
La maniobra política fue anticipada el 14 de diciembre por Marcelo Bonelli en Clarín: habría fallo contra CFK y se aliviaría la situación procesal de la mayoría de los empresarios, comenzando por Ángelo Calcaterra, Paolo Rocca y Aldo Roggio. Y así fue. Se los exculpó de ser miembros de una asociación ilícita para imputarles el pago de coimas, cohecho, un delito excarcelable.
No es que Clarín tenga la bola de cristal. Mucho peor, participa directa e indirectamente de la mesa chica política donde se toman las decisiones. Ahí convirtieron a Nisman en “fiscal de la República”, a Cristina en delincuente mayor y a los empresarios monopolistas en aportistas buenos pero equivocados.