Inicio Opinion Nada cambia a pesar de la pandemia

Nada cambia a pesar de la pandemia

TRIBUNA DEL LECTOR

Todos sabemos que la mayoría de los políticos y funcionarios que nos gobiernan no son precisamente carmelitas descalzas. El acceso que ellos tienen a la información y al conocimiento de las penurias que sufre la sociedad es infinitamente superior al del ciudadano común que debe conformarse sólo con lo que los medios reproducen.
¿Cuál es entonces el motivo que los empuja a la inacción a pesar de que frente a sus propias caras la injusticia y la corrupción danzan al ritmo de la desidia planificada?
Tomemos el caso del SARS Co-V.
Cualquier persona con un poco de sentido común sabía desde el comienzo de la pandemia que los lugares de hacinamiento social serían caldo de cultivo para el Covid 19.
¿Puede ser que tanto los científicos asesores del presidente, como la administración de Rodríguez Larreta ignoraran que las villas del AMBA, sin agua desde hace semanas ni atención médica adecuada, iban a generar consecuencias devastadoras para la estabilidad de la famosa «curva aplanada»?
Ramona Medina, comunicadora de la Garganta Poderosa y vecina de la Villa 31, se cansó de suplicar, pedir e implorar en todos los medios de comunicación que se habilitara la red de agua potable al barrio; nadie la escuchó. Tras el test positivo de Covid 19, fue internada y entubada por ser persona de riesgo. «Estuvieron 55 días aisladas en esa misma casa, que hoy tampoco tiene agua y ya ni siquiera tiene a Ramona, porque la acaban de intubar», denunció La Poderosa. El fin de semana, murió.

Nadie es responsable.
En cualquier área que se tome como ejemplo la inercia de los gobernantes salta a la vista.
Todo el mundo sabe que las grandes empresas exportadoras en connivencia con los administradores portuarios defraudan al fisco por millones de dólares desde tiempos inmemoriales, pero ¡oh sorpresa! Los políticos y funcionarios recién se enteran a través de denuncias anónimas.
Anualmente, el fisco nacional, víctima de una evasión endémica e histórica, pierde entre 10.000 y 15.000 millones de dólares en concepto del contrabando de las mineras, petroleras y los agro-negocios ya que con sólo una simple declaración jurada estas empresas pueden sacar del país la cantidad que se les antoja sin ningún tipo de control real. Esto sumado a los elevadísimos fletes que se pagan por no tener una marina mercante nacional permite sin duda que el comercio exterior argentino sea una de las principales hendijas por la que se fugan millones de divisas al año.
Cabe aclarar que en breve vencen los contratos de concesión de todos los puertos principales y de la hidrovía, por lo que sería factible estudiar la posibilidad de una nacionalización, pero por supuesto habrá operadores políticos y jueces que dictaminen inmediatamente la inconstitucionalidad del proyecto.
Hay siempre preguntas y casi nunca una respuesta. ¿A dónde está la igualdad y la fraternidad que tanto pregonaron nuestros constitucionalistas cuando hicieron las leyes fundamentales?
Es pertinente en este sentido preguntarse que si el 10 % del sector más rico de la población, entre ellos banqueros, supermercadistas, agropecuarios y compañías de seguro, durante el gobierno de Macri se apropió del ingreso nacional en aproximadamente 5 veces más que el resto de la población. ¿No sería justo que se les cobrara un pequeño impuesto para paliar la crisis del Covid 19?
Según el proyecto presentado por el «Frente de Todos» el gravamen sería sólo del 1 % sobre patrimonios de entre 10 y 20 millones y se incrementaría en un 1% cada diez millones extras. ¡Un impuesto regresivo!, exclamarían los poderosos. ¡Un atentado contra el sector productivo!, dispararían los grandes empresarios mientras preparan la lista de despidos para extorsionar al gobierno.

Todo igual.
Patético o previsible, nada cambiará. Ni siquiera la gravedad de una pandemia universal hará que el ser humano pueda abstraerse de su alienación histórica, no en el sentido marxista de clase, sino de pertenencia al mundo en su totalidad.
«La humanidad, que antaño en Homero era objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden» (Walter Benjamin).

Alejandro Lamaisón
DNI: 13.956.571