Nada para festejar

Las palabras del rector de la Universidad Nacional de La Pampa reflejaron en forma dramática la situación que vive esa casa de estudios, sus similares de todo el país y hasta todo el sistema de la educación pública. Los 60 años de la UNLPam. hubieran merecido, sin dudas, otra celebración, más acorde con su historia y sus logros, pero la dura realidad que está atravesando frustró esa posibilidad.
Acosadas por un gobierno nacional que no da respiro, que incumple su obligación de sostener en niveles mínimamente aceptables los salarios, los planes de obras y las actividades, las universidades argentinas han tenido que salir a la calle para exigir lo que por derecho les corresponde. Y en ese marco, el discurso del rector describió con palabras elocuentes el estado de angustia que predomina hoy en los claustros pampeanos y de todo el país.
El duro ajuste actual y el mucho más duro que se viene para el año próximo no dejan lugar para las esperanzas ingenuas. El gobierno de Cambiemos, con su ideología neoliberal y su gabinete de CEOs provenientes de familias patricias y formados en las más caras universidades privadas, no tiene entre sus prioridades a la educación pública. Lo demostró largamente y no solo en el ámbito universitario. Su promesa de “construir tres mil jardines de infantes” naufragó a poco de empezar; la intención de liquidar el Fondo de Incentivo Docente marcha en la misma dirección; el desconocimiento de las paritarias que tienen respaldo legal, la desfinanciación del Conicet, el abandono de la infraestructura escolar -la muerte de dos docentes en una escuela de Moreno fue el más dramático resultado de semejante nivel de desidia- marchan en la misma dirección.
Sin embargo el descalabro de la economía nacional es tan pronunciado y son tantas las actividades que hoy están padeciendo un verdadero calvario que las palabras del rector pampeano -“nada para festejar”- bien podrían aplicarse a un universo mucho más amplio. La salud pública, por ejemplo. La degradación del Ministerio de Salud a secretaría y su forzado amontonamiento con otras estructuras burocráticas es otra muestra de insensibilidad inaudita, a tal punto que será el primer gobierno elegido por el voto popular que lleva a cabo una transformación semejante desde la creación del ministerio hace casi 70 años. Solo dos dictaduras militares se atrevieron a hacer lo mismo. El fuerte reclamo que se alzó en todo el territorio nacional contra tamaño atropello no conmovió al gobierno que siguió adelante con su tarea de demolición.
Y así la lista de organismos y actividades afectados por este voraz ajuste fondomonetarista se torna interminable, sin que se adviertan limitaciones de tipo estratégico o siquiera humanitario. Hasta el calendario de vacunas cayó en las manos de los tecnócratas del ajuste. Varias provincias han alzado su voz por la falta de vacunas y en los últimos días se informó de la suspensión de una de las aplicaciones para la meningitis. Entre la “pesada herencia” del gobierno anterior figura un calendario de 19 vacunas, uno de los más completos del mundo; quizás por esa razón ni siquiera ante esta cuestión tan sensible para la salud pública se detuvieron los ajustadores.
Pero entre tanta calamidad hay algo que genera optimismo: la gran movilización que está logrando la comunidad universitaria para resistir el ajuste. Eso habla del nivel de conciencia alcanzado, indispensable para poner un freno a tanta depredación neoliberal.