¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Domingo 07 de junio 2026

Negando sus orígenes

Redacción 12/05/2010 - 01.13.hs

No fue casualidad que el cooperativismo y el gremialismo moderno surgieran en la misma época y en el mismo lugar cuando la Revolución Industrial mostraba toda su pujanza y toda su capacidad no sólo de producir, sino de hacerlo a costa de la explotación de enormes masas de trabajadores. Ambos instrumentos fueron el fruto de una lucha secular contra la dominación burguesa que se apropiaba del trabajo, de su plusvalía y, para hacerlo, no se detenía incluso cuando debía echar mano a los niños de corta edad para hacer funcionar sus telares en jornadas extenuantes de más de doce horas diarias. Fueron años de desesperación para ese ejército de asalariados sometidos a las peores condiciones de salubridad, hambreado, empujado a la desesperación por la codicia de un modo de producción que privatizaba en su provecho el producto del trabajo y se desentendía de la reproducción de los trabajadores que quedaba a cargo de las familias malpagadas por los mismos empresarios que luego necesitaban de esos hijos de clase obrera que, más temprano que tarde haría el relevo de sus padres en las fábricas.
Ese pasado no lo reivindican hoy los herederos triunfantes del sistema capitalista. Pero deberían hacerlo, por lo menos, quienes disfrutan de conquistas laborales largamente peleadas por la clase trabajadora en lucha donde no se ahorró sufrimientos a quienes se oponían a ese capitalismo salvaje. Miles, millones muertos pavimentan las ocho horas de trabajo, los convenios colectivos de trabajo, los seguros sociales, la estabilidad, etc. etc.
Mientras el sindicalismo trataba de defender a los trabajadores de sus patrones, el cooperativismo se erigió como una forma de eludir la trampa del capitalismo y creó, en un mar de racionalidad económica basada en el lucro, otra basada en la solidaridad que era el fundamento y la argamasa con la que se construyeron los primeros gremios de trabajadores, obreros y artesanos.
Un sistema tal, que excluía expresamente la apropiación de la plusvalía en la producción o circulación de los bienes o en la prestación de servicios, se constituyó rápidamente en un competidor tenaz y temible para el sistema capitalista pero, por sobre todas las cosas, liberó a los trabajadores de una parte de la opresión que sufrían como clase, condenados a ser siempre la variable de ajuste de las crisis que, periódicamente padecía el capitalismo.
Gremialismo y cooperativismo sirvieron así de defensa y de liberación para la clase trabajadora. El uno interponiéndose entre la voracidad de la burguesía y la indefensión de la clase trabajadora y el otro proporcionándole una alternativa de autogestión para utilizar como una herramienta la solidaridad de clase.
Un siglo y medio después, las noticias que nos llegan desde Santa Rosa indican que hay aquí quienes parecen haberse olvidado de esta historia común que comparten gremialismo y cooperativismo como instrumentos de la clase trabajadora. Un gremio parece dispuesto a echar por la borda ciento cincuenta años de historia y se niega a encarar la conformación de una cooperativa de trabajadores para prestar el servicio de recolección de residuos.
Al hacerlo no sólo ignora su propia historia y claudica en la defensa de los intereses de la clase que dice representar, sino que, paradojalmente, la obliga a aceptar unas reglas de juego nefastas para los trabajadores que hace más de un siglo fueron el origen de su propio nacimiento como movimiento obrero.

 


'
'