Inicio Opinion ¿Ni "dictadura" ni "régimen" en Bolivia?

¿Ni «dictadura» ni «régimen» en Bolivia?

Las medidas que están adoptando en Bolivia las autoridades surgidas de un golpe de Estado contra un presidente constitucional nos enfrenta a una pregunta que deberían formularse dirigentes políticos, periodistas y ciudadanos: ¿Cómo se denomina a este tipo de gobierno surgido de un acto de sedición iniciado por la elite económica al que luego se sumó la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, sin cuya participación el golpe no hubiera podido consumarse? Por mucho menos que esto Estados Unidos y un coro de países genuflexos -como la Argentina de Macri y muchos de sus vecinos latinoamericanos- usan términos como «régimen autoritario» e incluso «dictadura» para referirse a gobiernos que no comulgan con sus intereses e ideología.
Pero con Bolivia no. Donald Trump reconoció inmediatamente a la presidenta ilegítima Jeanine Añez a pesar de su origen espurio y de no ser proclamada por el Poder Legislativo. Argentina, Chile, Brasil y el resto de la derecha latinoamericana vienen realizando malabares retóricos para no hablar de golpe de Estado y no se cansan de enviar señales amistosas a la usurpadora.
En los últimos días las medidas violentas y autoritarias se han intensificado. Una de ellas es de extrema gravedad y despertó la alarma en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnesty Internacional: la eximición de responsabilidades penales a los policías y militares que reprimen la protesta social. En Bolivia ya hablan de «licencia para matar» como en los años de las dictaduras militares.
En las últimas horas se sumó la amenaza del régimen de convocar a elecciones sin acuerdo con la oposición parlamentaria, que tiene mayoría propia, y con nombres tachados de antemano. En tanto uno de los ministros del gabinete golpista pronunció una arenga contra las multitudes crecientes que protestan en las calles en defensa del gobierno derrocado, calificándolos de «enemigos» y justificando el incremento del uso de la fuerza en la represión y tareas de inteligencia interior. Sin decirlo expresamente, estas decisiones exhuman la vieja Doctrina de la Seguridad Nacional, que hablaba de «fronteras ideológicas» y de «enemigos internos», enseñada en la Escuela de las Américas por instructores norteamericanos a miembros de las Fuerzas Armadas latinoamericanas, y que fuera sostén de las dictaduras más sangrientas.
Con semejantes expresiones de autoritarismo y violencia desde la propia cúspide del poder político, con una treintena de muertos, muchos de ellos por balas policiales o militares, con centenares de heridos y detenidos, pareciera que todavía no alcanza para emplear la misma calificación que se usa tan livianamente desde Washington, con el aplauso regional, contra Cuba, Venezuela o Irán, aunque estos países tengan gobiernos legítimos, elegidos por el voto popular y están muy lejos de cometer los abusos que hoy se ven en Bolivia.
Pero lo que más desconcierta es que esta forma nada inocente de brindar protección al régimen boliviano también sea usada por espacios políticos y medios de comunicación que se dicen alejados del alineamiento automático con EEUU y sus políticas coloniales.