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No es lo mismo

I. Una conocida frase recobra plena vigencia: América Latina es un territorio en disputa. El reciente golpe de Estado en Bolivia y las masivas protestas en Chile lo confirman. Pero las operaciones -disfrazadas de periodismo- que ejecutan los grandes medios de comunicación del país y la región no buscan otra cosa que desinformar y confundir acerca de ambos procesos. Lo mismo ocurre con las declaraciones de los gobiernos de derecha, como el argentino, que se niegan a condenar el golpe en Bolivia y hasta hace muy poco elogiaban sin tapujos el «exitoso modelo chileno».
Notorias diferencias existen entre lo que sucede en Bolivia y en Chile, y es bueno hablar de ellas en momentos en que las revueltas populares en ambos países son aviesamente relacionadas por la prensa del establishment para arrimar agua a su molino.

II. El gobierno progresista de Evo Morales no quiso, ni pudo, reprimir la protesta de la derecha a pesar de los violentos ataques contra funcionarios de su gobierno. Antes bien, la Policía Nacional se acuarteló y dejó evolucionar la insurgencia, y las Fuerzas Armadas se autoproclamaron «prescindentes» pero a la hora de definirse le pidieron la renuncia al presidente. A pesar de aceptar un muy dudoso informe de la OEA que habló de «irregularidades» en el conteo provisorio de votos y de convocar a nuevas elecciones con remoción del Tribunal Electoral, la ofensiva reaccionaria no se detuvo y siguió avanzando poniendo en peligro la vida del mandatario y sus colaboradores.
En Chile el gobierno derechista de Sebastián Piñera habló de «guerra» y mandó a los Carabineros a reprimir con saña. Pero también sacó al Ejército a la calle a «combatir» contra el «enemigo interior». La actuación violenta de ambas fuerzas provocó casi una treintena de muertos, centenares de jóvenes baleados en sus ojos en una muestra de crueldad inaudita, miles de heridos y detenidos, acusaciones de abusos sexuales contra mujeres apresadas y de aplicación de torturas, secuestro de jóvenes y dirigentes sociales a quienes van a buscar y sacan de sus viviendas como en tiempos de la dictadura.
Morales promovió la sanción de una Constitución que amplió derechos a las mayorías, puso bajo protección del Estado los recursos naturales para terminar con la depredación de las corporaciones extranjeras y reconoció la pluralidad étnica de la ciudadanía del país. También adoptó medidas de gobierno que bajaron notablemente la pobreza, el analfabetismo y la desigualdad económica entre los más ricos y los más pobres.
En Chile sigue vigente una Constitución sancionada, sin debate ni elección popular de constituyentes, por Augusto Pinochet; el régimen económico heredado de la dictadura fue mantenido casi intacto por la clase política que se sucedió en el gobierno, con muy leves cambios cosméticos entre un ala «progresista» y otra «conservadora» que mantuvieron estrecho acuerdo para mantener las bases centrales del modelo neoliberal introducido bajo el gobierno militar que había asesinado al presidente Salvador Allende.

III. En Bolivia el alzamiento contra Evo Morales responde a intereses del poder económico concentrado que tiene su trono en Santa Cruz de la Sierra, que aborrecía al gobierno del «indio» y que busca recuperar sus privilegios de clase.
En Chile las movilizaciones son protagonizadas por las clases populares que quieren salir de la pobreza; que quieren tener una salud y una educación públicas gratuitas o al menos mucho más accesibles para no vivir endeudados como ahora; que se achiquen sustancialmente las abismales diferencias económicas entre la elite de las centenares de familias que son dueñas de todo, hasta del agua potable, y los millones que cobran salarios y jubilaciones de miseria que les alcanza para apenas sobrevivir.
Estas son algunas de las diferencias más claras entre Chile y Bolivia. No todas las movilizaciones tienen la misma integración de clase, ni tienen los mismos objetivos, ni se enfrentan a los mismos intereses. Que quede claro.