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«No es lo mismo»

La polémica entre Martín Lousteau y Silvia Sapag no tuvo repercusión en la prensa nacional. A pesar de tratarse de dos senadores nacionales y de abordar un tema de gran interés público. En verdad, debe decirse que las declaraciones iniciales de Lousteau sí tuvieron amplia cobertura, y de hecho fueron formuladas al canal de noticias TN, del Grupo Clarín. Fue la réplica de Sapag la que pasó desapercibida en los grandes medios porteños, lo cual impidió que el contrapunto trascendiera en su aspecto esencial.
El senador radical porteño sostuvo en la entrevista periodística que los muertos por la pandemia de coronavirus «son tres veces la víctimas del terrorismo de Estado». Lo dijo en el marco de una crítica al accionar del gobierno nacional y a un homenaje que el Presidente de la Nación había realizado a los fallecidos por Covid-19.
La réplica de la senadora neuquina, integrante del bloque del Frente de Todos, no tuvo lugar en un medio -no suele tener la misma suerte que su colega en las pantallas televisivas porteñas pues a ella no suelen invitarla a programas periodísticos- sino en el Congreso de la Nación. En uso de la palabra, en el recinto del Senado, Sapag fue muy directa al señalarle a su par el despropósito de comparar las muertes provocadas por la última dictadura con las de una pandemia que irrumpió durante un gobierno elegido por el voto popular. «No es lo mismo», enfatizó la senadora y enumeró las muchas y drásticas diferencias entre muertes provocadas por la política represiva de un Estado dictatorial que practicó el asesinato, la tortura y la desaparición de personas a una escala nunca vista en la historia del país, con aquellas generadas por una enfermedad bajo un Estado democrático que cuida a las personas, al punto de que -enfatizó la legisladora- «nadie falleció fuera de un hospital».
«No es lo mismo construir campos de concentración que construir hospitales y centros de atención para los enfermos; no es lo mismo el Estado que estuvo detrás del horror que el que está detrás de la pandemia buscando cuidarnos y proveyendo vacunas», expresó entre otros conceptos Sapag y cerró con una frase que sonó como una apelación: «no se puede comparar».
Ningún medio de los que cubren la actividad del Congreso registró respuestas de Lousteau a la intervención de su colega. No se sabe si su silencio fue porque decidió ignorar el reto o porque aceptó su error. Lo cierto es que muy poco trascendió acerca de este cruce que priva a la sociedad de un debate que merece mucha mayor atención. En principio porque desnuda las estrategias discursivas de la oposición que, si bien son mucho más evidentes en el PRO, también han terminado permeando a no pocos dirigentes del radicalismo. En la búsqueda del impacto, del rédito político inmediato, muchos representantes de Juntos por el Cambio parecen no tener límites a la hora de criticar al gobierno con acusaciones que suelen ser desproporcionadas, descabelladas y hasta peligrosas, como es el caso que nos ocupa. No puede olvidarse que llegaron a hablar del «curro de los derechos humanos» y pusieron en duda la cantidad de víctimas del terrorismo de Estado.
Y no son solo palabras; cuando estuvieron en el gobierno se negaron a repudiar el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia y ahora se conoció algo peor: ayudaron con armamento a los golpistas. ¿Pueden seguir autoproclamándose «republicanos»?