No fue solo Verna

LA SEMANA PAMPEANA

I – La Pampa se ganó en la semana el centro de la escena nacional con la decisión, a último momento, de dos de sus diputados nacionales del Partido Justicialista de pronunciarse a favor del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo. La prensa en general adjudicó la jugada al gobernador provincial pues habría sido el mandatario quien, en conversaciones con los diputados, habría terminado de definir el voto. No obstante, y con ser decisiva la intervención personal de Verna en el proceso de definición del voto de sus legisladores, explicarlo como una jugada casi personal puede pecar de incompleta al dejar sin entender el mecanismo más profundamente político que obró detrás.

II – La ley, cuya aprobación por el Senado se descuenta, pondrá a la Argentina entre los países del mundo con legislaciones más avanzadas. Pero no es un avance aislado. Forma parte de un largo camino que la sociedad argentina y sus líderes y representantes políticos iniciaron con la recuperación democrática en 1983 con una saga de leyes que secularizaron la ingerencia de la religión en el ordenamiento jurídico del país.
La primera de esas luchas fue, sin dudas, la que impulsó el ex presidente Raúl Alfonsín para permitir el divorcio vincular y la patria potestad compartida, iniciativas ambas que contaron con ofensivas confesionales de similar o peor calibre que las que se escucharon en el debate social y parlamentario por la despenalización del aborto. La decisión de Alfonsín de iniciar el debate sobre el divorcio se dio en 1987, cuando el país atravesaba una fuerte inestabilidad y la imagen del presidente no atravesaba su mejor momento.

III – El debate que vivió el país en los últimos días fue habilitado también como aquél por una decisión política de un presidente con su imagen tempranamente desgastada y en un momento de inestabilidad. Estas semejanzas no obstante no puede soslayar que, a diferencia de aquél, este proceso de discusión de un tema con fuerte influencia en la vida cotidiana de los argentinos, fue el resultado de una movilización popular que llevaba más de una década de reclamo masivo. La diferencia con la discusión del divorcio es, claramente, que esta vez el protagonismo principal estuvo no en el recinto sino en la calle con una movilización que ese día excedió largamente el millón de personas. Fue ese clamor popular, resultado de una larga lucha iniciada por un puñado de organizaciones de mujeres y masificada más recientemente, el factor decisivo. Muchas dudas y muchas indecisiones, alimentadas por tradiciones religiosas o miradas conservadoras, se aventaron cuando sus portadores (legisladores y legisladoras que debían votar el proyecto) se asomaron a los balcones del Congreso o vieron por televisión la enorme masa de personas que, pacífica y contundente hacía vigilia (esto es, vigilaba) a sus representantes.

IV – La decisión de los pampeanos de definir su voto tuvo en cuenta, de acuerdo a sus propios protagonistas, la palabra y opinión del gobernador, pero fue la lectura política de esa masiva manifestación el principal y categórico argumento que en legisladores y en el mandatario llevó a zanjar cualquier diferencia. Ante ese pueblo así reunido y así manifestando su deseo de instar a despenalizar el propio cuerpo, cayeron todas las diferencias.
En términos políticos, la decisión de definir su voto y con él la suerte del proyecto de ley como una lectura de la movilización popular, fue una clase práctica de peronismo que aplicó en el caso la advertencia del líder sobre el pueblo marchando con “los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Si Verna fue el protagonista, lo fue, por delegación de su papel de intérprete de una voluntad popular que pudo leer en términos de la responsabilidad de su investidura de representación.

V – ¿Es una sociedad que avanza hacia una democracia más plebiscitaria? ¿Es un maduración de la organización y de unidad que hace un “aprendizaje” en temas que atraviesan la política y las clases sociales y tomará otras banderas para imponerle límites al poder y a la dominación económica? Son preguntas que habilitan hacer la experiencia colectiva de la semana impulsando la ley de despenalización. En momentos en que el país se desliza a decisiones políticas que comprometen el futuro de generaciones de argentinos (que, si avanzan en los planes del FMI recibirán, ellas sí, una verdadera y pesada herencia), esta victoria de la movilización y de la unidad sobre los límites impuestos por falsos consensos anima a comprobarlo. (LVS)