No hablemos de política

DOMINICALES

Primero escuchó la voz cavernosa del Coco Basile, proclamando: “si yo jugara ahora, valdría como veinte palos”. Acto seguido y como por arte de magia, cayó sobre el escritorio del cronista un ejemplar de la revista El Gráfico (RIP) del 31 de diciembre de 1975, la número 2934. Y como en una serie de TV, quedó atrapado entonces, sin saber si podrá volver.

Millo.
El tema del año, por supuesto, era el campeonato obtenido por Ríver, luego de 18 años de sequía. Pocos de los jóvenes hinchas actuales, acostumbrados a las mieles del triunfo, reconocerían la foto de Norberto Alonso y J.J. López en la tapa, o recordarían la figura desprolija del DT Angel Labruna.
El staff de la revista -que integraban plumas como Cherquis Bialo, Ardizzone o González del Solar- reiteraba su vocación de promover un deporte “limpio, sin oscuridades”. Y se hablaba sólo de deporte, no del “Rodrigazo” que había destruido la economía nacional ese año, ni de los rumores del inminente golpe de estado que se produciría poco más de dos meses después. Es que en esa época, tal parece, deporte y política no se mezclaban.
La revista abunda en perfiles de deportistas entonces célebres, como Guillermo Vilas, que venía de un año tenístico muy bueno, y acababa de publicar su primer libro de poesías. En una foto aparece escuchando un disco de larga duración (LP). Luego del casete, el magazine, el compact disc, el MP3 y el streaming, si lo fotografíaran hoy probablemente, el sofisticado Vilas también estaría escuchando un vinilo.
Otro retrato era dedicado a Carlos Monzón, de quien se señala su cambio profundo, de ser un humilde boxeador santafecino, a codearse con famosos, actuar en cine, ganar dinero y hasta cambiar de pareja. En una foto se lo ve junto a la actriz Susana Gimenez, una modelo muy cotizada. Luego Monzón se transformaría en uno de los primeros femicidas célebres de nuestra historia. Y la Gimenez -que zafaría de esas lides- desarrollaría una carrera como celebridad, y sobre todo, su pasión por la evasión impositiva, legal y de la otra.

20 palos.
Pero es la frase de Basile la que más resuena cuando se ve el modesto fútbol de hace 43 años.
Hace poco, un ídolo retornado a Boca Juniors, manifestó, después de ganarle un partido a Ríver, que “todo ha vuelto a la normalidad”. El mismo jugador acababa de celebrar su fiesta de casamiento que duró cuatro días, incluyó a 260 invitados y tuvo lugar en dos países -con traslado en crucero incluido para todos- a un costo estimado de medio millón de dólares. Como se ve, el personaje -de orígenes humildes- no parece estar muy calificado para hablar de la “normalidad”.
El Gráfico de 1975 publicaba un listado de los jugadores seleccionados por el DT César Menotti para integrar la selección nacional que obtendría el primer campeonato del mundo en 1978. Reclamaba sin eufemismos: “que estos jugadores no se vayan del país”. ¿Cómo les iría hoy con una demanda semejante, cuando los clubes europeos se llevan a los futbolistas cuando aún son lactantes?
En otra nota, varios de esos jugadores que alcanzarían la mayor consagración mundial, eran interrogados sobre dónde y cómo pasarían sus vacaciones. Las respuestas son conmovedoras.
Alberto Tarantini anunciaba que pasaría las fiestas “en casa con mis padres y hermanos” y luego “me iré al departamento de un amigo en pleno centro de Mar del Plata”. Roberto Perfumo tenía dos invitaciones: “Una es para ir con mi señora Mabel y Gustavo por todo el tiempo que quiera al chalet de un amigo en Embalse Río III, en Córdoba. La otra es del dueño de una inmobiliaria en Mar del Plata que me amenazó con retirarme su amistad si no voy a su residencia a veranear”. Reinaldo Merlo también tenía opciones: o ir con amigos a Villa Gesell, o con sus compañeros de equipo Pedro Gonzalez y J.J. López a Punta Mogotes.
Norberto Alonso pasaría las fiestas en la casa de sus suegros en José C. Paz, y vacaciones en Mar del Plata en casa de un familiar. Finalmente Daniel Passarella -quien jugaría en Europa, sería dos veces campeón mundial con Argentina, DT de Ríver y la Selección y hasta presidente de su club- tenía planes también modestos: Las fiestas en Chacabuco con la familia, y las vacaciones en casa de parientes, en Rafaela, Santa Fe, y en Santa Rosa de Calamuchita.
¿Cuánto durará la burbuja económica del deporte profesional actual? Difícil saberlo. Mientras tanto, los futbolistas actuales, que posan de emprendedores exitosos, cuando se enriquecieron dentro de una burbuja plagada de corrupción, harían bien en recordar de dónde venimos.

PETRONIO