No hay comando, pero sí hay contraofensivas

Señor Director:
El gobernador de Entre Ríos y todo el gobierno provincial no han tenido alternativa. Luego de cinco muertes dentro del esquema bélico de la cuestión llamada de género, hubo en Paraná una reunión de los tres poderes y se tomaron algunas decisiones.
Algo había que hacer, ¿pero qué? Habida cuenta que se ha observado que si bien es fácil dictar una restricción de acercamiento al domicilio de la mujer amenazada, se hace difícil el control si el violento conserva libertad de movimientos. Es así porque la ley prevé graduar las restricciones según la gravedad del caso y la libertad es, a su vez, un derecho de toda persona. Ignoro qué se dijo y qué plan de acción comenzó a ser elaborado en dicha reunión. Según lo que ha trascendido se acordó que la orden de restricción será ahora acompañada con la puesta de tobilleras electrónicas, de modo que los movimientos puedan ser controlados desde una central. Supongo que la luz roja se enciende cuando el individuo ingresa en la zona de restricción. Y que da tiempo para que actúe la fuerza de seguridad.
Me he detenido en los detalles precedentes porque ayudan a que se tome conciencia de la magnitud insoslayable que tiene la “guerra de los géneros”. Si bien el término guerra puede parecer excesivo, dado que se configura mayormente como una tragedia entre dos (mujer y varón), creo apropiado llamarlo así, incluso porque está mostrando continuidad y aceleración, al tiempo que el saldo de víctimas (muertos y heridos), considerando la totalidad del escenario, se expresa con muchos dígitos según que la cuenta sea mensual o anual, local o nacional, nacional o mundial. Es inocultable la cantidad de sangre derramada y creo que la sociedad toda debe asumir que tenemos un problema, que de ninguna manera es solamente ajeno.
Otro aspecto a tener en cuenta es la aceleración. Decimos que un movimiento se acelera cuando aumenta la velocidad en la unidad de tiempo. En el caso de los conflictos que concluyen con femicidios (y muchas veces con víctimas no de género sino porque estaban ahí, generalmente acompañando a la mujer que ha debido asumir el conflicto). Mueren entonces hijos, padres, hermanos, vecinos. Como cuando un avión deja caer la bomba, no en el blanco, sino en un vecindario, en un hospital, una iglesia o una escuela y se dice que los que mueren son víctimas no queridas: podemos dudar de éste no querer o, peor, sabemos que la guerra actual ya no descarta el error y lo tiene asumido. Ya desde la II Guerra Mundial quedó claro que los civiles pueden ser y son objetivo, porque sin ellos los combatientes agotarían pronto su capacidad de lucha.

Jóvenes
Los llamados “accidentes de tránsito” (muchos ya no tan accidentales) se cobran sangre de personas jóvenes en la mayoría de los casos. Las víctimas, aunque no sean estrictamente jóvenes, son con la mayor frecuencia personas que están en la etapa activa de la vida. Los pasivos también caen si van como acompañantes.
Los últimos casos locales, con protagonismo de motocicletas, se llevaron vidas jóvenes, de 25 años. En un caso la familia donó los órganos aprovechables y, de ese modo, este muchacho seguirá viviendo vicariamente en el cuerpo de desconocidos.
El motociclista es la víctima más frecuente. Algunos dicen que estos conductores tienen manejo irresponsable, pero esto difiere con los casos. Lo cierto es que el vehículo que conducen los deja más expuestos.

Cannabis
La marihuana (la maría juana) va abriéndose camino con sus propiedades medicinales. Con tal bandera, su capacidad de cura o alivio de males rompe el cerco dentro del cual ha sido condicionada por su relación pecaminosa con las drogas.
Un juez federal platense ha ordenado a la obra social que suministre marihuana medicinal para usarla en una nena de año y medio, que necesita un medicamento existente basado en los valores de dicha planta.
Atentamente:
Jotavé

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