¿No hay límites para el ajuste?

El año nuevo trajo muy malas noticias para los pampeanos. A los brutales tarifazos de los servicios públicos que colgó del pino de Navidad el gobierno nacional se suma ahora la caída de los subsidios al transporte y la energía eléctrica.
Los habitantes de esta provincia vivimos hoy mucho peor gracias al denodado esfuerzo del macrismo por imponer su programa fondomonetarista. Ya perdimos el llamado Fondo Sojero, los planes de viviendas, los programas socio-educativos, la obra pública nacional, las ayudas sociales reducidas a una mínima expresión…Y a todo ello hay que agregar una imparable caída del salario y las jubilaciones que se está traduciendo en una reducción del consumo que a su vez está provocando cierres masivos de comercios que en consecuencia generan despidos al por mayor y elevan la desocupación a los niveles más altos del país.
En el colmo de la insensibilidad el gobierno nacional pretende que los Estados provinciales se hagan cargo de todas las obligaciones que ha abandonado. Al momento de escribirse esta columna el Ejecutivo pampeano dejaba trascender que no podría asumir la cobertura de los subsidios al transporte y la energía porque no dispone de los recursos para hacerlo. Si la nuestra es una de las provincias que mejor situación financiera presenta pues no registra el alto nivel de endeudamiento que asfixia a la mayoría de ellas, el muy fácil predecir el resto de las respuestas.
De ahí que la pregunta elemental que hoy se formulan los argentinos sea: ¿hasta qué niveles de degradación y sufrimiento está dispuesto a llegar el macrismo en la aplicación de su plan de ajuste? ¿No hay límite a la hora de imponer un modelo de exclusión que está dejando caer al vacío, y sin red, a la mitad o más de la población?
Un boleto de colectivo urbano a 40 pesos es inviable. ¿Deberán 30 mil pampeanos resignarse a dejar de usar la energía eléctrica y retroceder más de un siglo en sus niveles de vida por este doble castigo de aumentar la tarifa y a la vez quitar el subsidio? A propósito, hoy es más oportuno que nunca recordar aquella enorme mentira que lanzó el macrismo con el apoyo de los grandes medios aliados: “ningún país del mundo subsidia el consumo de energía eléctrica”. Un informe del FMI, nada menos, destapó esa falacia y dejó ver que ese subsidio existe en casi todo el planeta y que, incluso en aquellos países admirados por nuestra derecha neoliberal como Estados Unidos, Gran Bretaña o Chile, alcanza niveles per cápita superiores a los que aquí había durante el kirchnerismo.
Esta tremenda pérdida en la calidad de vida de los sectores medios y populares no es fruto de la casualidad o de alguna “tormenta” pasajera como le gusta decir a los funcionarios macristas. Es el producto deliberado de un plan de gobierno que solo beneficia a las elites económico-financieras y de un endeudamiento sideral que en apenas tres años volvió a poner al país de rodillas ante el FMI y sus aliados de las grandes finanzas globales. Como suele decir un ex diputado nacional: el único límite al ajuste está en la capacidad de resistencia de los ajustados.