¿No iba a ser “facilísimo”?

La inflación resultó uno de los fiascos más resonantes del gobierno de Mauricio Macri. Después de prometer en campaña que sería “facilísimo” controlarla porque es “la demostración de la incapacidad para gobernar” llegó a su tercer año de mandato con un alza de precios récord en casi tres décadas: 47,6%, muy por encima de la de 2002 (40,9%) y la de 2014 (38,5%) y solo superada por la híper de 1991 (84%).
Este estrepitoso fracaso del gobierno que se presentó como el que venía a dar cátedra de economía con el “mejor equipo de los últimos 50 años” significó un durísimo golpe para la mayoría de los argentinos. La jubilación mínima y la AUH perdieron 20 puntos el año pasado al subir el 28,3%. Infinidad de paritarias cerraron con aumentos del orden del 25% con lo cual la caída del poder adquisitivo fue peor todavía. En apenas tres años el macrismo “destruyó” el salario, para usar el mismo término que utilizó el Presidente al ufanarse ante dos poderosos financistas extranjeros durante la reunión de G-20 en Buenos Aires.
A pesar de tratarse del dato económico más importante del año pasado, en la tapa de los diarios más amigables la inflación apareció en titulares modestos. Muy diferente eran las cosas durante el gobierno anterior cuando hasta los registros mensuales -de mucha menor entidad que el total nacional- aparecía en las cabeceras de tapa con tipografía catástrofe. Y eso que nunca alcanzaron este récord en 27 años que logró el macrismo. “Periodismo de guerra” le llaman.
De la mano del gobierno Argentina figura hoy entre los cinco países con mayor inflación del mundo, lote que integra la tan meneada Venezuela, el cuco que enarboló Cambiemos -cuando era oposición- para atacar al kirchnerismo. Al final no fue por las políticas K sino por las M que hoy nos arrimamos al país caribeño. De ahí que el pronóstico del 23% de inflación para este año ya no lo creen ni los propios integrantes del gabinete económico, y menos todavía porque desde el presidente para abajo todos insisten con el mismo libreto: “este es el único camino” repiten ante cualquier micrófono que se les presente.
Este desastre económico y el empecinamiento del gobierno de mantener el mismo rumbo, hoy reforzado por la presencia tutelar del Fondo Monetario Internacional, no hace más que agravar las cosas para quienes no forman parte del exclusivo club de beneficiados integrado por el sistema financiero, el complejo agroexportador, las empresas energéticas, gasíferas, mineras y muy pocos más. Ellos son los únicos que aplauden sobre las ruinas.
Frente a un paisaje tan desolador la única preocupación del gobierno es sacar del debate electoral la cuestión económica, y para ello cuenta con el imprescindible apoyo de la prensa oficialista que no para de crear cortinas de humo y alentar debates distractivos. La demonización de la delincuencia juvenil y las pistolas Taser son enarboladas hoy por algunas figuras del gobierno y el coro de guardaespaldas periodísticos siguiendo la estrategia marketinera duranbarbesca. Se entiende; después de la paliza que la inflación le viene dando al macrismo no queda otra que volver a los globos de colores.