No todo está podrido en la Justicia

LA SEMANA PAMPEANA

I – Cuatro docentes pampeanos, víctimas del mayor escándalo judicial de los últimos tiempos, recibirán el año nuevo en libertad. El Superior Tribunal de Justicia anuló por falta de pruebas la infundada condena que se les aplicó en dos instancias acusándolos indebidamente del aberrante delito de abuso sexual contra niños del jardín de infantes de 25 de Mayo. El proceso judicial que tuvieron que soportar los docentes fue, desde el inicio, un linchamiento con ropaje jurídico. Nadie que leyera el expediente podía sacar las conclusiones condenatorias que, alentadas por fiscales y querellantes, compraron sin crítica los tres miembros del tribunal que los mandó a prisión y la sala del Tribunal de Impugnación Penal que ratificó la barbarie. No hay en todo el expediente ni en el juicio una sola prueba que indique que hubo abusos en el jardín ni fuera de él por parte de los docentes.

II – ¿Cómo pudo la justicia pampeana crear entonces ese engendro que llevó a la prisión nada menos que a cuatro docentes con trayectorias intachables? Es ésta la urgente pregunta que la justicia pampeana le tiene que responder a la sociedad. Luego de la ejemplar destrucción del mamarracho lapidatorio, luego de devolverle credibilidad al proceso penal y de enviar a la sociedad pampeana un fuerte mensaje, el órgano político del Poder Judicial es consciente que el desgaste que el fallo provocó en el sistema, no se repara solo con poner a los docentes en libertad.

III – En Rancul el Concejo Deliberante avanzó sobre las libertades constitucionales de los vecinos. En una resolución que tiene el sello inconfundible de profundizar la línea que se baja desde el ministerio de inseguridad para criminalizar la diversión juvenil, se prohíbe la salida nocturna de menores del pueblo sin autorización policial. El caso recuerda una medida similar de vigilancia que adoptó el concejo de Victorica que colocó cámaras en el interior de los boliches que se monitorean desde el municipio. En ambos casos hay detrás una ideología que subordina las libertades individuales consagradas en la Constitución a la concepción autoritaria de quien cree que los supuestos fines de sus medidas justifican los medios para supuestamente lograrlos. Ya no alcanza con irrumpir en fiestas privadas y clausurarlas por la fuerza, ni con meter presos esposados a jóvenes que toman cerveza en la cola de un boliche, ni con enviar a los patrulleros en la madrugada a cazar jóvenes al voleo, ahora se ha creado un nuevo tipo de documento, ilegal, sin el cual un joven no puede salir de su localidad para ir a un lugar nocturno. La pena para este delito de emisión de documento falso está contemplada en el código. Pero no hay quien la pueda hacer cumplir pues el que debería ir preso por este delito es, justamente, el jefe político de la policía y que la activa de tal manera que pierden el objetivo de su función que es cuidar la seguridad de las personas. El ejemplo de esta activación negativa de la policía lo dio en la semana el caso del uniformado que no dudó en cruzar un patrullero al paso de un joven que huía de un control policial y que le provocó heridas gravísimas.

IV – En la semana se supo de la advertencia del gobernador a Vialidad Nacional para que cumpla la ley y pida a Gendarmería que cuide la seguridad en los alteos que está costeada hoy por la policía de La Pampa. Nueve meses de demora para hacer un alteo de solo unos cientos de metros entre Eduardo Castex y Winifreda y una deuda con los uniformados por adicionales no abonados por el organismo nacional, colmaron la paciencia pampeana. La negligencia con que la Nación ha dejado casi a merced de la suerte el tránsito por las rutas nacionales tuvo sobre el fin de semana el color de uno de los accidentes más espantosos que dejó en el año el tránsito: una familia con sus dos pequeños hijos murió ahogada en la banquina inundada de la ruta 35 a pocos kilómetros de Realicó. El auto perdió el control en la banquina en mal estado y terminó volcando en la cuneta anegada con el trágico saldo de muerte que horrorizó a la provincia. La ausencia de medidas de seguridad y de señalización que advierta claramente los peligros de las rutas en tal estado impiden llamar “accidente” al caso. (LVS)