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Nombrar el agua, nombrar la historia

El tratamiento de la problemática de los humedales del territorio argentino por parte del Congreso Nacional puso en discusión un tema poco menos que olvidado entre los responsables de planificar el uso y la conservación de los recursos hídricos. Nunca está demás resaltar la gran importancia que tienen esas áreas tanto en el aspecto físico como en el biológico. De hecho la renovada preocupación legislativa coincide con un inquietante avance sobre los humedales por parte de intereses agrícolas e inmobiliarios, que poco o nada tienen cuenta la salud de esos sistemas ecológicos. Un buen ejemplo lo constituyen los incendios intencionales registrados en los últimos tiempos en las islas del río Paraná.
Al respecto, es digno de destacar la contribución de los legisladores nacionales pampeanos quienes, al intervenir en el debate, ilustraron sobre la importancia de los miles de kilómetros cuadrados de humedales del sur mendocino y noroeste pampeano que fueron barridos por la mano del hombre con el uso irracional de la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, alimentada por los ríos que bajan de la Cordillera de los Andes. Las crónicas y testimonios fotográficos de comienzos del siglo pasado son elocuentes al mostrar una región con tal exuberancia vegetal y animal que cuesta creer que haya sido convertida en el desierto salinizado que es hoy.
Un diputado provincial de la oposición, interesado en la realidad pampeana y en las posibilidades de intervención positiva en beneficio del ambiente, se ha mostrado interesado en una iniciativa que la Fundación Chadileuvú elevara tiempo atrás a la Legislatura pampeana sin demasiado eco: la reimplantación de la antigua toponimia que mostraba la verdadera magnitud de los humedales generados por los desbordes del río Atuel, arrebatado por la provincia de Mendoza hace casi un siglo.
Varias décadas atrás, quienes transitaban por la actual ruta 151 podían advertir a orillas del camino carteles de Vialidad Nacional que no dejaban dudas respecto a sus referencias: Isla de las Coloradas, Corral de Isla, Puesto Las Bandurrias, Paso de los Cuatreros, Arroyo de la Barda, etcétera, casi todos ellos desaparecidos -posiblemente cuando se pavimentó la ruta- y nunca repuestos en su lugar.
La decisión del legislador provincial es digna de destacarse desde todo punto de vista pues busca ilustrar y reivindicar, a partir de aquellos nombres, los derechos de La Pampa sobre el agua que, con su presencia, refrendaba la toponimia. Además, el uso del castellano es una muestra de la presencia temprana de colonos en la región. Por otra parte no está de más recordar que esta circunstancia siempre llamó la atención de los periodistas que visitaron estas latitudes para escribir o hablar sobre el tema en medios nacionales o de otras provincias. La visibilización de la catástrofe ambiental que sufrió La Pampa es otra arista que no debe desdeñarse.
No es una inversión cuantiosa la que requiere esta iniciativa en tanto que sus beneficios serán apreciados pues brindarán información histórica y geográfica valiosa a los viajeros que circulen por esa zona de nuestra provincia.