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Nostálgicos de la Edad Media

OFENSIVA CONTRA EL ABORTO DE LA IGLESIA NORTEAMERICANA

Vale la pena tomar nota de esta actitud de los sectores conservadores estadounidenses, ya que estas prácticas tarde o temprano se replican al sur del Río Grande.
JOSE ALBARRACIN
Los obispos católicos de EEUU se disponen a emitir una serie de recomendaciones que incluyen negar el sacramento de la comunión a los políticos que promuevan el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo. Ello implicaría en los hechos una excomunión del presidente Joseph Biden, católico practicante (su familia es de origen irlandés) y también un desafío a la autoridad del Papa Francisco, quien sin embargo, hasta el momento, se ha mantenido en silencio al respecto.

Religión.
Biden es apenas el segundo presidente católico electo en los casi dos siglos y medio de historia norteamericana. El anterior fue, desde luego, el malogrado John Kennedy, también de origen irlandés. El actual mandatario, además, es conocido por su estricta observancia religiosa, asiste a misa semanalmente, y es acaso el presidente más activo en su fe religiosa en los últimos cuarenta años.
La oposición al aborto, desde luego, es doctrina oficial de la Iglesia Católica a nivel mundial, pero en Estados Unidos su vigencia constituye prácticamente una política de Estado: fue impuesta en la década de los ’70 por un fallo de la Corte Suprema (el famoso «Wade vs. Roe») y desde entonces ha sido refrendado en numerosas oportunidades, pese a la resistencia de algunos sectores conservadores del Partido Republicano.
La actitud de Biden al respecto no es otra que la de respetar el derecho vigente en su país, independientemente de sus convicciones religiosas, y constituye un sano ejercicio de la separación de iglesia y Estado. Cualquiera diría que el clero norteamericano, que tiene bastantes problemas con los que lidiar, debería tener interés en mantener relaciones cordiales con un presidente perteneciente a ese culto. Pero, como en la fábula del escorpión, está en su naturaleza, no pueden evitarlo.

Medieval.
La privación del sacramento de la comunión es muy grave dentro de esa religión: se dice que el rito fue establecido por el propio Jesucristo en la última cena, y que en forma metafórica representa comer de su cuerpo y beber de su sangre, obteniendo así la gracia de dios y la pertenencia a su iglesia.
Durante la Edad Media este castigo constituía un arma política formidable para el papado, que lo ejercía a discreción. Así fue como en el siglo XI fue excomulgado Enrique IV, tan luego, emperador del Sacro Imperio Románico, que con todo su poder debió igualmente humillarse para volver al rebaño. El emperador alemán Federico II corrió parecida suerte.
Cuando el rey inglés Enrique VIII le pidió al Papa permiso para divorciarse de una de sus seis esposas -y evitar así tener que decapitarla- procedió de todos modos pese a no ser autorizado, el pontífice lo excomulgó. Práctico como buen británico, el rey procedió a romper con el Vaticano, creando la religión estatal anglicana, de cuyas prácticas opresivas huyeron los primeros colonos ingleses en Norteamérica, precursores de la actual población blanca en ese país.

Abusos.
Que en estos momentos los obispos de EEUU pretendan ejercer una presión tan seria, aparece al menos como a destiempo. Todavía no ha concluido el formidable escándalo de los curas y obispos culpables de abusar sexualmente de niños y niñas, fenómeno que fue -y es- mundial, pero que en el país del norte representó graves condenas judiciales para la Iglesia, y varios curas, obispos y hasta cardenales depuestos de sus cargos. Es que la Iglesia no sólo toleró la existencia de una virtual red de pedófilos en su seno, sino que se encargó de encubrirla, y facilitar así la multiplicación de estos abusos.
No menos polémico resulta hoy el silencio de esa misma Iglesia ante otros atentados contra sus dogmas cometidos muy recientemente. Por ejemplo, se supone que el catolicismo se opone a la pena de muerte, y poco y nada se escuchó decir cuando el ex presidente Trump ordenó la ejecución de 13 condenados en sus últimos seis meses de mandato, más de tres veces la cantidad que se habían ejecutado en las últimas seis décadas por parte del gobierno federal.
Vale la pena tomar nota de esta actitud de los sectores conservadores estadounidenses, ya que estas prácticas tarde o temprano se replican al sur del Río Grande. Argentina, que finalmente el año pasado logró abolir el delito de aborto luego de una lucha de décadas, no estará inmune a estas andanadas. De momento han habido planteos judiciales más o menos descabellados, pero no sería raro, con la exacerbación de la derecha -que últimamente ha empezado a recurrir al terrorismo- que se produzcan acciones más violentas.
Si para muestra basta un botón, habrá que tomar nota de las denuncias que salen a la luz por estos días, que revelan el sistema de espionaje montado por la administración Trump, que incluyó la intercepción ilegal de correos electrónicos de periodistas y opositores. La AFI macrista, por lo que se ve, tenía de quien aprender estas prácticas delictivas.