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Nueva apuesta al desarrollo

El lanzamiento del satélite Sacom 1B al espacio estuvo acompañado por dos anuncios relevantes por parte del ministro de Ciencia y Tecnología: nuestro país retomará la construcción del Arsat 3 y del lanzador de satélites Tronador, proyectos que fueron desactivados durante el gobierno de Mauricio Macri.
La política satelital argentina logró sobrevivir a los cuatro años de Cambiemos a pesar de los duros golpes que recibió. La desfinanciación de proyectos, la nula atención al desarrollo tecnológico nacional, el desmantelamiento de equipos de investigación no impidieron que este domingo un nuevo lanzamiento tuviera lugar desde Cabo Cañaveral, en Estados Unidos. Para ser justos correspondería decir que este nuevo logro tuvo lugar no «gracias a» sino «a pesar de» lo que sucedió en materia de apoyo a la ciencia y la tecnología durante el macrismo.
Un ejemplo alcanza para mostrarlo. En razón de haber suspendido la fabricación del Arsat 3, nuestro país se vio en la necesidad de alquilar los servicios de un satélite extranjero en 2018 para no perder una posición orbital ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Pero, como todo lo que hizo el macrismo, ese «negocio» estuvo plagado de aristas oscuras. La contratación de la empresa holandesa New Skies Satellites se hizo en forma directa, sin licitación, y le costó al Estado argentino 7 millones de euros. Pero lo peor es que el satélite alquilado ya había cumplido su vida útil en 2014 y tenía activos unos pocos equipos por lo cual el servicio que prestaba era muy limitado. Así de caro pagó el gobierno de Macri, y el país, su decisión de abandonar la construcción del Arsat 3.
El proyecto del Saocom 1B se salvó de ser desmantelado porque estaba atado a un convenio internacional con Italia. Es el satélite más ambicioso en cuanto a la tecnología que utiliza. Permitirá generar información sobre la humedad de los suelos, enfermedades de cultivos, inundaciones, incendios y derrames de hidrocarburos. Pero además podrá realizar observaciones sobre las flotas pesqueras que se despliegan sobre el mar continental argentino.
Su utilidad para agricultura permitirá que la venta de sus servicios puedan reportar utilidades estimadas en unos 7 mil millones de pesos anuales. Pero además las investigaciones que el proyecto puso en marcha permitieron notables avances en materia de tecnología de radares, lo cual sirvió para mejorar sustancialmente la construcción de equipos destinados a los aeropuertos íntegramente desarrollados en el país.
Las declaraciones del presidente de la Nación y del ministro de Ciencia y Tecnología permiten abrigar la esperanza de que, nuevamente, el país retome la senda del desarrollo de tecnologías de punta luego de la oscura noche macrista. Estos proyectos tuvieron su origen hace unos quince años y significaron un gran esfuerzo humano y económico. Abandonarlos o boicotearlos -como hizo el gobierno anterior- es resignarse al atraso y la dependencia tecnológica.
Argentina se ubicó en el lote de los poquísimos países que desarrollan tecnología satelital. Es otra forma de defender nuestra soberanía y de apostar a la evolución de nuestra ciencia sin tutelas del Norte.