Nueva embestida por el extractivismo

Uno de los rasgos más notables del neoliberalismo que campea actualmente en el mundo occidental es su falta de consideración en los detalles que hacen al medio ambiente, postergados siempre en pos de lo económico y la ganancia. Esa postura es tan firme y explícita que ha sido expuesta por los gobernantes de las grandes potencias económicas occidentales -los Estados Unidos fundamentalmente- que niegan el cambio climático, la contaminación ambiental y otros conceptos que hacen al problema.
Entre nosotros, esa actitud se ha visto avalada por el actual gobierno, de neta urdimbre neoliberal, en un aspecto vital, al tiempo que muy peligroso para el desarrollo nacional: el cuidado de los glaciares y su zona perimetral. Se sabe que al menos una cuarta parte del área desértica del país consiguió desarrollarse gracias a la creación de oasis de regadío, fundamentalmente por los ríos de la región de Cuyo. Esos ríos se originan en su totalidad en la cordillera de los Andes en su sector llamado árido, alimentándose de la acumulación de nieve y del periódico acrecimiento y derretimiento de los glaciares que están en sus nacientes. Es decir que los “ríos de hielo” son fundamentales al escurrimiento fluvial y funcionan dentro de un delicado mecanismo climático que, a su vez, repercute en la cantidad de agua disponible para riego en los valles abajeños.
Recientes declaraciones periodísticas han puesto en evidencia la irracionalidad del gobierno nacional respecto al tema señalado, acorde con el enfoque sociopolítico con que se maneja. Desde hace ya varios meses y en pro de favorecer la radicación de empresas mineras, el gobierno nacional estudia cambiar (esto es: modificar y destruir) la Ley de protección de los glaciares, alterándola en forma y espíritu. Según informes fehacientes se estudia “una reglamentación que desvirtúe la definición de glaciar y allane el camino para la instalación de mineras en zonas prohibidas”. La embestida no es nueva y reconoce como mentores a funcionarios fuertemente ligados al extractivismo, pero nunca había sido tan audaz y peligrosa. El propósito está implementado por la Secretaría de Minería -nada menos-con precisas instrucciones para ser cumplido y avalado después con la firma del presidente.
La circunstancia se inscribe claramente en los anuncios gubernamentales respecto a inversiones mineras, favorecidas por el gobierno desde sus mismos inicios con la quita de retenciones. Un detalle que curiosamente -o no tanto- ha trascendido muy poco es que más de ochenta grandes empresas, ninguna de ellas argentina, están a la expectativa de la concreción de medidas como la que se comenta. En las áreas potencialmente ricas se ubican varios glaciares cuya intangibilidad quedaría anulada si se modifica la ley que los protege.
Prima facie, la irracional medida influirá en dos aspectos, diferentes y complementarios. Uno de ellos hace indirectamente a nuestra provincia y es la tributación de los ríos con nacientes glaciarias a la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, donde no se avizora comité de cuenca alguno. Las consecuencias para los cultivos cuyanos y norteños serían graves, y bien puede decirse que ya lo son, si se recuerdan los recientes derrames de Barrick. El otro aspecto es que si grandes son los capitales que entrarían al país para la explotación minera, muchísimo mayores serían las ganancias que obtendrían amparados por un sistema que, como ya quedó dicho, se caracteriza por su falta de consideración en los detalles que hacen al medio ambiente, postergados siempre en pos de lo económico y la ganancia.