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Nueva explotación

Un nuevo impulso a la explotación salinera, a través de la iniciativa de un grupo de jóvenes empresarios, se empezó a concretar en dos nuevas áreas ubicadas dentro de nuestra provincia: Gestau y San Máximo.
Aunque conocidos desde hace mucho tiempo, y pese a contar con un elevado grado de pureza, ambos cuerpos salinos permanecían sin explotar. Esa posibilidad se veía impedida de desarrollarse por causa de distintos factores, especialmente la necesidad de capitales importantes para una explotación adecuada, a lo que se puede agregar su ubicación en un área desértica de la provincia.
Esos obstáculos parecen haber sido superados con un nuevo enfoque empresarial. La inversión en maquinaria adecuada para la extracción resulta sorprendente y está acorde con el cuidado que los organismo oficiales tiene para con estos cuerpos salinos, que en La Pampa son particularmente importantes. Además la salina se constituye en una importante fuente de trabajo para la zona, cuya actividad económica ha sido particularmente afectada desde que se desecara el río Salado-Chadileuvú por el accionar depredatorio de las provincias ubicadas aguas arriba, Mendoza y San Juan especialmente.
En verdad, en lo que es hoy nuestra provincia, la extracción de sal se remonta al menos a más de dos siglos atrás, con expediciones que partían desde la ciudad de Buenos Aires, aunque los lugares proveedores ya eran bien conocidos por los pueblos originarios desde mucho antes.
La noticia puede considerarse como verdaderamente positiva, especialmente si, además de la extracción, se promueven condiciones para comenzar a desarrollar la haloquímica, una posibilidad ideal para La Pampa tanto por la siempre vigente necesidad de la sal en las industrias liviana y pesada como por la condición prácticamente inagotable de sus yacimientos salinos. Pasar de la actividad extractiva a la industrial significaría ampliar considerablemente el horizonte económico de la provincia.

No hay que olvidar
Durante la presente semana se cumplieron 24 años del homicidio del reportero gráfico José Luis Cabezas. Su asesinato se convirtió en un símbolo del accionar de los poderes oscuros que suelen enmascararse detrás de la fachada de los grandes grupos empresarios.
Cabezas se desempeñaba en la revista Noticias y su “error” fue enfurecer a un hampón que pasaba por empresario para quien, según su propia definición, “sacarle una fotografía era peor que pegarle un tiro”. Su imagen en la portada de la revista, en una toma obtenida por Cabezas, selló el destino del fotógrafo: fue ultimado y su cuerpo incinerado en las afueras de Pinamar.
Tratándose de un país donde los olvidos son rápidos se dio una excepción: casi todo el periodismo de Argentina levantó su protesta contra el bárbaro crimen y fue mucho lo que salió a la luz. Detrás de Alfredo Yabrán había estamentos muy poderosos que intervenían en la política y la economía del país, en contubernio con sectores de la policía de la provincia de Buenos Aires, que era calificada como “la mejor del mundo”, según el entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde. Un año antes Domingo Cavallo, al frente del Ministerio de Economía, había acusado a Yabrán de ser “el jefe de la mafia” y de haber conseguido sus empresas con amenazas y extorsiones.
La repercusión del crimen fue tan grande que afectó a toda la política de aquellos años, con fuertes sospechas de vínculos oscuros y duros cruces entre los sectores menemistas y duhaldistas. La derrota electoral del PJ en las elecciones de 1999 no fue ajena a este horrendo suceso y sus derivaciones.
A casi un cuarto de siglo de distancia el hecho sigue teniendo aspectos oscuros. Los homicidas fueron condenados con muy duras penas, pero el paso de los años y las extrañas derivas de la justicia hicieron que ninguno de ellos esté hoy tras las rejas.