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Nuevo extravío del radicalismo

La Unión Cívica Radical protagoniza por estas horas una feroz persecución contra el expresidente de Bolivia, Evo Morales. Su conducción nacional se embarcó en una cruzada en busca de que el gobierno le retire el status de refugiado político lo cual implicaría el abandono de nuestro país. La contracara de tal dislate vino de la mano de algunos dirigentes de ese partido como Ricardo Alfonsín, Federico Storani y Juan Manuel Casella, entre otros, quienes se opusieron a esa avanzada fundamentalista y recordaron que «la tradición de la UCR es el amparo a los perseguidos, por lo tanto (Evo Morales) debe ser protegido y ayudado en nuestro país».
La cúpula de la UCR se dijo escandalizada por declaraciones de Evo Morales, quien le expresó a la agencia Reuters: «si las fuerzas armadas están metiendo bala al pueblo, matando al pueblo, el pueblo tiene derecho a organizar su seguridad», y de inmediato aclaró: «no con armas». Es claro que el boliviano supedita la reacción defensiva a una acción ofensiva previa del Ejército, el mismo que contribuyó a derrocarlo mediante un golpe de Estado. Y a propósito, es notable que el Partido Radical se escandalice mucho más por unas expresiones verbales que por la destitución violenta de un gobierno constitucional. La negativa a calificar como golpe de Estado lo sucedido en el país vecino alinea a la UCR junto al presidente de EEUU, Donald Trump, y de Brasil, Jair Bolsonaro.
El régimen ilegítimo de Bolivia viene protagonizando una serie de hechos gravísimos sin que la UCR muestre el mismo nivel de preocupación. Las denuncias hablan de 35 muertos y desaparecidos a causa de la represión; expulsión y hostigamiento de periodistas extranjeros, entre ellos argentinos; cercos y ataques a embajadas como las de México y España; persecución y encarcelamiento de exfuncionarios del gobierno constitucional. Nada de esas aberraciones institucionales ha merecido la misma atención que unas simples declaraciones de Evo Morales. Y para peor la dirigencia radical pretende aplicar la censura al expresidente cuando en su calidad de refugiado puede efectuar declaraciones siempre que no se refiera a la situación interna del país que lo aloja, en este caso Argentina. Pareciera que la conducción de la UCR se olvidó de tantos dirigentes propios exiliados quienes, en los países que los albergaron, llevaron a cabo intentas actividades políticas con fuertes declaraciones públicas denunciando los atropellos que entonces ocurrían en nuestra nación.
La UCR sigue superándose a sí misma en su extravío ideológico, militando con entusiasmo junto a las fuerzas más retrógradas del país y del continente. Sus socios del macrismo y la Coalición Cívica se embarcaron en la misma aventura de tinte macartista y, ellos también, están promoviendo llevar al Congreso el tratamiento de esta ofensiva.
Es evidente que con este accionar están intentando erosionar prematuramente al gobierno en un contexto internacional adverso para nuestro país. A un mes de la asunción de Alberto Fernández, las mismas fuerzas políticas que llevaron el país al desastre social y económico no dejan de hostigarlo apelando a todo tipo de estrategias de desgaste en estrecha alianza con los grandes medios porteños.