Nuevo factor que puede ser determinante

Señor Director:
“El movimiento de mujeres, travestis y trans, heterogéneo y sin jefes, produjo un hecho después del cual el sistema político ya no va a ser el mismo”.
Esto dice Horacio Verbitsky en su columna habitual de los domingos en el diario Página/12. Y lo explicita agregando que lo mismo que las patas en la fuente y las rondas de las Madres, la manifestación femenina del miércoles 19 en la metrópoli será a partir de ahora un factor determinante en el campo político. Cree que esta “revolución de las mujeres” puede tener consecuencias tan hondas y durables como las que se iniciaron el l7-10-1945 (fecha de las “patas en la fuente de la Plaza”). Estima que esta expresión femenina fertilizará todo el suelo político, tal como sucedió durante la dictadura militar (1976-83), con la resistencia pacífica de las víctimas del terrorismo de Estado y en particular con la ronda de las Madres. Verbitsky exclama: “Otra vez se manifiesta el desconcertante excepcionalismo argentino”, palabras que remiten a experiencias de nuestra realidad social y política que han permanecido en el tiempo. Verbitsky siente también necesidad de advertir que este proceso que ha de desarrollarse “no será un camino fácil”.
El mismo día, en mi columna titulada Dominicales, anuncié que “el problema feminista” ahora es una “exigencia política”. Escribí que “ese mar de paraguas negros que cubrió la plaza de Mayo, da testimonio de la madurez del movimiento feminista en la Argentina y muestra un sesgo marcadamente político”. Reclama de la política las decisiones que eliminen las diferencias culturales y sociales entre el varón y la mujer.
Hago notar esta coincidencia en la interpretación de que el movimiento femenino, acicateado por la frecuencia y duración de los crímenes calificados de femicidios, ahora ha definido un rumbo. El caso de las “patas en la fuente” recibe esta denominación por un detalle ocasional registrado en aquel 17 de octubre, pero su densidad significativa y simbólica resulta del hecho principal: la espontánea decisión de los trabajadores de no moverse de la plaza hasta que reapareciese la persona que habían reconocido como líder y también símbolo de que el trabajo asalariado argentino ya no permitiría desconocer que su consecuencia política debería marcar un punto de inflexión, sencillamente porque la sociedad argentina ya no era la del siglo XIX y se hacía necesario traducir esa realidad en cambios institucionales adecuados. No menos simbólica fue la presencia de las Madres en la plaza de Mayo, luego de haber agotado las instancias de comunicarse con quienes eran dueños entonces del poder político. Demostraron que agotada la vía de las peticiones, a la sociedad civil, desarmado y clausurado el camino electoral que prevé la democracia para la superación incruenta del conflicto, le quedaba todavía una posibilidad de expresarse para que se diese respuesta al reclamo de madres que querían saber, al menos, la suerte de sus hijos desaparecidos sin forma alguna de proceso. Y las Madres pudieron expresarse porque se ubicaron más allá del miedo, esa última barrera.
Al releer lo escrito aquí, noto que se repite la voz símbolo. No entraré en el tema complejo de lo simbólico. Lo que entiendo es que tanto las patas en la fuente como la ronda de las Madres fueron una imagen inicial que pudo entenderse como que quería decir algo que se vería, pues en algún momento se traduciría al lenguaje. Es posible que los que se quedaron en la plaza no entendieran el alcance posible de su decisión, porque ellos, en su respectiva circunstancia, desempeñaban el papel de lo simbólico. Luego, al entrecruzarse esta actitud con otras líneas de fuerza, el acto asumió la configuración conocida y marcó el momento en que Trabajadores o Madres tomaron la conciencia de su poder y cuando la sociedad toda pudo advertir que había un nuevo actor en escena.
Atentamente:
Jotavé

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