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Obligados a abrir los ojos

Sea por el cambio climático, las sequías periódicas o por ambas causas conjuntas la reducción de los caudales del río Colorado ya es muy preocupante, máxime si se estiman los futuros derrames con la escasa nieve caída hasta el momento en la alta cuenca. El panorama es particularmente alarmante en el valle inferior del río, en territorio bonaerense, donde ese fenómeno negativo que se agrega a imprevistos en la economía nacional e internacional amenaza convertirse en un enorme problema que sumará sus efectos a otros similares de años anteriores. Ya hay «estimaciones que indican que sería casi imposible tener una cosecha de cebolla satisfactoria, al igual que en el resto de las producciones de la región», expresó el administrador de Corfo, el organismo que agrupa a los regantes de esa parte de la cuenca. A lo expuesto se agrega un hecho que ya el año pasado insinuó sus riesgos: el éxodo de productores hacia otras zonas de riego menos inseguras en cuanto a caudales disponibles.
Esas circunstancias tan negativas han servido al menos para esclarecer a quienes hasta ahora se negaban a ver a toda la cuenca como una unidad hidrográfica integral, con elementos interconectados en la mayoría de sus aspectos.
También resulta adecuado recordar que para muchos integrantes de la Corporación de Regantes del valle inferior no tenía validez la idea del sistema integrado del río Colorado, y cuando los pampeaos expusieron su postura al respecto solo cosecharon indiferencia. Sin embargo bastó que la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó tuviera un par de crecidas excepcionales, que llegaron a reactivar el último de los ríos mencionados con su aporte salino al Colorado, para que la reacción llegara al absurdo de plantear una suerte de «invasión» a nuestra provincia con el propósito de destruir obras.
Acaso esa posibilidad, felizmente frustrada, haya servido para que se comprendiera la validez del concepto de unidad de cuenca. Ahora hasta los más remisos comprenden que no había tozudez en la postura pampeana y que Casa de Piedra como reservorio para los regadíos de aguas abajo también tiene sus límites.
Quizás este grave problema hidrológico y económico tenga una base -también conflictiva- en el campo de lo legal. Es sabido que el Tratado Interprovincial que regula al manejo del río sigue teniendo dos puntos débiles muy sensibles: por un lado la persistencia mendocina de construir Portezuelo del Viento a su antojo, incluyendo manejo y desvío de caudales a la cuenca del Atuel; por otro la intransigencia rionegrina que impide la concreción de un trasvase del Negro al Colorado para compensar las eventuales extracciones de aguas arriba.
Todas estas particularidades, y otras que tornan más complejo el panorama, se conocían desde hace mucho tiempo pero nunca antes habían sumado sus influencias en forma simultánea como en la actualidad.
Quizás la crítica situación se pueda resumir en las palabras del administrador de Corfo quien señaló que «este es el peor escenario desde que se riega en la zona». Esas palabras sintetizan crudamente la idea de interdependencia y complementariedad de los ríos norpatagónicos, hoy muy debilitada.