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Odiadores seriales en actos anticuarentena

"NO EXISTE LIBERTAD PARA CONTAGIAR LA MUERTE"

Por Luis Bruschtein
Los actos anticuarentena como el del 9 de Julio pasado convocan pelajes de todos los colores, algunos con protestas más legítimas que otros, pero todos con el mismo común denominador de odio y violencia. No se trata de un pequeño sector que no representa a la mayoría de los que asisten porque la violencia es generalizada, está en el tono de las consignas que gritan, en los carteles que llevan y en la actitud de los manifestantes. No puede ser de otra forma porque la convocatoria es en términos violentos y porque sus referentes se expresan en forma violenta. Los manifestantes acatan los términos como fueron convocados y reproducen las actuaciones de sus referentes.
Hay una responsabilidad política por este tipo de manifestaciones que llevan a su punto más crítico la posibilidad de convivencia con la mayoría de las personas que piensa de otra forma. Cada golpeador y agresor tiene una responsabilidad, pero la alianza Juntos por el Cambio y el grupo de periodistas afines al macrismo deberían asumir la responsabilidad principal de este fenómeno que atenta contra la posibilidad de vivir en paz y en democracia.
No hay un reclamo puntual, como puede ser una marcha por aumento salarial o en defensa de las jubilaciones. Los planteos que se escuchan ni siquiera están en relación con la consigna de la convocatoria, que se convierte en una excusa. El odio está puesto en el otro. Odian al gobierno que no es el que ellos quieren. No conciben que tendrán oportunidad de volver a votar. Si no es el gobierno que ellos quieren, hasta ahí llega el concepto que tienen de democracia.
Convertir a la cuarentena por la peste en una dictadura stalinista es de un silogismo tan simplón que no resiste la inteligencia de un mono. Reclamar por la libertad en relación con la cuarentena, un 9 de Julio, el día que los argentinos declararon su libertad frente a la corona española, es como si la corona española hiciera una marcha porque una manga de autoritarios coartó su libertad de tener a la Argentina de colonia.
Sí señor, la corona no tiene libertad para tener colonias subyugadas. Sí señor, nadie tiene libertad para infectar a otro con una peste que le puede costar la vida. Si esta gente que usurpa el nombre libertario –como se conocía a los viejos y verdaderos ácratas– reclama libertad para contagiar al prójimo, es porque entiende la libertad como su libertad y como una forma de supremacía para subordinar a los demás.
No es contradictoria esa equiparación con la corona española y los próceres de la independencia. La corona española tenía un derecho que era su fuerza militar y usaba su libertad para subordinar la libertad de los otros. Estos libertarios negativos -opuestos a la libertad- que marchan contra la cuarentena, piensan que frente a dos personas con derechos cuyos intereses colisionan, prevalece el derecho del más fuerte. No hay nada menos libertario que reivindicar la libertad del que tiene más fuerza para subordinar al otro. Esa es la esencia del autoritarismo.
Esa fue la consigna más racional de los que marcharon. En la semana se conoció la muerte de uno de estos manifestantes, el jubilado Angel Spotorno , de 64 años, militante del PRO. Spotorno tenía todo el derecho de elegir la forma de morir, incluso solo y asfixiado por el virus, como sucedió. Pero no tenía ningún derecho a poner en riesgo de sufrir esa misma muerte a decenas de ciudadanos que tuvieron contacto con él en esos actos, incluyendo a periodistas y transeúntes. No existe libertad para contagiar la muerte.
Si lo que se reclama es una cuarentena administrada, flexibilizada o lo que sea, pongan el debate en la sociedad, exhiban sus ejemplos y los argumentos científicos que sostienen esa postura. No tienen necesidad de acusar de stalinistas e insultar a los que opinan diferente. Es otro rasgo autoritario de estos falsos libertarios.
Promover el odio es la mejor forma de ocultar una propuesta que favorece los intereses de las minorías privilegiadas. Porque esas propuestas solamente pueden ser apoyadas por quienes se verán favorecidos que, por definición son muy pocos.
Cuando llegó al gobierno, el macrismo declaró una «guerra de policía» o «lawfare» que buscó despolitizar al disidente para combatirlo como delincuente común. Ese camino cierra cualquier posibilidad de diálogo.
En vez de recurrir a la misma estrategia de persecución, el nuevo gobierno planteó el diálogo con la oposición que ahora es el macrismo. Si el macrismo insiste desde la oposición con la misma estrategia de despolitizar a su adversario y tratarlo como delincuente, la política queda desplazada por una lógica de guerra de exterminio de alguno de los dos por el otro. (Extractado de Página 12).