Inicio Opinion Oficialismo, a la ofensiva; oposición todavía a la defensiva

Oficialismo, a la ofensiva; oposición todavía a la defensiva

LA SEMANA POLITICA

El macrismo viene recortando su desventaja con promesas y mentiras. En su ofensiva política también rinde culto a EEUU. El fernandismo no se atreve a jugar fuerte. Es timorato, a pesar de lo que pide un sector de sus bases.
SERGIO ORTIZ
Los ministros Nicolás Dujovne y Dante Sica vienen mintiendo respecto a una sensible mejoría de la economía. Son deseos, pero, jugados como están a ganar las elecciones, los repiten en onda goebbelsiana.
Aseguran que la inflación está bajando. Es una mentira con dosis homeopáticas de verdad, pues el INDEC informó que en junio los precios habían aumentado 2,7 por ciento, llevando la marca a 22,4 en el año. El presupuesto 2019 había estampado un 23 para todo el año, pero en el primer semestre ya se alcanzó ese porcentaje. ¿Será otra promesa incumplible para el célebre «segundo semestre»?
Hasta el FMI estima que la inflación de 2019 año andará por el 40,2 por ciento y eso siempre y cuando la cuestión política y electoral no meta la cola…
¿De quién sería la culpa si las cosas se desmadran? El gobierno echa la culpa a sus adversarios y dirá que los precios se habrán ido pum para arriba por culpa del Frente de Todos. Algunas consultoras informan que si gana Macri el dólar andará por 46 pesos, pero con Alberto Fernández costará 70 pesos. Eso se llama macrismo explícito.
Si la economía anda como el tujes es por responsabilidad del gobierno asumido en 2015 y los sectores económicos y financieros, locales y multinacionales, que lo apoyaron en sus grandes líneas y en los detalles. La mayoría del pueblo, al que otras cosas pueden serle confusas, tiene en claro que este es el gobierno de los ricos, por los ricos y sobre todo para los ricos.
Un solo dato lo refresca. El Banco Central informó esta semana las ganancias de los bancos privados en mayo: 21.398 millones de pesos, 201 por ciento más que lo ganado en igual mes del año 2018.
Los bancos públicos también tuvieron ganancias, pero mucho menores: 495 millones de pesos, 93,2 por ciento debajo de los 7.338 millones de mayo del año anterior. Con la lógica privatista y eficientista que los caracteriza, habría que despedir a Javier González Fraga, titular del Banco Nación, porque sus resultados fueron muy inferiores a los de sus colegas del Macro, Galicia, HSBC y otros. El tipo dirá que no, que él trabaja en equipo para que ganen sobre todo esos bancos privados, nacionales y foráneos.
El ejemplo puede ilustrar cómo está la campaña electoral. Esas ganancias extraordinarias de los bancos tienen muchísimo que ver con la financiación de la economía, con tasas altísimas para secar la plaza supuestamente para que baje el consumo y con él los precios. Las ganancias obscenas de la «Patria Financiera» son parte de la bicicleta financiera.

De eso no se habla.
Sin embargo, los principales candidatos no hablan del tema. En Macri se entiende, porque estaría mentando la soga en casa del ahorcado. De Alberto Fernández no se conocen medidas para terminar con esa especulación financiera. La izquierda más atrevida pide nacionalizar la banca y eso es tan lejano como Marte para el fernandismo, que tampoco se anima a proponer nacionalización de los depósitos bancarios, que no es el capital de los bancos sino propiedad de los argentinos. El Estado podría disponer de esos fondos, pagar tasas razonables a sus dueños e invertir en obras necesarias.
Esa política fue intentada por José Ber Gelbard cuando era ministro de Economía de Cámpora, Lastiri y Perón. Para el peronismo actual, arrepentido de esos pensamientos tan «soviéticos», como estigmatizó la expresidenta en Mar del Plata, no hay lugar para planteos de esa índole estatista. De eso no se habla.
El temor de esa oposición, que no la deja razonar con claridad, es que varias encuestadoras están diciendo que el macrismo le viene recortando algunos puntos de ventaja que tenía. Ahora estiman que la ventaja opositora podría ser de 4 puntos y el oficialismo confía en descontarla el 27 de octubre.
Para conseguirlo, refuerza sus líneas de campaña: infundir más miedo al kirchnerismo con acusaciones de «soviéticos» a quienes no son tales, mentiras sobre la mejora económica mientras se fugan los dólares prestados por el FMI, propagandizar paliativos a la situación recesiva y reforzar la subordinación a Estados Unidos como su lugar en el mundo.
Es una política nefasta, pero sus impulsores la trabajan en forma activa y organizada en todo el país. Contando la ventaja de ser gobierno, tener presupuesto y usarlo en tiempos electorales, con obras que son más anuncios que otra cosa, etc. Juntos para el Cambio, sin ser «el mejor equipo de los últimos 50 años», está vendiendo cara su presunta derrota.
Hablando de sus logros chicos, Miguel Pichetto sumó al senador Adolfo Rodríguez Saá. Visto el país puede ser casi nada, pero pensando en el Senado es un poroto más en contra de CFK. Eso, con los juicios en su contra que hay en marcha y los próximos, no sería algo despreciable.
Mucho más importante, aunque de dudosa efectividad electoral, fue la organización de la Segunda Conferencia Americana contra el Terrorismo internacional y el aterrizaje de Mike Pompeo, secretario de Estado, el viernes 19. Esa llegada y el 25 aniversario del atentado a la AMIA sumaron más elogios para Mauricio Macri. Pompeo, lo elogió en las medidas económicas y políticas que está adoptando, bien en línea con Washington. La inclusión de Hezbollah en la lista de organizaciones terroristas, tal como pedían EE UU e Israel, fue la frutilla podrida de ese postre.
En el caso de los actos por el cuarto de siglo del atentado los apoyos al presidente no fueron directos sino por la vía de cuestionar al gobierno anterior, el Memorando con Irán y el «asesinato» del fiscal Nisman, tal el discurso de las autoridades de la AMIA.
Y todo eso algún impacto electoral puede tener. ¿Cuánto? Se verá en las PASO.

A medio camino.
Pompeo prefiere toda la vida a Macri. En reportaje exclusivo a la cloaca Infobae, se lee: «respecto a la diferencia en la relación bilateral de los EEUU con la Argentina en la actualidad y durante los gobiernos de Cristina y Néstor Kirchner: ‘Es el día y la noche. Es realmente una nueva era entre nuestros países'».
Un alineamiento tan alevoso con el imperio, ¿le reportará muchos votos a Juntos por el Cambio? Es dudoso que así sea, aunque en una parte del medio pelo bien «luckeado» e inculto políticamente, con neuronas destruidas no por el paco sino por Clarín, puede caer bien una Argentina semicolonial.
Los Fernández no se atreven a ir a fondo contra este gobierno, su sujeción al Fondo y a Washington, y menos aún a hacer propuestas contra el ajuste. Sólo propuso cambiar para bien la forma de ajustar jubilaciones. Lo que explican los del Frente de Todos es que no quieren entrar en una campaña dura, que van a hablarle a todos, sobre todo a los desencantados, y que lo suyo es moderado, plasmado en el «contrato social responsable». Esa idea suena escandinava en una campaña argenta, con tantas cosas en juego y con un Macri que está dispuesto a todo para ganar.
Cuando uno dice todo, dice todo. Incluso hay que controlar los manejos de la polémica Smartmatic, a cargo de los datos del escrutinio, como han aconsejado informáticos que dudan de su transparencia.
Sobre el alineamiento internacional del país, los Fernández no han cuestionado la conferencia de Macri y Pompeo; el candidato presidencial ya tuvo su reunión con la misión Cardarelli del FMI. Sobre lo de la AMIA, el FDT no esclareció su postura, y mal podría hacerlo AF pues él consideró en 2015 que Nisman fue asesinado y descalificó al Memorando como una manera de encubrimiento del atentado.
Con esa actitud es muy difícil lanzar una ofensiva sobre el macrismo. Ese cambio de actitud lo pidió Atilio Borón en nota de opinión donde advirtió que, en caso de no hacerlo y seguir esperando que la crisis económica determinara un inexorable triunfo electoral opositor, sin dar batalla política y cultural, podía haber una derrota.
Otro que predicó en el desierto fue Mempo Giardinelli, insistiendo al fernandismo en la conveniencia de una reforma constitucional que reformulara el Poder Judicial, hoy convertido en una máquina de perforar el estado de Derecho.
Preguntado sobre este último tema en una radio oficialista de Córdoba, Cadena 3, Fernández dijo que «cinco mil veces dije que no estaba de acuerdo con ellos (Giardinelli y Zaffaroni) he dicho que no a este tipo de propuestas, soy hijo de un juez y profesor en Derecho desde hace treinta años. Al Poder Judicial hay que corregirlo, pero no como dicen ellos».
Esa discusión radial muestra el equívoco del candidato opositor. Fue a Cadena 3 a ser reporteado por Mario Pereyra, el macrista que en 1990 llevó al general Luciano B. Menéndez a su programa de TV en Canal 10, de la Universidad Nacional de Córdoba, y lo trató como a un buen amigo y no como al genocida que batió el récord Guinness en materia de perpetuas.
En un video breve que circula, el general Perón cita a Mao y dice que lo primero en un hombre político es distinguir amigos de enemigos. Y agrega él: «al amigo todo, al enemigo ni justicia». Tal cual. Debería estudiar esa lección propia de jardín de infantes el profesor de Derecho Penal con 30 años de cátedra. Mempo, Zaffaroni y Borón son amigos. Pereyra, Magnetto y Macri son enemigos.