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Oficialismo y un solo arco opositor

MANGRULLO POLITICO

Fue un diputado radical quien – a la pasada- en la reciente visita de una dirigente nacional del Partido Socialista, consultado por un periodista de este diario, respondió simplemente que «el Frepam debe esperar».
Con esas cuatro palabras se da por descontado que Cambiemos, Juntos para el Cambio, o como decida llamarse, va a continuar por lo menos de cara las próximas elecciones de medio término. Que el PRO y el radicalismo van a prolongar su maridaje entendiendo que es la única posibilidad que tienen para enfrentar a nivel nacional -por lo menos- al Frente de Todos que encabeza el justicialismo.

El rol del radicalismo.
Desde que el macrismo emergió para seducir a los radicales con una propuesta que -afirmaba- iba a terminar con lo que ellos consideran «populismo» -expresión con la que tratan de bajarle el precio al progresismo-, los correligionarios aún con dudas se sumaron a la propuesta conservadora. Algunos, es verdad, con más entusiasmo que otros. Pero eso sí todos desoyendo aquella máxima alfonsinista que ensayada como un pensamiento de resistencia decía que «si la sociedad se ha derechizado, el radicalismo tiene que prepararse para perder elecciones. Pero nunca transformarse en un partido liberal».
Toda una definición de principios del ex presidente de la que renegaron de pronto aún aquellos que abrevaron con notable entusiasmo a sus ideas.

Cuando existía el Frepam.
El Frepam, cabe recordar, fue una conformación provincial que se acercó de alguna forma a las ideas de Raúl Ricardo Alfonsín -aunque no eran totalidad los correligionarios que aparecían absolutamente convencidos-, con una presencia comprometida del Partido Socialista, y de ese espacio novedoso que resultaba el Fregen.

Si lo viera Pablo Fernández.
Pasados varios años, una elemental lectura de lo sucedido da cuenta que, de aquella manifestación que decía adherir a ideas progresistas, poco ha quedado. Se ha devaluado de tal manera el Fregen -¡Si Pablo Fernández lo viera!-, que aparece mucho más cerca de dirigentes que en sus manejos y dislates aparecen como una expresión derechosa del radicalismo, que de aquellos que decían coincidir con los principios alfonsinistas. «Seguimos en el Frepam», dicen desde el Concejo Deliberante santarroseño , pero la realidad indica que el Frente Pampeano está lejos de constituir una fuerza alternativa como alguna vez se lo pensó.
Esto es que ese espacio de la política pampeana que apareció como progresista, alguna vez alimentado por la presencia del Partido Socialista -y también del Fregen (Frente de la Gente)-, y por el radicalismo lugareño, supo tener una fuerte presencia en la Cámara de Diputados provincial.

Radicales tránsfugas.
Hoy ese bloque ha dejado de existir y cada uno de los que lo integraban hacen su propio juego. Hubo radicales que allá en los finales de 2015 pegaron el salto y directamente se fueron a militar con el macrismo, mientras otros se quedaron pero no quieren ni hablar y por eso «el Frepam deberá esperar». Si es que alguna vez vuelve.
Una alianza que nació cuando Pablo Fernández -promediando los años ’90- apareció como una novedad con la versión pampeana del Frepaso nacional. Allí tomó fuerza con claridad una vía que iba a tener importante influencia en la política lugareña.
Pero algo pasó y todo se fue diluyendo. Llegó la ola amarilla y el radicalismo sucumbió. Lo hicieron socio y después con el macrismo en el poder pasó a ser un convidado de piedra.

Pedaleando en el aire.
En nuestra provincia pasó más o menos parecido. De entrada nomás el PRO -envalentonado por el triunfo de Macri- armó su propia bancada en la Legislatura y dejó al radicalismo pedaleando en el aire, obligando a sus dirigentes a declaraciones de circunstancias para tratar de explicar que los habían dejado pagando.
Pero ni aún la posterior debacle electoral de Mauricio Macri cuatro años más tarde le alcanza al radicalismo para pensar en ir ahora con su histórica Lista 3, como hubiera querido Raúl Alfonsín para no transformarse en un partido liberal. Y entonces el Frepam deberá seguir esperando.

Otra vez Juntos para el Cambio.
En la política lugareña se especula con que la única chance de la oposición de enfrentar al oficialismo con un mínimo de posibilidades -al menos para hacer una elección decorosa- es volver a ir a las urnas otra vez juntos el radicalismo, el PRO y sus aliados menores.
No convencen las explicaciones que ensayan algunos dirigentes pretendiendo que «enfrente», en el Frente de Todos, conviven «la derecha más rancia con sectores de izquierda». Ergo, quieren decir: «Son iguales que nosotros. O muy parecidos». Y verdaderamente es difícil de entenderlo, y verdaderamente hay que tener ganas de emparentarse al macrismo.

¿La culpa es de la grieta?
Dicen esos políticos que la grieta sedujo a muchos partidos y dirigentes, que forman parte de un lado o del otro (Frente de Todos o Juntos para el Cambio).
En ese escenario cabe decir que el Socialismo ha resistido en sus intenciones de no arriar sus banderas, aunque la última foto del volumen del progresismo fue la elección pasada donde apenas llegó a reunir un poco más del 7% de las voluntades en nuestra provincia.
Un dirigente del PS, que fue legislador provincial, consultado por el tema ha dicho por estas horas que «ganar o ganar no debe ser el único objetivo, porque después esos rejuntes terminan en fracasos enormes que afectan a la política y la democracia». Y aún con todas las dificultades y las escasas posibilidades que hoy tiene ese espacio se deduce que desde el socialismo insistirán en un espacio progresista como una opción para electorado que no se siente representado ni en una ni en otra vereda, de las dos que aparecen hoy como únicas opciones.