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Optimismo, no total, comparando lo que se va y viene

LA SEMANA POLITICA

A dos días del cambio de gobierno nacional y composición del Congreso, hay lugar para el optimismo. Lo que viene luce mucho mejor que lo que se va. Un optimismo racional, crítico, no «a lo Pangloss» o Cándido.
SERGIO ORTIZ
La despedida de Mauricio Macri con una cadena nacional que siempre denostó como mecanismo antidemocrático, lo mostró ajeno a la realidad, como en estos cuatro años. Apenas mejoró algo la dicción, aunque se presume mucho coaching y edición para que la grabación saliera mediocre pero no papelonera.
El fondo del asunto, su contenido, dejó mucho que desear, salvo para quienes se beneficiaron directamente de su gestión y negocios, que son algunos miles, y algunos millones de alienados sin fortuna pero con aspiración de pertenecer a ese mundillo de vivos y vagos VIP. Es la misma gente que ayer iba a despedirlo en la Plaza de Mayo amarilla; el color es importante porque el martes 10 el público y colores patrios estarán allí otra vez, como varias veces en la historia.
Al tirar la cadena, nacional o reputada como republicana, el presidente saliente dijo mentiras y omitió verdades de tamaño XXXL. Entre las primeras, que dejaba un país mejor, que todo está listo para el crecimiento, que de aquí en más el Estado será más eficaz para evitar la corrupción, que dio una guerra exitosa al narcotráfico y otras cosas por el estilo.
Él y sus funcionarios salientes pueden creer fervientemente ese balance: todo venía bárbaro hasta el resultado de las PASO y el aumento del dólar. Otra vez la culpa es de los otros, de la oposición, de los choriplaneros. Del peronismo, bah.
La economía real, con altos índices de recesión, desempleo y caída del consumo no habrían tenido nada que ver con esa derrota; tampoco la inflación, que terminará el año rondando el 57 por ciento y que según el ingeniero era de las cosas más fáciles de solucionar.
La pobreza es del 40,8 por ciento en el tercer trimestre del año, según la medición del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, la misma que el macrismo esgrimió en sus tiempos de oposición para denostar al kirchnerismo. Contando a la población rural hay 18 millones de pobres, de los cuales 3.6 millones son indigentes. Claro que la pobreza no nació en diciembre de 2015, pero sí le corresponde a MM una grandísima parte del agravamiento del drama: 4,5 millones de nuevos pobres son creación suya.
Macri ve todo al revés, incluso el mundo. Por eso en su última participación en reunión del Mercosur, mientras Uruguay planteaba aplicarle la cláusula democrática de Ushuaia a la dictadura boliviana, el del PRO insistía en que Jeanine Áñez es una «presidenta electa».
Lo que existe y seguirá existiendo en Argentina no es una grieta sino el abismo de la lucha de clases. Cada uno debería reflexionar cuál es su lugar político de pertenencia, opinar, trabajar y votar para que los CEOs del neoliberalismo no bailoteen nunca más en el balcón de Rosada, embriagados de poder.

¿Nunca Más?
Al terminar la dictadura militar-cívica, los militares idearon mecanismos para asegurarse la impunidad de los crímenes cometidos. Lo lograron por un tiempo, pero a partir de 2006 empezaron los juicios. A fines de 2017 se contaban 201 sentencias, con 864 condenados y 109 absueltos (fuente: CELS). Al día de hoy los condenados son mil y eso le granjeó a Argentina una alta consideración mundial como país donde los delitos de lesa humanidad no quedan impunes.
La pregunta pendiente es qué pasará con los responsables políticos de la obra destructiva del macrismo, que también tiene un «Debe» en derechos humanos (caso Santiago Maldonado, prisiones políticas injustas y doctrina Chocobar). Pero, sobre todo, generó calamidades sociales, pobreza, miseria y hambre. En estos cuatro años se violaron derechos humanos básicos, a la alimentación, a la educación, la vivienda, la salud y el trabajo. ¿Cuántas familias se enfermaron? ¿Cuántas personas murieron literalmente de hambre o por falta de atención médica y de medicamentos? Se cerraron 50 Pymes por día, y así se arruinaron las vidas de quienes vivían directa o indirectamente de esas fuentes de empleo.
Como argumentaron los responsables del terrorismo de Estado, también los que en estos cuatro años hicieron tanto daño al país y su gente alegarán que «hay que dar vuelta la página», clamarán por la «pacificación y reconciliación nacional». Y querrán impedir cualquier intento de justicia presentándolo como un «ministerio de la venganza» conducido por Cristina Fernández de Kirchner. Así comenzaron a operar periodistas de la calaña de Luis Majul, Alfredo Leuco y Eduardo Feinmann.
En ese sentido es alentador que hayan quedado procesados la titular de la Oficina Anticorrupción (sic), Laura Alonso, y el ex ministro de Energía, Juan José Aranguren. Habían sido denunciados por Rodolfo Tailhade por encubrimiento, la primera, y por negociaciones incompatibles con la función pública el ex directivo de Shell y beneficiario de importaciones de gas desde Chile por esa multinacional anglo-holandesa.
Ojalá la depuración y democratización de la justicia asegure que estos desfalcos y violaciones de derechos humanos básicos no queden impunes. Y que se apele a las normas e instrumentos legales, viejos y nuevos, como fue en su tiempo la creación de la Conadep para hacer el inventario del terrorismo de Estado. Con esa base se pudo realizar en 1985 el juicio y condena a los excomandantes.
Hoy esa labor de esclarecimiento, enjuiciamiento y castigo debe incluir a las máximas autoridades del «Sí, se puede» destruir el país. O sea Macri, sus funcionarios y amigos de negocios energéticos, financieros y exportadores, de acá y de las guaridas offshore.
Eso sí, a diferencia de lo ocurrido desde 2015 hasta hoy, con la persecución judicial y mediática organizada por esa «mesa» que denunció Cristina en su brillante y combativo alegato del lunes 2, se debe respetar el derecho y las garantías de la defensa. No hay que inaugurar una «doctrina Irurzún» ahora de sentido contrario.
Ser justos no va a aliviar ningún cargo de los delincuentes mayores porque sus huellas digitales están impresas en el mencionado negociado del gas desde Chile, el Correo Argentino, los peajes, el soterramiento del Sarmiento, el trámite fraudulento del crédito del FMI, el vaciamiento del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses, el blanqueo, parques eólicos, etcétera.

Política y nombres.
El gobierno que asume expuso políticas generales. Faltan muchos detalles, plazos y cosas concretas, pero hay lugar para la expectativa. La cosa pinta mucho mejor en lo que viene, respecto al desastre que se va.
A diferencia del optimismo «a lo Pangloss», personaje de la novela de Voltaire, la visión positiva contiene dudas y críticas. No es cándida.
Entre el modelo neoliberal que ha sido derrotado y el neodesarrollista que trae el peronismo ampliado, éste será mejor. No cerrarán tantas Pymes, no habrá 76.993 empleos perdidos en 2019 en Comercio y Servicios, ni hablar de los 200.000 perdidos en estos años por la industria. Mirta Tundis confirmó que Alberto Fernández dará un aumento del 20 por ciento a los jubilados, para reponer lo perdido en el año. Martín Guzmán en Economía propone negociar una demora de dos años en pagar capital e intereses, y contrasta con la troupe de los Prat Gay, Dujovne y Lacunza en ese ministerio.
Ojalá se cobren más retenciones a las exportaciones de granos y más impuestos a bancos. Eso no llega a ser antiimperialismo ni un plan antimonopolios que afecte seriamente al núcleo del poder económico-financiero, pero le recortará un poco las uñas y los beneficios.
Esta diferencia entre lo que se va y lo que viene hace que el 10 de diciembre sea un día de esperanza y alegría, medidas. Lo deberían reflexionar aquellos que, como el trotskismo y el FIT, en 2015 dijeron que una y otra fórmula «eran lo mismo». Craso error entonces. Reiterarlo hoy sería mucho peor, cuando están a la vista los escombros que dejan los macristas y cuando la dupla de Alberto y Cristina es mejor que aquella de Scioli-Zannini.
Una vez definido un plan, lo fundamental pasan a ser los hombres y mujeres elegidas para llevarlas adelante e ir superando los obstáculos, imprevistos y derrotas.
Y entre quienes integrarán el gabinete, confirmados por AF el viernes, hay unos cuantos nombres y biografías que generan expectativas; otros no tanto y alguno ninguna esperanza, al menos para quien escribe.
Que esté Elizabeth Gómez Alcorta, defensora de los DD HH y de Milagro Sala, es una señal excelente. Otro tanto con Sabina Frederik en Seguridad, todo lo contrario del «gatillo fácil» de Patricia Bullrich, la socia menor del FBI y Mossad.
Se dirá que esas dos carteras no son las fundamentales, y es cierto, pero también en Economía hay buenas nuevas con Guzmán, quien propugna diferir pagos de capital e intereses de la deuda.
La mancha venenosa es el titular de YPF, Guillermo Nielsen, con un plan en Vaca Muerta bien al gusto de las multinacionales. Quizás haya algunos otros que muestren la hilacha, como Massa, Béliz y Katopodis, o Felipe Solá si permanece en el Cartel de Lima. En tal caso que el gobierno no se enoje por recibir criticas, como ya las tuvo por dar la bienvenida al corrupto Carlos Menem a la bancada del Senado.